Mil maneras de volver a encontrarte

Capítulo 5 - Una vez más

La semana había pasado volando, tanto que cuando llegó la tarde del martes siguiente y me planté delante de la clínica Meyer, parecía que no había transcurrido el tiempo.

—Buenas tardes, tengo una cita con el pediatra.

Era la misma mujer de la otra vez, Lyssa. Sus ojos felinos recayeron en mí unos segundos más de los necesarios. ¿Qué le pasaba conmigo? La última vez también se había quedado con la vista fija en nosotros cuando nos fuimos en el coche de su jefe. ¿Pensaba que estaba aquí para verlo a él y no por la cita de mi hijo?

—Puede pasar a la consulta de pediatría —indicó con amabilidad profesional, aunque sus ojos no perdían detalle de mis movimientos.

Caminé por el pasillo empujando el carro de Jacob, quien jugaba entretenido con su sonajero preferido: un círculo verde con un pequeño oso de peluche que emitía un suave cascabel al agitarlo.

—Bienvenidos, ¿cómo ha ido la semana?

Nathaniel estaba de pie junto a su mesa de despacho, vistiendo su bata blanca abierta sobre el mismo conjunto impecable de ropa negra que la última vez. Su pelo perfectamente cortado, la barba rasurada y la postura firme dejaban claro que no necesitaba hacer el menor esfuerzo para verse perfecto.

—Seguí tus instrucciones y a los tres días ya estaba mucho mejor.

Se acercó al carrito y revisó a Jacob allí mismo. La mirada rápida que me dedicó me supo a poco. Debía admitir que me había llevado bastante tiempo arreglarme esa tarde: había escogido a propósito un jersey rojo que destacaba mi tono de piel pálido y unos vaqueros ajustados para resaltar mi figura. Cuando me había visto frente al espejo antes de salir, pensé en llamar su atención, y casi me había enfadado conmigo misma por tener esa clase de pensamientos. Siempre había sido de estar en segundo plano, no me gustaba destacar en nada; pero ahora parecía que no me bastaba con un poco de su atención: quería hacerme notar.

—Está completamente recuperado, así que no es necesario que sigas con el tratamiento —sentenció. Regresó a su escritorio y apoyó una mano sobre la madera.

Lo notaba diferente conmigo. La última vez que nos vimos había sido amable, me había llevado a casa en su coche e incluso estuvimos bromeando hasta que lo invité a cenar. Maldita sea.

Sus labios se apretaron en una línea fina, vaticinando algo que no me iba a gustar.

—Me gustaría que no fueras comentando por la zona que te llevé a casa la otra noche.

Había mantenido una sonrisa tímida en los labios, pero en ese instante sentí como si un jarro de agua fría me cayese encima. Solté un bufido involuntario y apreté las manos a los costados.

—Creo que te estás confundiendo.

Ni yo era una chismosa ni tenía el menor interés en ir pregonando nuestros encuentros por ahí. Ni siquiera llevaba un mes en Hannover y, además, en los papeles del médico constaba mi nombre completo, pero yo ni siquiera sabía su apellido de forma oficial. ¿Qué se suponía que le iba a contar a alguien? Y lo que era peor: ¿a quién demonios se lo iba a contar si no conocía a nadie?

Cuando iba a abrir la boca de nuevo para soltar toda mi rabia, la puerta sonó dos veces y se abrió lentamente. Lyssa, la chica de recepción, asomó la cabeza luciendo una sonrisa impecable. La tensión y la postura defensiva que manteníamos debieron de resultarle evidentes, porque noté cómo su mirada pasaba a ser pura curiosidad mientras nos inspeccionaba a cada uno.

—Siento interrumpir así, señor...

No puse los ojos en blanco porque me contuve, pero tenía unas ganas enormes de cerrarle la puerta en las narices. No soportaba su presencia en ese instante. ¿No se daba cuenta de que interrumpía algo importante?

—No se preocupe, no interrumpe nada relevante. Ya habíamos acabado —respondió él con voz neutra.

Me giré sorprendida y bufé por lo bajo. O este tío era imbécil o se estaba riendo de mí. Con la poca dignidad que me quedaba en ese momento, giré el carro de Jacob hacia la salida y me despedí sin mirarlo a la cara.

—Exacto, hemos terminado.

Con una sonrisa fingida salí de la clínica y me quedé parada unos metros más allá, a la vuelta de la esquina en la acera lateral. Si él no había sido y yo tampoco... ¿quién se suponía que iba difundiendo el chisme de que me había llevado a casa la otra noche?

—Ha sido ella.

Una mujer alta, de ojos claros y cabello negro y corto, se detuvo a pocos pasos de mí en la acera, luciendo una sonrisa serena.

—¿Disculpe?

—La que ha ido contando por todos lados que Nathaniel llevó a una mujer y a su hijo en su coche.

Nathaniel. Escuchar su nombre de pila en boca de otra persona me produjo un extraño pinchazo. ¿Era necesario que encima tuviese un nombre tan angelical?

—Ha sido Lyssa, la chica que te ha atendido en recepción —afirmó. Parecía relajada, incluso divertida, manteniendo una postura tranquila y hablando de ellos con total naturalidad—. Se le escapó en el descanso.

Miré a mi alrededor. ¿Alguien me estaba gastando una broma? Pues, para mi desgracia, la realidad era que estábamos solas en la calle.

—¿Cómo lo sabes?

Una risa suave escapó de sus labios. Si algo abundaba en esta ciudad, debían de ser los dentistas: todo el mundo lucía una dentadura impecable.

—La conozco. Y también le conozco a él. Tú no pareces la típica chica que va cotilleando por ahí. Además... —mordió su labio inferior y me observó detenidamente durante unos segundos. Su postura cambió ligeramente, como si sopesara sus palabras—: Eres una chica muy joven, con un bebé, soltera y no llevas en Hannover ni un mes. ¿Por qué ibas a cavar tu propia tumba social haciéndote notar?

Una breve risotada se me escapó. Tenía toda la razón. La conversación se había vuelto repentinamente entretenida, así que me apoyé contra la pared del edificio para descansar del peso del bolso.

—¿Cómo te llamas?

Sus ojos brillaron y su sonrisa se ensanchó mientras daba un paso hacia mí. Había bastante penumbra en la calle a esa hora de la tarde, pero sus facciones eran afinadas y su piel parecía tener brillo propio.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.