Demasiado Bueno

11. Actúas sin preguntar

11. Actúas sin preguntar.

30 minutos después de las 4:00 p.m. eso era lo que me había demorado en llegar a la universidad; había aprovechado que mi última clase fue hasta la 1 p.m. para salir corriendo a mi casa, cambiarme y volver.

De cualquier forma, llegué tarde, pero bien vestida.

Tenía puesto un jean ancho gris, una camisa blanca que llegaba a la altura del ombligo, unos pocos accesorios y mucha mucha colonia, en caso de que sudara de más.

Sostenía mi celular en la mano y miraba alrededor buscando a Sophiet, esperaba que no se hubiera ido. Sería un buen momento para tener el número de él, pero me negaba a darle el mío; bajé la cabeza. ¿Podría haberse ido?

Me había seguido en Instagram el otro día, stalkeado todo mi perfil y dado like a mis fotos, tal vez podría escribirle por ahí.

Suspiré.

No me gustaba ser la primera en escribir.

—No esperas encontrarme mirando al suelo, ¿cierto?

Me sobresalté, la voz llegó muy cerca a mi oído.

Volteé para ver la cara de un sonriente Sophiet a la altura de la mía.

Dejé de respirar, su rostro estaba a centímetros del mío, los mechones que caían sobre su frente rozaban la mía.

Tragué en seco.

Alzó una ceja, confuso.

—Pudiste... haberme avisado que estabas detrás —dije cuando recuperé la cordura.

—Mi lindo Pajarito, eso fue exactamente lo que hice, pero con mis propias palabras —se dio la vuelta para quedar en frente de mí—. Estira tus manos.

Le hice caso.

Metió sus manos en los bolsillos de su jean y las sacó empuñadas, cuando las puso justo encima de las mías, las abrió dejando caer decenas de dulces.

Hice mis mejores maniobras para que algunos no se cayeran.

—¿Esto es para mí?

—No, Pajarito, para Belce y Rox.

Fruncí el ceño, no sabía que se llevaba tan bien con Rox.

Sentí un dedo en medio de mis cejas, borrando mi ceño.

—Espero que no creas que eso es verdad.

Lo miré confusa.

—Pajarito —reclamó.

Sonreí incómoda.

—No pasa más.

—Espero que disfrutes los dulces porque no tengo ni idea de cuáles te gustan.

—Gracias, Sophiet.

Guardé los dulces en una cartera que había llevado.

Sophiet estiró su mano.

—Ven conmigo, Jana.

Seguí la dirección de su mano y entramos a la universidad.

***

—¿Nuestra salida es en la biblioteca?

—Tú debes ser una de las más inteligentes del salón, ¿no?

—JA. JA. —Reí sarcástica.

—Sí, Jana, nuestra salida es en la biblioteca.

Salté, amaba la biblioteca y así no tendríamos que hablar.

—Busquemos los libros —dije y corrí a los estantes.

Sophiet me siguió entre las estanterías de libros juveniles.

Estaba agarrando uno cuando lo sentí detrás de mí; pasó su mano al lado de mi cabeza y tomó un libro de un estante.

—Si tan solo te conociera —leyó el título.

Bajó su mirada a mis ojos y quité la mía de inmediato.

Tomó uno de los lazos de mi jean y me volteó rápidamente para quedar en frente de él.

Su mano volvió de nuevo a la altura de mi cara y agachó su cabeza muy cerca de mí.

Tragué.

—¿Qué opinas de este? —preguntó.

No había nada, mi mente estaba vacía.

—Pajarito —sonrió—. Respira, mira a los lados.

Le hice caso.

—Este piso de la biblioteca está solo para los dos, me encargué de eso.

Era cierto, estaba extrañamente vacío.

—¿Qué hiciste?

—Quería que estuvieras cómoda, ¿estás cómoda? —acercó su rostro un poco más al preguntarme.

Dios. Hoy se veía mucho más guapo que ayer.

Tenía que admitirlo, Sophiet era lindo, con razón tantas chicas hablaban sobre él.

Todo de él era perfecto. Físicamente.

Su pelo cayendo por su frente, sus cejas gruesas, su lunar en el cachete, su nariz, su respiración agitada, sus labios.

Sus labios eran muy lindos.

—Jana.

Subí mi mirada a sus ojos de inmediato.

Sophiet volvió a poner el libro en su lugar y puso su mano ahora libre apenas tocando mi cintura, lo suficiente para acercarme más a él.

Estaba a unos 5 cm de él.

Apoyó su cabeza en mi frente, escuché su respiración tranquila, era apenas un ruido en el aire.

Empezó a tararear algo.

Una canción.

Me relajé.

Tomó mi mano y empezó a moverme de un lado al otro, suave, lento, siguiendo el ritmo del tarareo.

No despegó su cabeza de la mía en ningún momento y tampoco volvió a abrir los ojos, así que podía mirarlo.

Bailamos al ritmo de Moon Song.

Me gustó más de lo que creía.

Estábamos solos, sin externos y bailando como dos tontos.

Sabía que le divertía un poco por las pequeñas sonrisas que hacía cada que me daba vueltas y lo pisaba.

Esto era algo nuevo de Sophiet.

Me estremecía con cada toque.

Y me gustaba.

—Te daría la luna —citó la canción.

***

Rato después nos fuimos a leer a la mesa, nos sentamos frente a frente con el espacio de la madera dividiendo. El ambiente había cambiado por completo, sonaba una música muy bajita de un pequeño bafle que Sophiet había traído y cada uno leía en silencio.

O bueno, Sophiet lo intentaba.

Se le hacía muy difícil callarse.

—Jana —me llamó por tercera vez desde que nos habíamos sentado.

Lo miré.

Tenía los ojos asomando por detrás del libro, me observó de arriba abajo y dijo:

—Te ves muy linda hoy.

Puse los ojos en blanco, le gustaba ponerme incómoda.

Y podía afirmarlo por la carcajada que le había salido después de ver mi reacción.

***

Pov Sophiet

Rocé mi mano intencionalmente con la de ella y se apartó de inmediato.

Reí.

—Jana, me encanta descifrarte —solté—, y creo que lo seguiré haciendo por un buen rato.

—Tonto. —Volteó los ojos.




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