Wire Madness

Capítulo 9: La mazmorra de Nezorick

Después de un largo día de trabajo, Manolo e Isidro se encuentran durmiendo su siesta reglamentaria, ya que no hay día, solo noche en la dimensión oscura, pero una llamada los despierta. Isidro la contesta. Manolo se levanta soñoliento.

—Rare Comunicaciones, técnico Isidro Ricardo Matos Montero reportándose. —Dijo Isidro.

—Rare Comunicaciones, técnico Juan Manuel Antonio De los Santos Restituyo, alias Manolo Restituyo, reportándose. —Dijo Manolo.

—Perdón por despertarlos, mis técnicos, pero se suscitó una emergencia extrema. —Contesto Camilion.

—¿Cuál es la emergencia para resolverla? —respondió Manolo.

—Es con respecto a la tumba de Nezorick; nuestro cliente Angus Ocal Gain, el señor supremo, quiere obtener nuestros servicios, pero sus guardianes se los han impedido, ya que están en contra de que el señor supremo tenga esos servicios. —Contesto Camilion.

—Pues que controle a su gente, eso no es problema de nosotros. —Respondió Manolo.

—Pero qué galleta sin mano, Manolo, déjame terminar. —Contesto Camilion.

—Es que yo sé a dónde usted quiere ir, y no, que controle a su gente. —Respondió Manolo.

—Y un dinero fuerte de por medio. —Contesto Camilion.

—¿De cuánto hablamos? —respondió Manolo.

—Por instalarlo será un millón de dragmarks, pero a ustedes les tocaría cien dragmarks y de comisión cincuenta dragmarks —contestó Camilion.

—Cuanto cualto, junto con todas las órdenes que hemos hecho, vamos a ganar un dinero fuerte. —Respondió Manolo.

—Sí, pero ¿qué es lo que tenemos que hacer exactamente?, porque no entendí lo que quiso decir Manolo. —Contesto Isidro.

—Ustedes tienen que enfrentarse a los guardianes de los pisos, aquí tienen la información sobre ellos. —Respondió Camilion que les pasa por correo la información. Ellos la revisan, pero Manolo ve a una cara conocida.

—¡Ella! —exclamó Manolo, que siente ira, rabia y una sed de sangre indescriptible.

—Oh, esa no es la que te pateó el trasero en la arena. —Respondió Isidro.

—Aldrich Albain, maldita zorra, te devolveré por mil la paliza que me diste en la arena; yo... yo... ¡Yo! ¡Te destruiré en pedazos! —contestó Manolo, que babea como si tuviera rabia.

—¿De dónde la conoces, Manolo? —respondió Camilion, pero Manolo está muy enojado para responder.

—La conocimos cuando fuimos atrapados en el desierto junto a la facción anti-proyecto. —Contesto Isidro.

—La facción anti-proyecto, esos desgraciados... Bueno, Manolo, al menos te vas a desquitar con alguien de la facción. —Respondió Camilion.

—Sí, esa cualquiera será mía y cuando la tenga en mis manos. —Exclamó Manolo, que cierra los puños de la ira y añadió. —¿Cuándo nos vamos?

—Ahora, esta será su primera orden; no tarden mucho, que tienen órdenes que hacer. —Respondió Camilion.

—Haremos nuestro intento, porque es una mazmorra y superarla nos costaría mucho tiempo, sobre todo cuando nadie la ha logrado pasar. —Contesto Isidro.

—Está bien, tómense el tiempo que quieran, pero no duren mucho. —Respondió Camilion.

—No se preocupe, que no duraremos mucho, porque en tiempo récord pasaré esa mazmorra para patearle el trasero a la cualquiera de Aldrich; voy a teñir toda la tumba con su sangre negra y pútrida. —Contesto Manolo.

—Esa es la actitud, Manolo, pues nada, me despido, pueden ir sin misericordia, ya que el señor oscuro nos dio permiso, así que manos a la obra. —Se despidió Camilion.

—Ya lo oíste, sin misericordia, por fin vamos a ir con todo. —Respondió Manolo, que quita el camuflaje, enciende el vehículo, lo pone en marcha para dirigirse a la tumba.

Antes de llegar, se enfrentan a varios guerreros motorizados de la facción anti-proyecto, pero Manolo los derrota como si nada. Una vez que llegan a la tumba, ve que tienen que pasar por unos puentes colgantes antes de llegar.

—Así que esta es la tumba de Nezorick, no me digas que tenemos que pasar por ese puente colgante para llegar ahí. —Dijo Manolo.

—Parece que sí, vamos a equiparnos bien; será un largo camino para llegar allá. —Dijo Isidro.

Manolo activa en el panel de control un símbolo que muestra unas armaduras; cuando él lo pulsa, de los laterales salen unas armaduras similares a armaduras de Warhammer 40,000. Ellos se la ponen y estas se adecuan a su contextura física.

—Y yo creí que me iba a quedar apretado. —Dijo Manolo que se impresiona por ello.

—Vamos a guardar los materiales en nuestras armaduras. —Respondió Isidro.

—¿Y cómo cargaremos con todo esto? —contestó Manolo mientras sacan los materiales para hacer la instalación.

—Fácil, con magia. —Respondió Isidro que lo empaca todo para ponerlo en una cápsula que guarda en su armadura.

—¡Facilito! —contestó Manolo. Ellos se arman hasta los dientes.

—Listo, ahora sí, a patearle el trasero a la cualquiera de Aldrich. —Respondió Manolo.




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