Mil maneras de volver a encontrarte

Capítulo 8 - Corazones rotos

—Señorita Lili, lamento llamarla fuera del horario laboral.

Cuando la voz de Katie resonó en mis oídos no pude sentirme más insegura; su mirada mientras me subía al coche de Nathaniel retumbó en mi cabeza.

—Está bien, ¿ha ocurrido algo?

—Quería avisarte de que mañana, antes de tu primera clase, te espero en mi despacho.

Apreté los labios aguantándome las ganas de llorar. ¿Había merecido la pena perder lo poco que había conseguido por un hombre casado?

Nathaniel me rodeó con un brazo y depositó un beso en mi cabeza. Cerré los ojos disfrutando de la sensación.

—Allí estaré. Que pases una buena noche.

Retiré el teléfono de mi oreja y colgué. Tardé unos segundos en girarme y enfrentarme a él.

—Me van a despedir por escándalo público —solté.

Una risa se escapó de sus labios; acarició mi mejilla con sus nudillos y se acercó a Jacob.

—No lo hará, puedes estar segura.

Su característica tranquilidad me estaba poniendo nerviosa. Este trabajo era lo único que tenía. Peor: lo único que Jacob y yo teníamos.

—Claro que lo hará, fue lo único que me pidió para trabajar en ese estúpido colegio.

—La conozco. Parece una mujer gruñona y antigua, pero tiene buen corazón. No te dejará sin trabajo, solo quiere asustarte. —Recogió a Jacob en brazos mientras hablaba.

Yo había comenzado a dar vueltas por el salón como una loca. ¿Qué más colegios había por la zona? Si tardaba menos de un mes en encontrar trabajo, podía subsistir con el dinero que tenía guardado.

—Genial —me expresé un poco alto y Jacob se asustó comenzando a llorar, pero Nathaniel consiguió calmarlo meciéndolo—. Si ese es su objetivo, lo ha conseguido. Estoy muy asustada. No quiero perder el trabajo.

—Confía en mí, no va a despedirte.

Se acercó a mí con mi hijo en brazos y la palabra Familia se cruzó por mi cabeza. Quizás nos estaba involucrando sentimentalmente en algo que no sabía cómo iba a acabar. Besó mis labios con suavidad y aproveché para coger a Jacob.

—¿Quieres ver una película? —pregunté buscando una distracción desesperada.

Necesitaba acallar el pánico que amenazaba con devorarme por dentro, reprimir el miedo al despido y obligarme a no pensar en el abismo que me esperaba al día siguiente. Mantener a Nathaniel a mi lado era la única vía de escape que tenía en ese momento.

Después de darle de comer a Jacob, preparar algo para cenar y poner una película de acción, la noche había mejorado encarecidamente. Comentamos algunas escenas y recogimos lo que habíamos ensuciado. Cada célula de mi cuerpo notaba que llegaba la hora de despedirse y algo dentro de mí no quería ni pensarlo.

En silencio se despidió de Jacob, quien ya estaba durmiendo plácidamente en la cuna de su habitación, y caminó despacio hasta la puerta de entrada. Le seguí los pasos y abrí para que pudiera pasar.

—Me lo he pasado muy bien —murmuré con una sonrisa.

—Sé que soy una buena compañía —pronunció. Una sonrisa socarrona inundó sus labios y me pegó a su cuerpo para me besarme.

Dejé que su lengua jugase con la mía y apreté su nuca, inundándome más de su sabor y de su olor. Su mano se aferró a mi cintura, pegándome a su cuerpo y notando cómo se iba calentando con nuestro beso.

—Elizabeth —besó mi cuello repetidas veces y me empujó contra la pared. No había mucha luz, pero sus ojos brillaban con fuerza. Volví a besarlo, me tomé el tiempo de restregar mi lengua en su labio inferior, jugueteé en su boca y tiré de su pelo para profundizar el beso—. Necesito que paremos ahora. No me iré si seguimos así.

Mi respiración estaba tan agitada que mi pecho golpeaba el suyo al respirar. Colocó su mano en mi mejilla y restregó su dedo por mi labio inferior. Deseaba esto tanto como yo. No dije nada, pero agarré su mano con fuerza y cerré la puerta; nos dirigí a mi habitación y subí a mi cama.

Me desnudó lentamente, depositando besos en cada parte que quedaba al descubierto. Aunque estaba temblando en una mezcla de nervios y excitación, conseguí quitar su ropa y disfrutar de su torso desnudo, marcado y depilado. Mis dedos jugaron en sus abdominales, recorriendo la línea de su pecho hasta llegar a los bíceps.

Cuando me tumbó y se colocó encima, besó mis labios con profundidad y mucho deseo. Bajó mi ropa interior con delicadeza y jugueteó unos segundos con mi clítoris, lo suficiente para hacerme gemir. Fue él mismo quien se bajó su ropa interior, dejándome ver su erección liberada.

Besó mis labios varias veces y me deleité jugando con su pelo hasta que noté cómo se posicionaba para enterrarse en mí.

—¿Estás segura? —murmuró. Separó nuestras bocas para mirarme directamente.

Asentí y uní nuestros labios de nuevo. Su mano se entrelazó con la mía y empujó hasta enterrarse dentro de mí.

Cada embestida era más fuerte; toda la atracción sexual que había entre nosotros se notaba. Besé y mordí su hombro cuando se enterró completamente dentro de mí.

—Sigue —gemí.

Nathaniel nos giró, dejando que yo tomase el control sobre él. Mis manos se clavaron en su pecho y me moví de arriba a abajo con rapidez.

—Nena, no aguantaré mucho si seguimos así —su voz estaba ronca y eso era una delicia para mis oídos. Su dedo jugó con mi clítoris haciéndome gemir y acabar en un orgasmo mientras él seguía dentro de mí—. Oh, joder.

Sentí cómo explotaba, cerró los ojos y su mano se apretó en mi cintura con fuerza. Después de unos segundos para recuperar el aliento, me tumbé a su lado. Había sido impresionante. Y aunque no se lo admitiría, acababa de regalarme otra primera vez: la primera vez que tenía buen sexo.

—Elizabeth —un murmullo me despertó en mitad de la noche.

Solo me dio tiempo a restregarme la mano en los ojos para intentar ver algo en la oscuridad antes de que una mano cubriera mi boca. Intenté gritar, pero solo se escuchaban sonidos ahogados por la tormenta que azotaba esa noche.




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