¡no me toques!

Capítulo 4.

"No es más limpio el que más limpia."

 

Miércoles, 4 de abril del 2018.

22:31 pm.

 

Con una sonrisa malévola en medio de todo el silencio enciendo mi equipo de sonido y pongo el volumen al máximo. No contenta con eso agarró el micrófono y comienzo a cantar Buleria de David Bisbal.

¡Ay qué bien se siente escuchar esta canción! Era una de las favoritas de mi madre y cuando vivíamos en España ella debía escucharla si o sí, se volvió algo tan repetitivo con el tiempo pero ahora que ella no está parece que la canción me recuerda a ella.

Mis labios se curvan y comienzo a cantar, mi voz no es digna para hacer un karaoke a esta ahora porque la gente podría pensar que estoy pidiendo auxilio a gritos pero no me importa.

Me subo encima del sofá y canto, cuando el tema cambia a una de Malu río y continúo con mi espectáculo. El timbre de mi casa no tarda en sonar y ruedo los ojos, esto era para llamar la atención del vecino pero ahora ya me estoy divirtiendo y temo que la diversión se termine.

Bajo del sofá y con los pies descalzos voy hasta la puerta y la abro. Sabía que sería él pero aún así me sorprende su belleza, aunque sólo trae una bata negra y unos pantalones de pijama blancos sigue luciendo muy bien. Su cabello está bien peinado y su rostro de Príncipe no tiene ninguna imperfección. Me fijo en su mano izquierda y trae un... ¿bastón?

—Apaga la música.

Finjo no haberlo escuchado y frunzo el ceño.

— ¿Qué? ¡No te escucho! —Su mandíbula se aprieta y comienza a sonar algo de Alejandro Sanz—. ¡Esa es buenísima!

Comienzo a canturrear y él hace una mueca. Muevo mi cabeza al son de la música, uf, hace tiempo que no la pasaba tan bien.

—Deja de invocar al Diablo y apaga lo que sea que estas escuchando —Dice enojado—. ¿Sabes la hora que es?

—¿Invocar al Diablo? Ni que estuviese cantando algo de BTS —Digo y pienso en cerrarle la puerta en la cara—. Me gustan unas cuantas y déjame decirte que mi pronunciación coreana sí da miedo.

Él bufa, lleva su mano derecha hasta su frente y cierra los ojos. Frunzo los labios, parece realmente exasperado de estar aquí frente a mí.

—Apaga el equipo o llamo a la Policía.

Abro la boca sorprendida.

— ¿Eres uno de esos vecinos soplones? —Pregunto observándolo con desaprobación—. Aparte de gruñón... chivato —Murmuro en español.

— ¿Qué?

— ¡Nada! —Digo rápidamente—. Oye Señor Nie... digo vecino. Nadie se queja por la música.

Él me mira con disgusto.

— ¿Será porque soy tu único vecino?

Oh.

—Tal vez ¿Quieres unirte al karaoke?

Él niega exasperado.

—No voy a contaminarme, así que apaga la música y déjame dormir.

Achino los ojos y doy un paso hacia la puerta, él abre los ojos sorprendido y da un paso atrás.

— ¿Qué haces? —pregunta asustado. Yo sonriendo falsamente doy otro paso.

—No te escucho bien estás muy lejos.

Él da otro paso atrás y está vez me apunta con el bastón este queda a la altura de mi pecho.

—Quieta ahí —Mi curiosidad incrementa pero me mantengo quietecita.

— ¿Tienes algún problema con la cercanía?

Su gesto asustado es reemplazado por uno de seriedad.

—Sólo con personas contaminadas —Abro la boca ofendida.

— ¡Pero si acabo de ducharme! —Me defiendo.

Él se ríe, menea la cabeza sin abandonar esa sonrisa de incredulidad.

—Adivino. Cuando estabas haciendo tu ritual satánico con esa música escandalosa bailaste por toda tu casa —Mira mis pies descalzos—. ¿Cuándo fue la última vez que realizaste una limpieza?

¿Limpieza? Pero si acabo de mudarme hace unos días.

—Tomare tu silencio como que no has limpiado tu casa ¿Sabes cuantos gérmenes habitan en el suelo? —Hace una mueca de horror frunciendo sus labios rojizos—. Miles, millones. Así que aléjate.

Resoplo y él mira como mi flequillo se levanta hacia arriba.

—No seas exagerado.

—Con los gérmenes no se juega —Me río pero él no lo hace al contrario mueve su bastón apuntando detrás de mí con disgusto—. Apaga eso.

—No.

Mi respuesta hace que suelte un gruñido y baje el bastón para dar un golpe en el suelo con éste. Mis labios se curvan.

Adorable.

Sus labios se fruncen como si estuviera haciendo un puchero y doy un paso fuera de mi departamento él reacciona y se protege el pecho con sus brazos. Doy un paso atrás cuando me doy cuenta de que en verdad está aterrorizado con el hecho de que lo toque, miro las palmas de mis manos con disgusto.

¿Luzco tan sucia?

¿Por qué tengo tantas ganas de tocarlo?

Aclaro mi garganta y él abre los ojos, cuando se da cuenta de que estoy de nuevo en mi posición inicial él baja sus brazos rápidamente y se agacha para agarrar su bastón.

—Sólo... Apaga la música.

Gira en dirección a la puerta de su departamento y entra luciendo alterado. Ladeo mi cabeza.

—En verdad sufre de misofobia —Digo para mí misma—. Pobre Señor Nieves.

Con los labios fruncidos vuelvo a entrar, cierro la puerta detrás de mí y voy hasta el sofá, me dejo caer en este y mi mirada baja hasta el suelo.

¿Bacterias? Nunca me puse a pensar cuantas habitan allí, para mí la regla de los diez segundos es sumamente valiosa pero dudo mucho que mi vecino piense lo mismo.

Necesito buscar información sobre la misobia.

Alto ahí Sandra ¿Qué se supone que estás haciendo?

—Agg —Descanso mi cuerpo en el respaldo del sofá pensativa.

No debería involucrarme en esto pero... quiero hacerlo. Tal vez necesite ayuda y yo estaría dispuesta a dársela, su rostro de horror por el simple hecho de acercarme a él me hizo sentirme mal. No sé lo que siente pero su pánico era algo evidente. Me siento recta en mi lugar y cabeceo de manera afirmativa.

—Bien, mañana inicia el plan C para acercarme al vecino —Ruedo los ojos—. Bueno, no físicamente porque él me mataría... ¿Pero qué hago hablando sola?



Mila Baez

Editado: 01.08.2020

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