Starman

Capítulo 6: Stuck in the Middle With You

«No sé por qué vine aquí esta noche. Tengo la sensación de que algo no va bien»

—Stealers Wheel

***

—Conocí a Marle en el peor momento de mi vida. Y el muy bastardo se encargó de hacerlo todavía peor.

Un resoplido seco le raspó la garganta. Clavó la vista en el fondo de su vaso, girando el licor barato.

—Ya han pasado diez años. Sí. Por eso están todos aquí amontonados, sudando frío. Le tienen miedo, ¿no?

Apretó los labios. Volvió la cabeza y escupió.

—Nethra... La llaman «la devoradora», «el ojo azul», «la doncella de hielo y muerte». Repiten que cuando esa luz te toca, la mente se pudre. Que los partos se tuercen. Que los muertos se levantan de la tierra para caminar. ¿Saben lo que es realmente?

Pausa. Golpeó la base del vaso contra la mesa.

—Una puta historia de mierda para cobardes que necesitan culpar a algo más grande que ellos de su propia miseria.

Renatus vació el vaso de un solo trago. El líquido le quemó la garganta, pero su rostro no se inmutó.

—Pero no voy a gastar saliva en ella. No hoy. Hoy les voy a hablar de él. Del parásito más ruidoso y sucio que se me cruzó en el camino.

» Marle y yo. Diez años atrás. El barro todavía nos manchaba las botas y aun no sabía cuánto dolor podía soportar. Yo cerca de diez años. Juraba que las cosas no podían irse más a la mierda de lo que ya estaban.

» Je... sí que estaba equivocado...

***

Renatus lo recordaba como si fuera ayer. Marle y él salían de aquel pueblucho con olor a mierda. Solo había estado allí un par de horas, apenas un día en el mejor de los casos, pero ya lo odiaba.

Un par de monedas, un saco roto y mucha hambre: eso era todo lo que tenían.

—¿A dónde vamos? —Renatus apenas movió los labios, su garganta apenas empezaba a recuperarse.

—¿Y yo qué sé, gusano? Tú eres el que abrió la boca para decir «vamos». Así que anda, sorpréndeme. Ilumíname con tu vasto conocimiento de este mundo. —Marle ni siquiera lo miró.

—Bueno... no conozco mucho de por aquí, así que...

—¿Qué? ¿Viviste en una cueva toda tu vida?

—Es... complicado. Algo así. ¿Y tú? ¿No hay algún lugar al que quieras ir?

—¿Querer? En muchos lados me quieren muerto. En otros, les debo tanto dinero que hasta los cobradores me dejan limosna.

—Nah... ¿Tú debiendo dinero? Imposible. Si eres puro carisma, Marle. —Renatus arrastró las sílabas.

—¿Verdad que sí? Veo que por lo menos no estás completamente estupido, gusano.

Caminaron un par de horas. El barro que hundía las botas marcaba el único ritmo. Marle se había callado de golpe, como si se le hubieran oxidado las cuerdas vocales. Renatus solo pensaba en comida. En un techo que no goteara. En no morirse tirado en una zanja como un perro sin dueño.

—Recuerdo una vez... —soltó Marle de pronto, retomando una conversación que solo ocurría en su cabeza—. Altavallis. Ciudad rica, sucia como el culo de un gigante.

» Le hice un truco de manos a un par de idiotas borrachos, ya sabes, cambié las cartas cuando no miraban. Mano ganadora. Saco unas monedas. Me río. Todo bien.

» No sé cómo se dieron cuenta, pero cuando parpadeé ya tenía media taberna queriendo arrancarme la lengua.

» Me escondí en la estatua de un noble gordo como la mierda. Estaba hueca. Tres días ahí metido.

» Nadie lo sabía... hasta que una maldita rata me mordió la oreja.

» Grité. Me encontraron. Quemaron la estatua. Yo salí en llamas, y rodé por un barranco como si el noble me hubiera cagado de vuelta al mundo.

—No entiendo nada de lo que acabas de decir. —Renatus lo miró de reojo.

—No necesitas entenderlo, gusano. Solo aprender.

» ¿De qué crees que tenía miedo? ¿De los borrachos con cuchillos? Nah. Ellos olvidan. Su memoria apenas les da para recordar cuando tienen que comer.

» Lo que da miedo es el mundo, ¿entiendes? Esta cloaca disfrazada de civilización. Y, sobre todo, el Reino.

» Tú no vienes de aquí. Se nota. No sabes cómo se siente vivir con una bota marcándote la espalda constantemente.

» Aquí no hay errores pequeños. Un comentario mal hecho, una ceja alzada en mal momento, conjurar una chispa en público... Y listo. Muerto. O peor: vivo, pero deseando no estarlo.

» No hay perdón. No hay segundas oportunidades. Sigues las reglas, aunque te hagan pedazos por dentro. O terminas siendo un cadáver anónimo que usan para practicar interrogatorios.

—Yo... lo entiendo, sé que es importante. Pero ¿por qué me lo sueltas ahora? Llevamos demasiado tiempo caminando. Un tema de conversación hubiera estado bien hace como tres horas.

—Apuesto a que sí, gusano. Seguro querías charlar sobre tus sentimientos y flores o alguna mierda así. Pero era demasiado simple. No quería hablar contigo. Sigo molesto por eso de que casi me matas, ¿recuerdas?

—Tú intentaste matarme primero. —Renatus apretó la mandíbula.

—Eso es irrelevante. Lo importante es que no eres nadie. Para este mundo, tienes menos valor que una rata muerta con sarna. Si no estás en un registro del Reino, entonces no existes. Y si no existes, no puedes trabajar, no puedes comer, no puedes ni cagar legalmente. Y lo peor, no puedes pagarme lo que me debes.

—¿Y entonces?

—Entonces necesitas una nueva identidad, imbécil. Algo que el Reino pueda mirar sin empezar a salivar con una soga en la mano.

» Y da la casualidad de que conozco a alguien, no muy lejos de aquí, que es experto en esas mierdas.

» No es barato. Tampoco es legal. Pero si no quieres terminar como una bonita alfombra en la casa de algún noble aburrido, será mejor que me sigas la corriente.

***

El aire estaba tan espeso que podía masticarse. Cada paso exigía una pelea entre el barro y las ganas de seguir avanzando. A su derecha, la costa se extendía como un infinito salado: inmóvil y gris. En el horizonte, Luxor y Nethra danzaban como dos amantes, el primero dorado y majestuoso, la segunda, arrastrando su sombra por todo a lo que su luz llegara.



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En el texto hay: angst, antiheroe, grimdark

Editado: 06.11.2026

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