Un bestseller. Un consentimiento y una borrachera
🎧Recomendado para leer la escena de la borrachera: WALK THE MOON – Shut Up and Dance
🎧 Recomendado para leer la primera noche de Manu y P: The Lumineers – Ho Hey
—Dice que vayas.
—¿Pero tú le has dicho lo que yo te he pedido?
—Sí.
—Sí ¿Qué?
—Que si ella quería salir contigo. Pero me ha dicho que no se lo cree hasta que vayas allí y seas tú quien se lo pida.
Aquella petición de noviazgo viajó hasta ella a través de una compañera de clase.
Fue entonces cuando entendí sus temores: la burla, el rechazo y la vergüenza.
Me armé con la única armadura que poseía a duras penas, el valor.
Cuando terminé de pedírselo, me encontré con una sonrisa y un:
—¿Por qué has tardado tanto, cabezota?
El mundo, mi mundo, nuestro mundo comenzó a sentirse diferente.
Me amaba.
Nunca Te He Besado. Capítulo1.—Manuel Storm
La mañana se despertaba cálida, demasiado para noviembre.
El aire acariciaba su barba y su relajación pedía diez minutos más de contemplación.
Per-fec-to.
—Buenos días, vecino. Mi turno de lavandería llegó.
P llegó con cesto de la ropa listo para la colada y un ramillete de pinzas prendidas en la camisa de su pijama.
Ups.
Manu no gruñó.
Raro.
—Vale, ya veo que estás en tu posición raruna. Era nombre de floripondio.
Petrificado.
—Era... déjame pensar... El gladiolo. No, espera... El helecho. Tampoco. Un cardo borriquero.
Venga, Manu.
Esa ha estado graciosa.
Pues no.
Ahí sigue el tío.
—Bueno, diez minutos más así y te uso de tendedero.
Manu alzó un dedo a modo de respuesta, aunque seguía con los ojos cerrados, concentrado en su zen vital.
—Ajá... Así que esa es tu nueva forma de amargarme la mañana—. La sonrisa de P empezó a dibujarse despacio—. Espera, don remilgado, que te voy a enseñar cuál es el correcto.
Se plantó frente a él, le bajó con toda la calma el índice y le levantó el corazón.
Dio un paso atrás, contempló su obra y asintió, satisfecha.
—Ahora sí.
Le dio dos palmaditas en la espalda y se dirigió a la lavadora.
—Antes poseías el don de amargarme el día, doña engreída.
P se detuvo en seco.
—¿Antes? No me subestimes. Solo te he dado espacio para que hagas eso que haces... así, con los pies enredados.
Manu sonrió sin abrir los ojos.
—Flor de loto—. Exhaló lentamente—. Y es relajación.
Levantó una mano y, sin abrir los ojos, le hizo un pequeño gesto con los dedos.
—Ven.
En cuanto notó sus pasos cerca, apoyó la palma sobre la tarima y dio dos golpecitos.
—A ti no te vendría mal probarlo. Aunque solo fuera un minuto.
P arqueó una ceja.
—Espera, espera... ¿Quieres que me siente y haga... eso?
Una sonrisa asomó bajo la barba de Manu.
—Hazlo. Prometo no ser un maestro severo.
—No. Te vas a burlar de mí en cuanto cierre los ojos.
—Nunca me burlaría de una mujer indefensa.
Manu alzó la mano despacio, buscándola.
Vaciló apenas un instante. Después, vencida por la curiosidad, dejó que sus dedos encontraran los de él.
Manu los rodeó con suavidad y guio su mano en frente de él.
—Siéntate.
P observó las piernas de Manu cruzadas de aquella manera imposible.
—Si intento ponerme así y fracaso, llamamos a una ambulancia.
Manu soltó una risa por lo bajo.
—Prueba.
P lo intentó.
Levantó una pierna.
Luego la otra.
Las dos parecieron declararse la guerra entre sí.
—Creo que mi rodilla derecha acaba de denunciar a la izquierda por agresión a su intimidad muscular.
—Todavía conservas las dos.
—Por ahora.
P consiguió sentarse de cualquier manera y lo miró con resignación.
—Cierra los ojos.
—¿Y si me caigo?
—Estás sentada.
—Bueno... de momento.
—Dame tu mano.
—¿Mi mano? ¿Para qué?
—Confía en el proceso.
—Confío en el proceso...— Abrió un ojo—. En ti no tanto.
Chica, no seas cabezota.
Dale la mano y acabemos.
Que ya estáis criaditos los dos.
—Como me arranques un dedo, me la pagas.
Terminó por dejar su mano entre las de Manu.
Él no dijo nada, simplemente la condujo despacio hasta apoyarla sobre su pecho.