Legado de lo Olvidado

Capitulo 8: Un nuevo dato y un posible peligro

Durante el resto de las clases, Urara intentó comportarse con normalidad, pero le resultaba muy difícil concentrarse porque cada cierto tiempo volvía a recordar lo que había ocurrido durante el recreo y la forma en que la pelota había cambiado de dirección en el aire hasta terminar directamente en sus manos.

Lo que más le preocupaba era que ahora sus amigas habían visto en primera persona este fenómeno inexplicable, Urara ya había sentido aquella sensación justo antes de que la palabra saliera de su boca y era la misma sensación que había experimentado en otras ocasiones por lo que ahora ya sabía reconocerla a la perfección, pero todavía no entendía que es lo que hace que se manifieste esa sensación.

Al terminar las clases, Urara se despidió de su amiga mientras se despedía de sus amigas, su amiga Cecilia la acompaño hasta la puerta de salida y antes de llegar volvió a mencionar brevemente lo de la pelota, comentando que le había parecido sumamente extraño el giro que dio el balón.

— Quizá solo tuve suerte y el viento ayudó. —respondió Urara, intentando restarle importancia.

Cecilia la observó durante unos segundos, fija y analítica, como si todavía no estuviera completamente convencida.

Puede ser. —respondió finalmente.

No volvió a preguntarle nada más en todo el camino, pero Urara pudo notar que su amiga seguía dándole vueltas a lo ocurrido, entonces se despidió finalmente de su amiga Cecilia y se dirigió a su casa.

Cuando llegó a casa, saludó a sus padres con una sonrisa fingida y subió directo a su habitación luego dejó la mochila a un lado, se sentó frente al escritorio y no tardó en sacar el cuaderno donde había estado apuntando todo lo relacionado con aquellas palabras después lo abrió en la última página y comenzó a revisar sus anotaciones en silencio.

Pasaron unos segundos y Urara se detuvo en la primera línea entonces recordó lo ocurrido durante su cumpleaños, aquello había sido la primera vez que algo extraño había sucedido pero a diferencia de las ocasiones posteriores, en ese momento no había sentido la corriente biológica antes de que apareciera la palabra. Había sido algo completamente repentino, como si algo dentro de su propio cuerpo se hubiera despertado de golpe.

Después de aquel cumpleaños habían comenzado a manifestarse las demás cosas. Reserare en la puerta de su casa. Cessa con la alarma que había dejado de sonar. Surdus con el silencio que había aparecido en el salón de clases. Aperio en el momento en que recuperó la audición en el baño. Y ahora Attrahere, con el vidrio del estante y la pelota del patio.

Urara pasó lentamente la página del cuaderno. Había algo que todos aquellos acontecimientos, excepto el primero, tenían en común: antes de que apareciera una palabra, ella había experimentado la extraña sensación. Ya no tenía ninguna duda de eso.

No sabía cómo describirla exactamente, pero después de haberla sentido varias veces, podía reconocerla al instante. Era como si algo en lo más profundo de sus genes comenzara a reaccionar milisegundos antes de que su boca pronunciara aquellas palabras. Lo había sentido con el vidrio, lo había sentido en la escuela al quedarse sorda, y lo había vuelto a sentir cuando vio que la pelota se dirigía hacia el rostro de Susana.

Urara tomó el lápiz y escribió firmemente debajo de sus anotaciones:

La sensación aparece antes de que salga una palabra— pensó urara.

Se quedó mirando la frase escrita. Eso ya lo sabía, lo había comprobado suficientes veces. La verdadera pregunta que debía resolver era otra: ¿Qué provocaba esa sensación?

Urara comenzó a repasar mentalmente cada uno de los incidentes. Después de su cumpleaños, cuando apareció Reserare, había deseado con desesperación encontrar una manera de abrir la puerta de la entrada.

Con la alarma, simplemente había querido que el ruido dejara de molestarla, en el caso de Surdus, había llegado al límite de su paciencia y solo quería que todos se callaran de una vez y con Aperio, no soportaba seguir atrapada en aquel silencio asfixiante. Con el vidrio, había tenido miedo de que su madre pudiera lastimarse. Y con la pelota había ocurrido algo parecido: el pánico de que Susana fuera golpeada.

Urara frunció el ceño, confundida.

— ¿Entonces... son mis emociones? —murmuró.

Escribió la pregunta en el cuaderno:

¿Son las emociones las que provocan la sensación?

Debajo, anotó otra interrogante:

¿O son mis deseos?

Se quedó pensando, apoyando el mentón en la mano. Si se trataba de sus deseos conscientes, entonces había algo que no encajaba en absoluto. Durante las pruebas secretas que había realizado en su habitación, había deseado con todas sus fuerzas que ocurrieran determinadas cosas, pero ninguna palabra había aparecido. Había intentado que la almohada se acercara y no obtuvo nada. Había intentado que su teléfono llegara hasta ella y el resultado fue el mismo vacío. Incluso había intentado provocar deliberadamente una emoción fuerte recordando su pelea con Julián, y tampoco había ocurrido nada.

Urara apoyó la espalda contra el respaldo de la silla.

— Entonces no funciona simplemente porque yo quiera que pase. —admitió para sí misma.

Miró las líneas del cuaderno, quizá sus deseos tenían que ser más profundos, tal vez no bastaba con querer algo de forma consciente pero tampoco estaba completamente segura de que fueran las emociones porque durante sus experimentos privados, había conseguido sentirse verdaderamente mal por lo de Julián, pero esa sensación no se había manifestado.

Entonces, ¿qué era lo que hacía que apareciera?

Urara volvió a mirar sus anotaciones, hasta ese momento había intentado descubrir cómo forzar el lenguaje, pero ahora comprendía que esa no era la pregunta correcta.

Ella no podía obligar a una palabra a aparecer; las palabras simplemente surgían entonces ahora lo que ella necesitaba ahora descubrir con urgencia era qué ocurría dentro de ella justo antes del brote.




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