10. No sé cómo hablar contigo.
Hoy era el día.
El día de la cita.
Anoche, entre estudios y sobrepensar qué me iba a poner, apenas pude dormir un par de horas. Hoy la universidad me recibía como siempre con un montón de personas caminando, lo diferente era que hablaban más bajo de lo normal cuando pasaba y mantenían su mirada más tiempo en mí, como empezaron a hacer hace un par de días.
Había decidido seguir estudiando y, aunque trataba de repasar el texto una y otra vez, algunas cosas ya no se estaban quedando en mi cabeza.
—¿Pajarito?
—¿Pajarito?
—¡Jana! —gritó Sophiet.
—¿Qué te pasa? ¿Por qué gritas? —alcé la cabeza con molestia.
—Llevo llamándote hace 5 minutos, Pajarito, ¿qué te pasa? —¿Estás bien? —cuestionó con preocupación.
Suspiré: —La verdad es que no, estoy mentalmente exhausta. —Dejé caer mis hombros, esta semana había sido del asco, sobre todo en cuanto a los estudios.
—¿Es por la presentación de hoy?
Mi mirada recayó en el piso de baldosas amarillas donde estábamos sentados. Odiaba tener que hacer presentaciones, nunca estaba lista para hablar en frente de un montón de personas.
—Ey —Sophiet tomó mi barbilla con su mano para que lo mirara y mi piel se erizó con su contacto—. Lo vas a hacer espectacular, llevas estudiando toda la semana Pajarito, ninguna de las demás personas hará una presentación como la tuya y eso que yo también me voy a presentar y soy fabuloso —reí, él amaba idolatrarse—, solo imagínate entonces cómo de bien lo harás tú.
—Está bien —respondí.
—¿Segura?
—Ujum.
—Pajarito —mencionó en advertencia.
—Veinte por ciento segura.
—No te preocupes, si pasa algo, saldremos corriendo de ese salón, los dos juntos.
—Está bien, Sophiet. —Giré los ojos, era un exagerado.
—¿Segura? —ladeó la cabeza buscando mis ojos.
—Cien por ciento —respondí esta vez riendo.
—Entonces vamos. —Se puso de pie y me tendió su mano, la tomé sin dudar y caminé a su lado.
—Gracias.
—Siempre será un placer, Pajarito, pero creo que como mínimo merezco que me pases tu número después de esto, ¿no te parece? —se detuvo en frente de mí esperanzado.
—Claro que te lo mereces, Sophiet —sonreí y sus ojos se iluminaron—, pero no te lo voy a dar, eres un intenso, no dejarás de mandarme mensajes extraños.
Hizo un puchero de tristeza y puso una mano sobre su pecho justo encima de donde está su corazón, como si este le doliera.
—Nunca nadie me había tratado tan mal.
—Vale, pero no vayas a llorar enfrente de mí. —Lo hice a un lado y caminé al salón riendo.
***
—Puedes pasar, Jana —avisó mi profesor.
Apreté con más fuerza el papel con apuntes en mi mano, a este punto seguramente estaba lleno de sudor e ilegible. Observé a mis amigos animándome antes de caminar en frente del tablero, sabía que podía hacerlo, seguro que sí, me conocía absolutamente todas las líneas que diría.
Busqué mi presentación en el computador del profesor y, mientras lo hacía, pude ver de reojo cómo Sophiet se ponía los audífonos justo cuando a mí me tocaba exponer.
Bueno, en realidad no éramos tan amigos.
—Mi nombre es Jana Miller y hoy les voy a hablar sobre métodos de investigación.
A pesar de que sentía cada gota de sudor bajando por mi cuello, rostro y espalda, sabía que mi ropa negra lo disimulaba bastante bien y mi cabello suelto cubrió lo que podía. Ya iba por la mitad de la presentación y todo iba tal como lo había practicado.
Perfecto.
—Deja de moverte tanto, nos estás molestando —se quejó alguien de manera tosca.
Ca.si per.fec.to.
Y no, no me volví a mover, ni tampoco a hablar, de repente todo lo que había estudiado, todo lo que sabía, lo había olvidado por completo. Se formó ese nudo en mi garganta que no me dejaba ni decirle al profesor que había acabado, aunque me faltara media diapositiva.
Mi mirada se desvió a la de mis amigos sentados en la parte de atrás del salón, sus ojos asustados me decían que ya se habían dado cuenta de lo que había pasado. Estaba sudando demasiado, a tal punto que sentía mi cuerpo caliente, con excepción de mis manos completamente frías.
Inflé mis cachetes tratando de decir algo, pero fue en vano, solo causó que mis ojos se pusieran llorosos y la mano que tenía los apuntes empezó a temblar.
Todo eso pasó en menos de 1 minuto.
Todo por un comentario grosero y completamente fuera de lugar.
—Modélame así, dame ahora tu mejor pose, pose, pose —escuché cómo empezó a susurrar alguien una canción.
—Vívetelo así, dame ahora tu mejor pose, pose, pose —se escuchó más alto —, modélame así, dame ahora tu mejor pose, pose, pose.
De repente, esos susurros se convirtieron casi en gritos, el salón completo, incluido el profesor, se giró para observar al alborotado chico con audífonos, quien no sabía qué tan alto estaba cantando.
» Ella está matando en el club, en mi lista la tengo en el top, es impredecible, tiene doce ráfagas como un rifle, yeah.
Sigue así tu movimiento, lo siento, me estás quitando el aliento, cuando te pegas frente de mí, bebé...
Continuó cantando y de la nada sus ojos se cruzaron con los míos, sin dejar de cantar, señaló la puerta con su cabeza, la señaló varias veces, pero no me moví.
Ni siquiera cuando el profesor comenzó a regañarlo por hacer tanto alboroto, simplemente estaba congelada, no fue hasta que Rox y Belce se acercaron a mí y me tomaron por los brazos que pude salir de ese salón y nadie se dio cuenta.
Todos estaban mirando a Sophiet mientras peleaba con el maestro.
Yo también lo estuve mirando hasta que salí y cuando me detuve en la puerta para agradecerle desde lejos, él me estaba mirando, me guiñó un ojo y siguió peleando como si su vida dependiera de ello.
—¿Cómo iba a darme cuenta de que estaba cantando tan alto? —fue lo último que le escuché.