Valeria volvió a intentar abrir la puerta principal.
Nada.
Camila miró su teléfono.
—Sigo sin señal.
Daniel caminó hasta una de las ventanas.
—Las luces de afuera están apagadas.
El silencio de la academia comenzaba a sentirse extraño.
—Tenemos que encontrar una forma de salir —dijo Camila.
Los tres recorrieron nuevamente los pasillos. Intentaron abrir otras puertas, pero todas estaban cerradas.
Entonces escucharon un teléfono sonar en la recepción.
Valeria corrió hacia allí.
Sobre el escritorio había un teléfono fijo.
—¡Tal vez podamos llamar desde aquí!
Marcó el número de emergencias, pero la llamada no salió.
—Está desconectado —dijo Daniel.
Camila señaló una hoja que estaba junto al teléfono.
—Miren esto.
Era una lista con varios nombres de estudiantes.
Al lado de algunos aparecía una palabra:
“Traslado.”
Al lado de otros:
“Retirado.”
Y junto al nombre de Mateo:
“Caso pendiente.”
Valeria sintió que todo volvía a conectarse.
—Nunca cerraron su caso.
De repente, las luces se encendieron.
Los tres se sobresaltaron.
Una voz salió por los altavoces de la academia.
—Los estudiantes deben permanecer dentro del edificio hasta nuevo aviso.
Camila miró a Valeria.
—¿Quién está hablando?
No hubo respuesta.
Daniel golpeó una de las puertas.
—¡Queremos salir!
Nadie contestó.
Valeria miró hacia las ventanas. Afuera, las calles estaban completamente vacías.
Entonces su teléfono vibró.
Un nuevo mensaje apareció:
“Nadie viene por ustedes.”
Valeria sintió miedo, pero no quería demostrarlo.
—No podemos quedarnos esperando.
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Camila.
Valeria sostuvo la carpeta de Mateo contra su pecho.
—Encontrar la verdad.
Los tres regresaron hacia las escaleras.
Sabían que la academia ya no era solamente el lugar donde estudiaban.
Ahora estaban encerrados dentro de un secreto que alguien había intentado ocultar durante años.
Y mientras avanzaban por el oscuro pasillo, una pregunta no dejaba de aparecer en la mente de Valeria:
¿Quién había cerrado las puertas?
Editado: 23.09.2026