Los muros del prestigio

Capítulo 4 — Una verdad que nadie quería escuchar

Al día siguiente, Valeria llegó a la biblioteca antes de que comenzaran las clases.

Camila y Daniel ya la estaban esperando.

—¿Encontraron algo sobre Laura? —preguntó Valeria.

Daniel colocó varios documentos sobre la mesa.

—Sí. Pero no fue fácil.

Camila tomó uno de los papeles.

—¿Quién era?

—Una estudiante de hace cuatro años —respondió Daniel—. Estudiaba aquí y presentó una denuncia.

Valeria leyó el documento con atención.

La denuncia hablaba de un profesor y de situaciones que habían ocurrido dentro de la academia. Sin embargo, al final del expediente aparecía una frase:

“Caso cerrado por falta de pruebas.”

—Otra vez lo mismo —murmuró Valeria.

—Exactamente —dijo Daniel—. Y hay algo más.

Sacó una fotografía antigua.

En ella aparecía Laura junto a otros estudiantes.

Al reverso había una fecha.

—Después de presentar la denuncia, Laura dejó la academia.

Camila preguntó:

—¿Se sabe por qué?

Daniel negó con la cabeza.

—Su expediente termina aquí.

Valeria sintió una mezcla de tristeza y enojo.

—¿Y nadie preguntó qué pasó?

—Parece que no.

Los tres guardaron silencio.

Entonces escucharon una voz detrás de ellos.

—No deberían estar leyendo eso.

Se giraron rápidamente.

Era la señora Clara, la bibliotecaria.

Valeria cerró el expediente.

—Solo queríamos saber qué ocurrió.

Clara se acercó lentamente.

—Hay historias que llevan años enterradas.

—¿Usted conoció a Laura? —preguntó Valeria.

La mujer tardó unos segundos en responder.

—Sí.

—¿Qué pasó con ella?

Clara miró los documentos.

—Intentó hablar.

—¿Y?

—Nadie quiso escucharla.

Valeria sintió un nudo en la garganta.

—¿Por qué?

Clara bajó la voz.

—Porque en esta academia siempre ha existido algo más importante que reconocer los errores.

—¿El prestigio? —preguntó Daniel.

La bibliotecaria no respondió.

Pero su silencio fue suficiente.

Durante el recreo, los rumores comenzaron a extenderse nuevamente.

Algunos estudiantes hablaban de la denuncia de Mateo.

Otros habían descubierto información sobre antiguas denuncias.

La academia ya no podía controlar las conversaciones.

En los pasillos aparecieron pequeños grupos de estudiantes hablando en voz baja.

Incluso algunos profesores parecían incómodos.

Valeria caminaba junto a Camila cuando escuchó una conversación.

—Mi hermana también estudió aquí —decía un estudiante—. Ella se fue hace años.

—¿Por qué?

—Nunca quiso contarlo.

Valeria se detuvo.

Aquello confirmaba algo.

No se trataba solamente de Mateo.

Había más personas.

Mucho más.

Esa tarde, la directora Elena convocó a todos los estudiantes en el auditorio.

Cuando Valeria entró, vio a varios profesores sentados al frente.

La directora subió al escenario.

—Sé que existen muchas preguntas —comenzó—. También sé que están circulando rumores sobre la academia.

El auditorio permaneció en silencio.

—Quiero asegurarles que la institución está revisando la situación.

Un estudiante levantó la mano.

—¿Y las denuncias antiguas?

La directora hizo una pausa.

—Las autoridades correspondientes se encargarán de ellas.

Otro estudiante preguntó:

—¿Por qué algunos casos fueron cerrados?

Elena respondió con firmeza:

—No podemos juzgar situaciones ocurridas hace años sin conocer toda la información.

Valeria levantó la mano.

La directora la señaló.

—¿Por qué los estudiantes que denunciaron tuvieron que abandonar la academia?

El silencio fue inmediato.

Elena la observó.

—No todos abandonaron por la misma razón.

—Entonces, ¿por qué no nos cuentan cuáles fueron esas razones?

La directora no respondió.

Finalmente dijo:

—La reunión ha terminado.

Los profesores comenzaron a levantarse.

Los estudiantes salieron del auditorio hablando entre ellos.

Valeria sabía que aquella reunión no había solucionado nada.

Al contrario.

Había dejado todavía más preguntas.

Cuando llegaron a la puerta principal, Valeria encontró un papel pegado en una de las paredes.

Solo tenía una frase:

“La verdad ya comenzó a salir.”

Camila la leyó en silencio.

Daniel miró hacia el edificio administrativo.

—Creo que alguien quiere que descubramos lo que ocurrió.

Valeria arrancó el papel y lo guardó.

—Entonces tendremos que descubrirlo.

Pero ninguno de los tres sabía que aquella misma noche una familia se presentaría frente a la academia con una nueva denuncia.

Y esta vez no llegarían solos.

La verdad estaba a punto de dejar de ser un rumor.

Estaba a punto de convertirse en un escándalo que cambiaría para siempre el destino de la academia.




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