El último día de tu vida

IV. Ojo por ojo

"Vamos por ti sin importar nada. Vamos por ti, esta es la caza"—. Ruelle.

Septiembre 09 del 2014.

Londres — Reino Unido.

La habitación se había convertido en un misterioso y silencioso campo de batalla en donde Alexia seguía subida en el regazo de Álvaro y Maximus se dedicaba a colocar otro dispositivo explosivo en la pared frente a la cama.

Mientras esperaba a que el dispositivo se activara, movió sus ojos por el lugar, posándolos antes en el cuerpo de Alexia que seguía susurrando quién sabe qué en el oído de Álvaro. A pesar de que estaba de espaldas a él, podía imaginarla con la neurótica y deleitante sonrisa plasmada en su rostro.

Finalmente, sus orbes esmeraldas se detuvieron en un portarretrato negro con bordados dorados que parecían de oro, el cual contenía una fotografía de una niña de cabello rizado y ojos negros idénticos a los del narco, provocando que su estómago se estrujara con la sola idea de que la niña de no más de ocho años de edad se encontrara en la mansión.

Volvió a buscar a Alexia, que esta vez estaba parada al lado derecho de la cama apuntando sin ningún tipo de escrúpulo al ruso de ojos negros que se negaba a moverse del lugar.

—Arriba —ordenó en un gruñido bajo la mujer, sin dejar de mirarlo.

Maximus respiró hondo, dando una última mirada a la fotografía antes de ver cómo la bomba estaba activada. Dejó atrás sus pensamientos preocupados por la niña, que por ahora era inocente porque bueno, el bien justifica los hechos, ¿no?

En estado de alerta, movió sus ojos con rapidez hacia Alexia cuando escuchó un grito amortiguado por la tela, y notó la pierna izquierda de Álvaro con un largo corte en el muslo y a Alexia sosteniendo el arma blanca con la hoja que goteaba manchando levemente las sábanas.

Con pasos grandes se acercó a la cama y tomó por el cuello a Álvaro obligándolo a levantarse, para luego soltarlo como si el solo hecho de tocarlo le provocara asco. Con la punta de su botín de cuero negro golpeó el pie desnudo del hombre para que este lo mirara y siguiera a Alexia hacia la ventana.

Con tranquilidad esperó a que ella descendiera sin mirar atrás, para luego encargarse de sujetar a Álvaro para hacer que descendiera. Con la pistola en la mano, apuntó hacia el lugar para que imitara las acciones de Alexia. Sin embargo, este se volvió a negar a hacerlo, así que con un gruñido bajo tomó al hombre por el cuello una vez más y se acercó a él para murmurar en forma de amenaza:

—No soy tan compasivo como ella, así que baja de una maldita vez.

Observó a Álvaro tragar saliva antes de asentir con su cabeza e inclinarse, sintiendo cómo el vértigo por la acrofobia lo azotaba de una manera inexplicable. Álvaro volvió a tragar, sintiéndolo imposible por la tela que estaba atrapada entre sus dientes.

Su garganta estaba seca, y sus piernas y manos temblaban mientras subía al marco de la ventana. Trataba de mantener sus ojos en el horizonte, pero el aire frío le recordaba lo que estaba a punto de hacer, y la ansiedad por la acrofobia le causó que se aferrara con fuerza al arco de madera.

Escuchó a su espalda un largo bufido y sintió cómo un pie se impactaba con él, y luego el aire frío golpeó su cuerpo con violencia mientras caía del ventanal. Sus ojos negros se abrieron con sorpresa y un grito amortiguado por la tela se escapó de sus labios mientras que los latidos de su corazón se intensificaban.

Miró cómo Alexia lo esperaba con una sonrisa plantada en sus labios, y no pudo evitar volver a gritar y cerrar sus ojos con fuerza por el miedo cuando de la nada se detuvo a escasos centímetros de tocar el suelo para que luego cayera sin ningún tipo de delicadeza.

—Aún no es tu hora de morir —escuchó cómo pronunció Alexia con una sonrisa plantada en sus labios.

Segundos después fue colocado de pie por Maximus, que tenía el cabello alborotado por la brisa fría nocturna típica de Londres. Luego de eso, sintió cómo el cañón de una pistola se colocaba en su nuca y un empujón brusco que le hizo seguir a Alexia cuando ella comenzó a caminar con precaución y el arma de nueve milímetros entre sus manos.

Lograron adentrarse una vez más al desagüe sin ser descubiertos, imitando las mismas acciones de antes.

Avanzaban en silencio por el asqueroso lugar mientras Maximus seguía dejando más dispositivos por todo el sitio y Alexia caminaba detrás del cuerpo de Álvaro, con el cañón de la semiautomática negra posada en el centro de la espalda.

Recordando el temporizador en su muñeca, Alexia elevó su mano para divisar el tiempo restante. Quince minutos para que el núcleo finalizara.

—Quince minutos —pronunció, llamando la atención de Maximus que apresuró su paso para poder acercarse.

—Ya estamos en la salida —aclaró él, señalando las escaleras soldadas al concreto, y pasando a un lado de Alexia para poder subir primero y asegurarse de que la zona estuviera despejada.

—Sube —le ordenó ella, afincando el cañón en su nuca y empujando su cuerpo con él.

Alexia observó cómo Drodraki subía con una lentitud asfixiante y, cuando estaba llegando a la punta, las manos de Maximus sujetaron sus hombros obligándolo a salir. Respirando hondo, guardó la pistola en la cinturilla de sus pantalones y escaló con rapidez, encontrándose con la cara de horror de Álvaro y una deleitante sonrisa plantada en el rostro de Maximus.



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En el texto hay: mafia, violencia dolor venganza

Editado: 14.09.2026

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