El último día de tu vida

V. De regreso a donde perteneces

"En este jodido cuento de hadas moderno, los finales felices no existen"—M.L. Rivero

Septiembre 09 del 2014.

Londres — Reino Unido.

Alexia se había perdido en las emociones expresadas en el rostro de Álvaro que no notó cuando varios entes empezaron a salir de la mansión. Por lo cual, sin ningún tipo de mandato por parte de ella, Maximus caminó hacia ellos y sin darles tiempo de suplicar comenzó a asesinarlos.

Comenzó por uno que sangraba por sus oídos, tomándolo por el cabello que estaba cerca de la nuca, pasó un cuchillo por su cuello, degollándolo. Luego fue con otro que se cayó de rodillas sobre el concreto, a ese le disparó en la cabeza. Siguiente a ese, fue uno que salía literalmente arrastrándose y el cual elevó su mano izquierda murmurando una súplica de ayuda antes de que Maximus le rompiera el cuello.

Minutos después había más de quince cuerpos tirados en el concreto; él esperó por si salía uno más. Sin embargo, nada pasó, así que, con la respiración agitada por el ejercicio, se acercó al cuerpo de Alexia que aún seguía metida en su trance, y colocó una mano en su hombro derecho sobresaltándola.

Alexia buscó sus ojos, y se encontró con su hermoso rostro salpicado de sangre. Perdida en su burbuja, ella elevó su mano y trató de limpiar su mandíbula cuadrada manchándola aún más.

—Terminemos con esto —comentó él, tomando su mano y besando su palma.

Alexia asintió y sacudió su cabeza para poder concentrarse en lo que estaba haciendo. Giró sobre sus talones y le dio a Álvaro su mayor sonrisa de psicópata antes de sacar de su muslo izquierdo un cuchillo de doble filo para poder mostrárselo al ruso, que había comenzado a derramar gruesas lágrimas que corrían por sus mejillas, deleitándola a ella.

—Guardé este especialmente para ti —articuló con una tétrica sonrisa plasmada en su bonito rostro—. Eres tan hermoso, bebé —halagó al arma, pareciendo una completa psicópata.

Depositó un beso en la afilada hoja sin despegar sus ojos del occiso e impotente hombre. Rápidamente volvió a tomar el objeto por el mango y sin misericordia lo enterró en su órgano genital, mientras que Álvaro comenzó a retorcerse de un lado a otro intentando liberarse, mutilando sus muñecas y tobillos por las esposas, con sus ojos cristalizados.

—No te atrevas a llorar, marica. Te encanta hacerte el macho alfa... pues te informo que los machos alfas no lloran, cabrón —murmuró entre dientes, retorciendo el arma e incrustándola un poco más, rasgando el pantalón.

Sus ojos frívolos se posaron en la ensangrentada entrepierna antes de agregar con la voz vacía:

—Oh, no hay nada allí —susurró, haciéndose la sorprendida cuando el órgano cayó al suelo produciendo un sonido de chapoteo seco—. Contra el suelo —ordenó hacia su cómplice, el cual acató el mandato dócilmente—. Veamos cómo está ese culo ruso.

Álvaro comenzó a retorcerse entre el agarre que le estaba haciendo Maximus, provocando que él aplicara más fuerza mientras lo arrojaba al suelo separando sus piernas y dejando que Alexia se acercara a ellos con una neurótica sonrisa plasmada en su rostro.

Cuando ella notó que Álvaro estaba apretando sus glúteos, sacó su pistola con silenciador y le disparó en la pierna derecha para luego pegar el cañón caliente en sus nalgas, sabiendo que a pesar de que había tela de por medio, aun así, iba a quemarlo.

Le tendió su arma a Maximus para que la tomara, lo cual hizo llevándola inmediatamente a la nuca del ruso para luego susurrar:

—Quieto, perro.

Con una mueca de asco, Alexia tomó el miembro del hombre y con ayuda de Maximus bajó el pantalón de pijama del ruso para luego separar sus nalgas, topándose con el rosado aro anal de Álvaro. Sin ningún tipo de pesar, insertó el pene, siendo consciente de que sin dilatar provocaría un exorbitante dolor, como si lo estuvieran rompiendo en dos.

Aun con la ayuda de Maximus para poder mantener quieto el cuerpo de Álvaro, ella se inclinó moviendo adelante y hacia atrás el pene, penetrándolo, disfrutando sus quejidos de dolor.

Sonrió insanamente mostrando sus perlas blanquecinas antes de preguntar con sorpresa falsa:

—¿Quieres más? —ignorando cómo el ruso negaba frenéticamente con la cabeza, agregó negando con su cabeza—. Eres un maldito goloso.

Tomó el arma de doble filo que había lanzado al suelo y con una mueca de asco sacó el pene del orificio reemplazándolo con el cuchillo, rompiendo las membranas de la zona con los labios apretados en una firme línea.

—Busca una vara, este jodido goloso quiere más. Es una maldita puta ambiciosa —rió, dándole un cuchillo a su colega.

Maximus se encargó de tomar una de las varas que quedaron de los escombros, y afiló su punta para luego abrir un hoyo en la tierra frente a la desecha mansión.

Finalmente, se acercó a ella cuando culminó su acción, ayudándola a cargar el flácido cuerpo del hombre mientras que ella le arrebataba la tela que cubría su boca.

—Maldita puta —murmuró Álvaro con la voz desgastada y ronca—. Van a coger tu maldito culo hasta que no puedas más. Van a enterrar tanto sus vergas en ti que va a salir por tu boca, zorra...



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En el texto hay: mafia, violencia dolor venganza

Editado: 14.09.2026

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