Durante toda la mañana, Valeria no pudo dejar de pensar en el aula 17.
Cada vez que pasaba cerca del antiguo edificio, sentía curiosidad por saber qué había detrás de aquella puerta.
Durante el recreo, se reunió con Camila y Daniel.
—Tenemos que averiguar qué pasó con Mateo —dijo Valeria.
Daniel asintió.
—Y también qué tiene que ver el aula 17 con todo esto.
Camila miró hacia el edificio.
—Pero no podemos entrar a la fuerza.
—No lo haremos —respondió Valeria—. Primero busquemos información.
Los tres fueron a la biblioteca y comenzaron a revisar algunos periódicos antiguos de la academia.
Después de varios minutos, Daniel encontró una noticia.
—Miren esto.
La noticia tenía tres años de antigüedad.
Hablaba de una denuncia presentada por un estudiante contra un profesor de la academia.
Valeria leyó rápidamente.
—¿Qué pasó con la denuncia?
Daniel buscó en otras páginas.
—No aparece el resultado.
Camila señaló una línea.
—Aquí dice que el caso fue enviado a la administración.
Los tres se miraron.
—¿Y después? —preguntó Valeria.
Nada.
La historia terminaba allí.
Esa misma tarde ocurrió algo inesperado.
La madre de Mateo llegó a la academia.
Valeria la reconoció porque había visto una fotografía suya en una publicación reciente.
La mujer caminó directamente hacia la oficina de la directora.
Pasaron varios minutos.
Después comenzó una discusión.
Las voces no podían escucharse claramente desde el pasillo, pero algunos estudiantes se acercaron para saber qué estaba ocurriendo.
Finalmente, la puerta se abrió.
La madre de Mateo salió sosteniendo una carpeta.
Tenía los ojos llenos de preocupación.
Antes de marcharse, dijo:
—Mi hijo merece que lo escuchen.
La frase recorrió la academia en cuestión de minutos.
Por primera vez, una familia estaba denunciando públicamente a la institución.
Los rumores dejaron de ser simples comentarios.
Ahora había una denuncia real.
Al día siguiente, varios periodistas llegaron a la entrada de la academia.
La directora Elena apareció frente a las cámaras.
—La institución colaborará con cualquier investigación correspondiente —declaró—. Nuestra prioridad siempre han sido nuestros estudiantes.
Pero mientras hablaba, Valeria observó algo.
Uno de los periodistas sostenía una fotografía.
Era una imagen antigua del edificio.
En ella aparecía el mismo pasillo donde se encontraba el aula 17.
Valeria se acercó a Daniel.
—¿Viste eso?
—Sí.
—¿Por qué tienen una foto de ese lugar?
Daniel negó con la cabeza.
—No lo sé.
Entonces Valeria comprendió que alguien más estaba investigando.
Aquella noche recibió otro mensaje.
“La primera denuncia no fue la de Mateo.”
Valeria sintió un escalofrío.
Inmediatamente llegó otro.
“Busca el nombre de Laura.”
No sabía quién era Laura.
Pero ahora tenía una nueva pista.
Y una pregunta que no podía ignorar:
¿Cuántas denuncias habían existido antes de que todos comenzaran a hablar?
Al día siguiente, Valeria, Camila y Daniel volverían a la biblioteca.
Esta vez no buscarían rumores.
Buscarían nombres.
Editado: 23.09.2026