9. Me haces sentir presionada.
Ya empezaba a normalizar la presencia de Sophiet en mi vida, verlo afuera de mi salón no me sorprendió esta vez.
Ese día después de mi última clase fuimos a caminar por el campus. Hablábamos de cualquier cosa, pero sobre todo él, a mí aún me costaba, sin embargo, me había empezado a gustar escucharle hablar de sus sueños, anécdotas más graciosas y sus infinitas quejas hacia los profesores que había escogido.
El tema de la salida no se había tocado y agradecía al universo por ser tan noble conmigo, por lo tanto esa semana había sido más tranquila, ya había incluso empezado a aprender a controlar mis nervios y me sentía casi tan bien como aquella primera vez que charlamos en el bus, aun así, me faltaba mucho para acostumbrarme a él y mucho más para conocer a sus amigos.
Su grupo de amigos completamente opuestos a mí.
Es por eso que cuando me di cuenta de que nuestro trayecto había dado un rumbo inusual hacia su grupo de amigos estuve a punto de huir, él lo notó y tomó mi muñeca suavemente.
TODOS se dieron cuenta y se quedaron mirando justo en ese lugar.
Soltó mi muñeca de inmediato y empezó a hablar con sus amigos, de vez en cuando me metían en la conversación con ellos, la realidad era que yo no quería conversar, quería irme, sin embargo, fingí lo mejor que pude.
—¿Qué clase tienen ahora? —preguntó uno mirando en mi dirección.
—Metodología de...
—Anatomía parece —me interrumpió otro de sus amigos riendo. Por supuesto que resultaría chistoso si ellos no eran el chiste.
¡Dios! trágame tierra y escúpeme en Transilvania. No había sido tan prejuiciosa con ellos después de todo.
Y como cereza del pastel entonces escuché la risa de Sophiet uniéndose a la de ellos.
Me iba a ir, claro que me iba a ir.
—Ha de hacerles mucha gracia ya que no saben nada de eso, ¿hace cuanto que no tienes novia Martin? ¿20 años?
¿Por qué empezaron a hablar de novias?
—Te jodió —respondió su otro amigo mirando al tal Martín
Sentí unos golpecitos en mis costillas y miré a mi lado, era Sophiet.
—Vamos, ríete —susurró solo para mí.
Estaba tratando de incluirme.
Me iba a quedar, claro que me iba a quedar.
Entonces lo acompañé con mi risa, la suya suave haciéndome sentir segura y la mía tan genuina como la primera vez.
—Por lo mismo para que me enseñen de anatomía —habló más tarde Martín.
—Cállate ya —reprochó Sophiet dándole un manotazo en la cabeza.
—Ey —lo llamó otro de sus amigos —. Están juntos todo el día, se agarran de las manos y no aprenden de anatomía —una risa sonora salió de su garganta.
No, esto no podía ser más incómodo.
Nunca nos hemos agarrado de las manos, las manos sudan demasiado juntas.
Eso es un No para Jana.
—Y el otro día que estaban pegados en la cafetería, todo el mundo los vio —más risas y alaridos, parecían estar ganando algún concurso.
No estabamos pegados. Eso nunca pasó.
Nos tropezamos.
—No, no, no, eso no es así —trató de aclarar Sophiet.
—Ey sí, dijeron que estaban arrimados —A este punto muchos salones podían escuchar su descontrol.
Jamás me arrimé a nadie.
Pero sabía que no me creerían, me límite a jalar con más fuerza el borde de mi camisa.
—Parecen tontos —agregó una de sus amigas —, sale más fácil que digan que son novios y ya.
¿Novios?
Solo somos amigos.
Frías. Así se sentían mis manos.
Nunca saldría con alguien como Sophiet.
Él es todo lo opuesto a mí.
—Solo somos amigos, dejen la estupidez —su voz había dejado cualquier tono de juego.
—Solo Dios sabe que cosas han hecho.
—Ya ey, ya, ya son novios.
—Declárate Sophiet, declárate —se burlaron.
Que caiga un meteorito, por favor.
—Basta —los interrumpió Sophiet —. Si no saben tener amistades mujeres no es mi culpa, a ninguna le han de caer bien con ese carácter —intentó bromear un poco.
Retorcí lo más que pude los hilos de mi camisa dentro de ella, ¿es seguro que no existen los Genios de las lámparas? me urge uno en este momento.
—Ustedes si joden —giró los ojos sonriendo —, nos vamos.
Tomó mi mano en un movimiento rápido y me sacó de allí.
Tomó mi mano.
Todos lo notaron y de inmediato el pasillo se llenó de gritos y risas.
—¡Que vivan los novios! —gritaron en coro.
***
—Lamento que hayas tenido que conocerlos en su modo animal, te juro que cuando están normales son hasta buena gente —se disculpó.
—Está bien —respondí, el atardecer había empezado a caer y se veía inmenso desde el balcón en el que estábamos.
—No, no está bien Jana —suspiró —, sé que eso te incomoda ¿ok? a mí también, no quiero forzar las cosas, no quiero forzar nada contigo Jana.
Escuchaba el golpeteo de sus anillos en el barandal, sabía que sí estaba preocupado, pero no sabía cómo responderle.
—Vale, entiendo.
—Jana —su voz sonó seria.
—¿Mmm? —respondí apenas.
—¿Podrías mirarme? —habló bajo, pero por supuesto que no podía, evitar su mirada era una de las clave con la que había logrado no sudar junto a él.
—¿Para qué quieres que te mire? —acomodé mi cabello en mi rostro.
—Es importante.
Era importante, podía hacerlo, por un corto tiempo, claro que podía.
— ¿Qué pasa? —me giré.
Claro que no podía, estaba haciendo ojos de desconsolado y muy cerca de mí, podía incluso oler su colonia como si estuviera impregnada en mi cuerpo.
—No te presionaré para que me aceptes como tu amigo —tomó mi mano.
Y esta vez no me alejé, a pesar del frío en mis palmas.
—Quiero hacer las cosas bien contigo —sonrió dulcemente, se veía lindo, como un perrito callejero —, si me dejas acercarme a ti.
La brisa de la tarde se sentía sofocante.
Él ya no se sentía tan incómodo.
—Ya te he dejado Sophiet —su sonrisa creció —, simplemente no me falles.