La noticia de la nueva denuncia se extendió rápidamente por toda la Academia Gonaut. Ya no eran simples rumores entre estudiantes. Ahora había familias que estaban dispuestas a hablar públicamente.
Al día siguiente, varios padres se reunieron frente a la entrada principal.
—Queremos respuestas —decía uno de ellos.
—Nuestros hijos merecen estar seguros —respondió otra madre.
Valeria observaba desde una de las ventanas del segundo piso. Camila y Daniel estaban junto a ella.
—Esto ya es más grande de lo que pensábamos —dijo Daniel.
—Y apenas está comenzando —respondió Valeria.
En ese momento, la directora Elena salió acompañada de algunos miembros de la administración.
—Les pedimos mantener la calma —dijo—. La Academia Gonaut está dispuesta a escuchar sus preocupaciones.
Pero las familias no parecían conformes.
—¡Llevamos años esperando que escuchen! —gritó un padre.
—¡No queremos promesas! ¡Queremos respuestas!
La discusión continuó durante varios minutos hasta que la directora decidió entrar nuevamente al edificio.
Más tarde, los estudiantes recibieron un aviso: las reuniones entre familias y estudiantes quedarían suspendidas hasta nuevo aviso.
—¿Por qué están tratando de separarnos? —preguntó Camila.
Valeria miró el comunicado.
—Porque cuando las personas hablan entre ellas, es más difícil controlar lo que se sabe.
Después de clases, Valeria encontró a Clara en la biblioteca.
—¿Las familias ya habían intentado hacer algo antes? —preguntó.
Clara permaneció en silencio unos segundos.
—Sí.
—¿Cuándo?
—Hace algunos años. Varias familias presentaron quejas juntas.
—¿Y qué pasó?
Clara bajó la mirada.
—La administración consiguió convencerlas de que todo se resolvería internamente.
—¿Se resolvió?
La mujer negó lentamente con la cabeza.
—Algunas familias retiraron a sus hijos. Otras decidieron quedarse y no volver a hablar del tema.
Valeria sintió un escalofrío.
—Entonces esto no comenzó ahora.
—No —respondió Clara—. Solo que ahora hay demasiadas personas dispuestas a contar lo que saben.
Antes de que Valeria pudiera hacer otra pregunta, escucharon pasos en el pasillo.
Clara cerró rápidamente un cajón del escritorio.
—Vete, Valeria.
—¿Por qué?
—Porque alguien viene.
Valeria salió de la biblioteca y se escondió detrás de una columna.
Vio pasar a la directora Elena acompañada por dos personas. Llevaban varias cajas de documentos.
Una de ellas tenía escrito:
Editado: 23.09.2026