Los muros del prestigio

Capítulo 7 — Cuando los maestros comenzaron a irse

Durante los días siguientes, la Academia Gonaut comenzó a cambiar.

Los pasillos, que normalmente estaban llenos de estudiantes y profesores, se volvieron cada vez más silenciosos. Algunas aulas permanecían cerradas y varias clases eran suspendidas sin explicación.

Una mañana, Valeria llegó al salón y encontró a sus compañeros esperando.

—¿Y el profesor Andrés? —preguntó Camila.

—Todavía no viene —respondió Daniel.

Pasaron varios minutos hasta que una coordinadora entró al aula.

—La clase queda suspendida. El profesor Andrés ya no continuará trabajando en la academia.

Los estudiantes comenzaron a murmurar.

—¿Renunció? —preguntó alguien.

—La administración informará cuando sea necesario —respondió la coordinadora antes de marcharse.

Valeria recordó la conversación que había tenido con Andrés.

“Hay personas que callan porque tienen miedo.”

Aquellas palabras ahora tenían un significado diferente.

Al salir de clases, Valeria vio a Andrés cerca de la entrada. Tenía una caja con algunos libros y documentos.

—Profesor —lo llamó.

Andrés se detuvo.

—Sabía que vendrías.

—¿Por qué se va?

El profesor miró hacia el edificio antes de responder.

—Porque hay cosas que ya no puedo ignorar.

—¿Tiene que ver con las denuncias?

Andrés guardó silencio.

Eso fue suficiente para Valeria.

—Entonces sí tiene que ver.

—Valeria, no quiero que te metas en problemas.

—Solo quiero saber la verdad.

Andrés suspiró.

—A veces conocer la verdad también tiene consecuencias.

Antes de marcharse, añadió:

—Busca quiénes estuvieron aquí antes que nosotros. Los antiguos maestros saben más de lo que imaginas.

Valeria quedó pensando en sus palabras.

Esa misma semana, otros dos profesores dejaron la academia.

La administración aseguró que eran decisiones personales, pero los estudiantes comenzaron a desconfiar.

Camila mostró su teléfono.

—Mira esto.

Había una fotografía publicada de forma anónima. En ella aparecían varios profesores frente a la academia.

Debajo decía:

“No todos se fueron por voluntad propia.”

Daniel miró a Valeria.

—¿Crees que alguien los está obligando?

—No lo sé —respondió ella—. Pero cada vez hay más personas que tienen miedo de hablar.

Entonces el teléfono de Valeria vibró.

Un nuevo mensaje había llegado.

“El próximo en irse conoce la verdad sobre Mateo.”

Valeria levantó la mirada.

Ya no se trataba solamente de descubrir qué había ocurrido años atrás.

Ahora alguien estaba intentando impedir que la verdad saliera a la luz.

Y los maestros eran los primeros en desaparecer de aquella historia




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