Un club de Fans.
Una equivocación.
Y el gruñido del león macho en celo.
Manu defendía firmemente que algunas escenas literarias necesitaban escenificarse para entenderse bien.
P creía firmemente en el ridículo como estilo de vida.
Y claro... luego pasan cosas.
🎧 Música ambiente para la noche de chicas. Jump in the Line - Harry Belafonte
🎧Hay convicciones que duran justo hasta que alguien se atreve a ponerlas a prueba. Kaleo - Way Down We Go
—¿Te duele?
—Estoy bien, solo fue un golpe con el monopatín.
—Pero duele. El chichón no miente.
—Siempre que la ves te vuelves un gallito. Si me dejas, yo le hablo y averiguo si está por ti.
—No hagas nada. Solo me despisté y me caí.
Cómo decirle que aquella tarde dejé muy claro a su compañero de pupitre que dejara de molestarla.
—Curita sana, curita sana, si no lo hace hoy, te seguiré cuidando mañana.
Aún noto sus dedos rozándome la frente mientras dibujaba un corazón con ellos.
Nunca te he besado. Capítulo 1. Manuel Storm
Mesas llenas, libros movidos. Voces altas y risas fuera de sitio marcaban la mañana de aquel miércoles en El Café entre Letras.
—¿Has mirado lo que te envié?
—Todavía no. ¿Es importante?
—Creo que para vosotras sí. Lo recibí anoche... No he tenido tiempo hasta hace un rato. Se lo envié a Susana también.
Rosa inclinó apenas la cabeza.
—¿Todo bien...?
—Sí, Rosa, mejor de lo que esperaba. Ya no pienso disfrazarlo más.
—No seas cabrona, con lo bien que lo pasábamos y ahora vas y nos quitas la noche del desmadre.
—Pero nos queda la noche de chicas y nuestro «Yo nunca» es irreemplazable.
—Pues hoy toca en tu casa. ¿Se lo has dicho a...?
Rosa sonrió con malicia en dirección a la mesa donde estaba Manu.
—¡Mierda!
—Uy, la jefa tiene un marrón que solucionar. O eso, o lo convertimos en un nuevo comensal.
—Ni de coña.
—Oye, quizá así se abra y nos cuente que en sus noches locas le gusta que lo llamen... Manuela.
—Y dale.
—Y entre chupitos de No me olvides... le sonsacamos información del por qué está aquí.
—Si mi padre se entera para qué usamos el licor familiar...
—Eh, guapita de cara, yo no tengo culpa de que eso que tu padre llama licor «espirituoso» esté tan bueno.
—Y que lo gastemos para nuestras maldades...
—No son maldades, solo dimes y diretes que después del tercer trago se olvidan.
Rosa resopló divertida.
—¿Cuántas cogorzas nos has aguantado?
—Si yo fuera mi cuñado o tu hermana, vergüenza me daríais de encontraros así.
—Imagina esa botella en el club de los jueves.
Las risas de P y Rosa rebotaron hasta la mesa de Manu.
Este les dirigió una mirada de soslayo.
«Me acerco como el que no quiere la cosa y le pregunto: ¿Todo bien?»
«No, así no»
«Bonita mañana. ¿Dormiste algo ?»
«Manu, gilipollas»
«... Lo de anoche fue...»
«Eres famoso por tu pluma y no eres capaz de hacer una pregunta en condiciones»
«El cielo estrellado fue...»
«Y dale»
Storm siendo Storm en versión Manu García.
Exactamente.
No hay más alegaciones, señoría.
P ya estaba terminando de limpiar la mesa de enfrente cuando:
—¿Estás ocupado?
Manu bajó la pantalla del portátil.
—Está... ¿Todo bien?
«¿Ves? Solo había que esperar, zopenco»
—Oh, sí, sí.
«Dale tres segundos y di cualquier tontería que suene banal. Uno... Dos...»
—Ya hace frío por las noches...
«¿¡Qué!? ¡Venga, hombre!»
—¿Frío?
Y llegó el momento del matojo rodando por el desierto.
«¡Piensa, idiota!»
Las campanillas tintinearon y el portazo hizo vibrar los cristales.
—¡¡¡ROSA!!!!
Susana cruzó la cafetería como un caballo desbocado.
—¿Lo has leído?
—¿El qué?
—P me lo mandó y hasta ahora no lo he abierto. El club de fans. ¡¡Tenemos dos millones de seguidores en las redes!!
—¿Sabes que es malo tomar alcohol en tu estado?
El manotazo de Susana aterrizó en el hombro de Rosa sin previo aviso.
—¡Auhg!
—¡¡Abre el correo y calla!!
Susana se deslizó hasta donde estaban Manu y P, rodeándola fuertemente con sus brazos.
—Ven aquí, hermanita. Abrazo de mamá oso.
—Ya veo que lo sabes. Pero si aprietas menos quizá hasta pueda respirar... un poquito.