Legado de lo Olvidado

Capitulo 7: Algo que no debía pasar

A la mañana siguiente, Urara se despertó unos minutos antes de que sonara la alarma. Permaneció acostada en su cama mientras miraba el techo, recordando todo lo que había ocurrido el día anterior. Había intentado poner a prueba su teoría de diferentes maneras, pero ninguna de sus pruebas había funcionado. No había conseguido que apareciera ninguna de aquellas palabras simplemente porque ella quisiera hacerlo, y tampoco había logrado provocarlas intentando sentir una emoción fuerte.

Eso la hacía pensar que quizá estaba equivocada.

Sin embargo, todavía no podía olvidar lo que había ocurrido con el vidrio. En aquella ocasión no había estado intentando hacer aparecer ninguna palabra. Simplemente había visto el peligro que representaba aquel fragmento escondido debajo del mueble y había sentido una necesidad muy fuerte de retirarlo. Fue entonces cuando aquella extraña sensación apareció y la palabra salió de su boca.

Urara se sentó en la cama y se quedó mirando sus manos.

— ¿Entonces qué tengo que hacer para comprobarlo? —murmuró.

No tenía una respuesta.

Durante unos segundos pensó en quedarse nuevamente en casa para continuar con sus pruebas, pero inmediatamente descartó la idea. Ya había faltado un día para descansar después de lo ocurrido en el colegio y se sentía mucho mejor. Además, quería volver a ver a sus amigos y recuperar su rutina normal; o lo que se pudiera llamar realmente normal, porque no sabía qué era lo que en verdad hacía aparecer ese idioma y temía que pudiera manifestarse en el peor momento.

Después de unos momentos, Urara se levantó de la cama y comenzó a prepararse para ir al colegio. Mientras se cambiaba, no podía dejar de pensar en lo que había sucedido durante la última semana. Cada vez que aparecía aquella sensación, una palabra extraña salía de su boca y algo imposible ocurría después. Hasta ese momento había conseguido evitar que las personas vieran algo demasiado extraño, pero eso no significaba que pudiera hacerlo para siempre.

— ¿Qué pasaría si vuelve a ocurrir en el colegio? —se preguntó, quedándose quieta durante unos segundos mientras terminaba de arreglarse—. ¿Y si aparece otra palabra delante de todos?

El simple pensamiento hizo que sintiera un nudo en el estómago.

— No quiero volver a pasar por lo mismo. —se juró.

No quería que sus compañeros volvieran a verla gritar, encerrarse en un baño o terminar en una clínica. Mucho menos quería que alguien descubriera que ella era diferente a los demás. Para Urara, todo aquello continuaba siendo una especie de maldición que había aparecido en su vida de repente. No sabía de dónde había salido ni por qué le estaba sucediendo a ella, y lo único que podía hacer era intentar evitar que volviera a causarle problemas.

Terminó de prepararse y bajó a desayunar.

—Buenos días, hija —dijo su madre cuando la vio entrar.

—Buenos días.

Su padre también la saludó mientras continuaba desayunando.

—¿Ya estás lista para volver al colegio?

—Sí.

Su madre la observó durante unos segundos.

—¿Estás segura de que quieres ir? Ayer te dije que podías quedarte en casa si todavía no te sentías bien.

—Estoy mejor, mamá. Además, ya descansé bastante.

—Bueno, pero si vuelves a sentirte mal, me llamas de inmediato.

—Sí, mamá.

Urara intentó sonreír para tranquilizarla, aunque en realidad tenía la mente ocupada en otra cosa. No sabía qué iba a pasar cuando llegara al instituto.

El camino hacia el colegio transcurrió con normalidad. Urara caminaba mientras observaba a las personas que se dirigían a sus trabajos y estudios. Todo parecía igual que cualquier otra mañana, pero ella no podía sentirse completamente tranquila. De vez en cuando se miraba las manos sin darse cuenta. No había ninguna sensación extraña en ellas. Eso era bueno.

Cuando estaba cerca de una de las calles que utilizaba habitualmente para llegar al colegio, escuchó una voz conocida detrás de ella.

—¡Urara!

Se detuvo y se giró. Julián se acercaba caminando rápidamente hacia ella.

—Buenos días —dijo Urara.

—Buenos días —respondió él, aunque su expresión todavía mostraba cierta molestia.

Urara recordó inmediatamente la dura conversación que habían tenido por mensajes el día anterior. Bajó un poco la mirada.

—Sobre lo de ayer...

—Ya sé —la interrumpió Julián—. Estabas a punto de disculparte por lo que había pasado, ¿no?

Urara levantó la mirada, sorprendida.

—Bueno... sí.

Julián dejó escapar un suspiro.

—Ya no estoy molesto ahorita porque no me hayas contado todo. Bueno, mentira si te digo que no sigo un poco molesto todavía, pero principalmente es porque me enteré por otras personas y eso hizo que me preocupara de golpe.

—Lo siento mucho, Julián.

—Okey, pero no es necesario que te disculpes más, ya te perdoné ese mismo día.

Urara soltó una pequeña risa, aliviada.

—Es difícil no hacerlo cuando sé que tienes toda la razón.

—Por lo menos ahora sí estamos hablando en persona.

Ambos continuaron caminando juntos hacia la entrada del instituto.

—¿Y las pesadas de tus amigas? —preguntó Julián, esbozando una sonrisa por un momento.

—Ay, Julián, te pasas... Pero bueno, sí hablé con ellas ayer por chat.

—¿Les contaste todo lo que me dijiste, incluida nuestra pelea?

—No. Solamente lo que el doctor dijo, que era un colapso por estrés.

—¿Y te creyeron?

Urara recordó de inmediato la fría respuesta de Cecilia en la pantalla.

—Más o menos. Cecilia todavía tiene bastantes dudas.

—Esa chica se da cuenta de absolutamente todo.

—Sí —admitió Urara con un escalofrío—. Ese es precisamente el problema.

Julián se quedó pensando unos segundos, contemplando las rejas del colegio que ya se alcanzaban a ver.

—Bueno, mientras tú estés bien, supongo que ya no importa tanto.




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