Eira dejó de contar los caballos que entraban al patio cuando comprendió que ninguno venía de Mild Skog.
Había pasado toda la mañana pendiente del ruido de los cascos contra la piedra, esperando reconocer a Yvana, a Torin o por lo menos algún rostro conocido entre las personas que seguían llegando para la boda.
No ocurrió.
Sobre la cama descansaba el vestido que utilizaría al día siguiente. Blanco, bordado con hilos plateados y pequeñas piedras claras. Liv y otras dos mujeres trabajaban alrededor de él, revisando el velo y los últimos detalles.
—¿En Mild Skog existe alguna tradición que quiera incorporar mañana? —preguntó Liv.
Eira apartó la mirada de la ventana.
Había asistido a suficientes ceremonias de unión para recordar flores, ramas de los árboles de la manada, cintas y pequeños objetos entregados por las familias para representar el hogar de los novios.
Pero ella nunca había tenido que aprender todos los detalles.
Saga sí.
Saga había sido preparada para aquella boda.
Eira no.
—Mi madre sabrá qué podemos utilizar —respondió—. Esperaré a que llegue.
Liv asintió y continuó trabajando.
Eira volvió a mirar hacia el patio.
Al caer la tarde, nadie de Mild Skog había aparecido.
Eira se encontraba revisando algunos adornos cuando Soren entró al salón. No sonreía y eso bastó para ponerla en alerta.
—¿Sabes algo?
—Recibimos noticias.
Eira dejó lo que tenía entre las manos.
—¿De mi familia?
Soren se acercó.
—No vendrán.
—¿Qué pasó?
—Al parecer no pudieron organizar la comitiva a tiempo. Los caminos comienzan a complicarse y ahora sería demasiado arriesgado intentar cruzarlos con tantas personas.
Eira frunció el ceño.
—El invierno fuerte todavía no ha llegado.
—No.
—Y el mensaje salió hace días.
Soren soltó lentamente el aire.
—Eso creíamos.
Eira lo observó.
—Mi madre habría venido.
—Quiero creer que sí.
—¿Qué significa eso?
—Nada.
—No sonó como nada.
Soren guardó silencio unos segundos.
—Mi padre está molesto.
—¿Conmigo?
—No exactamente. Mañana el heredero de Mork Skog contraerá matrimonio y no habrá un solo representante de Mild Skog presente. Algunos podrían interpretarlo como un desaire.
Eira sintió calor en el rostro.
—Mi familia no haría eso.
—No he dicho que lo hicieran deliberadamente.
—Pero lo estás pensando.
—Estoy pensando en cómo se ve desde nuestra posición.
Nuestra.
Por primera vez aquella palabra no la hizo sentirse incluida.
—He tenido que explicar que su ausencia no significa que Mild Skog esté tomando esta unión a la ligera —continuó Soren.
—¿Tuviste que defenderlos?
—Tuve que recordarles que tú sí has cumplido con todo lo acordado.
Eira bajó la mirada.
—¿Debería disculparme con Valdemar?
—No hiciste nada.
Pero su voz ya no tenía la calidez de otros días.
—Podríamos retrasar la boda —propuso ella—. Solo unos días, hasta saber qué ocurrió.
Soren la miró.
—Hay familias que han viajado durante días para estar presentes.
Eira entendió.
—No importa. No quiero causar más problemas.
—Quizá ambos estamos cansados. Esto no era algo que esperábamos tener que resolver hoy.
—Lo siento.
—No necesitas disculparte conmigo.
Pero Eira ya lo había hecho.
Soren rozó brevemente sus dedos.
—Termina los preparativos. Mañana será un día importante.
Después se marchó.
Era la primera vez desde que Eira había llegado a Mork Skog que una conversación con Soren la hacía sentirse peor.
La tarde se convirtió en noche.
Eira ya no quiso elegir ninguna tradición para la boda. Las flores de Mild Skog no crecían allí y cualquier imitación le parecía absurda.
Quería a su familia.
Nada más.
Cuando ya no soportó permanecer en sus habitaciones, salió con intención de caminar un poco.
Darek estaba cerca de las escaleras.
—¿A dónde vas?
—A caminar.
Él miró hacia las ventanas.
—Está oscureciendo.
—Puedo verlo.
—Entonces comprenderás por qué no es buena idea.
Eira cerró los ojos un instante.
—Hoy no, Darek.
Intentó pasar junto a él.
—Tu familia no vendrá.
Se detuvo.
—Ya lo sé.
—Deberían estar aquí.
Eira volvió la cabeza.
—¿Tú también?
—Mild Skog aceptó esta unión. Mañana se celebra una alianza entre ambas manadas. Debería haber representantes de tu familia.
—Estoy yo.
—Tú eres la novia.
—Parece que eso no es suficiente para nadie.
—No dije eso.
—No hacía falta.
Darek mantuvo la expresión seria.
—Su ausencia importa.
—Mi madre no decidió faltar.
—No sé lo que decidió tu madre.
—Entonces no la juzgues.
—Estoy juzgando lo que ocurrió.
Eira apretó la mandíbula.
—No puedo controlar los caminos, los mensajes ni lo que haya sucedido en Mild Skog.
—No necesitas controlarlo todo.
—Eso parece ser exactamente lo que esperan de mí.
Darek sostuvo su mirada.
—Espero que controles aquello que sí depende de ti.
—¿Y qué es exactamente?
—Tú.
Eira soltó una risa sin humor.
—En Mork Skog todo consiste en ser fuerte.
—Sí.
—No todos podemos ser como tú.
—No te estoy pidiendo eso.
—Entonces deja de decirme cómo debería comportarme.
Darek endureció la mandíbula.
—Regresa a tus habitaciones.
—Buenas noches, Darek.
—Eira.
Ella siguió caminando.
No iba a quedarse allí hasta terminar llorando delante de él.
No tardó demasiado en encontrar una oportunidad.
Uno de los guerreros llamó a Darek desde el otro extremo de la galería. Mientras él atendía el informe, Eira regresó por otro corredor, bajó unas escaleras y salió por una puerta lateral.
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Editado: 12.09.2026