"Los sueños pueden ser efímeros, pero podrían llenar tu cuerpo de un miedo atroz, dolor enloquecedor y frustración estresante. Y solo necesitan ese breve momento de duración"—M.L. Rivero
Septiembre 16 del 2014.
Londres — Reino Unido.
La tenue iluminación de la habitación hizo que achicara sus ojos para poder acostumbrarse a ella. Podía escuchar a lo lejos pequeños sollozos que hacían que los vellos de su cuerpo se erizaran; sin embargo, eso no evitó que diera dos tentadores pasos hacia adelante, acercándose al bulto tembloroso enredado entre las sábanas blancas.
El color rojo intenso de las paredes hacía lucir el lugar un poco encendido y tétricamente lujoso. Sin embargo, el olor a alcohol, marihuana y cigarrillos lo hacía parecer más como un burdel. De repente, la mesa en el suelo con pedazos de vidrios esparcidos por el lugar, las sábanas deshechas, los sonidos y el aroma hicieron que en su mente hubiera un clic, haciendo que se horrorizara y corriera hacia la cama desordenada.
Una chica de cabello negro, moretones en el cuerpo y rastros de sangre seca en su rostro la recibió. Sus orbes se movieron inmediatamente por su pequeña anatomía, que estaba encorvada en posición fetal. Lloraba con los ojos fuertemente cerrados; las uñas de sus manos se enterraban en sus piernas mientras las abrazaba con violencia. De alguna manera u otra se balanceaba de un lado a otro mientras murmuraba para sí repetidas veces la misma frase, la cual se colaba por sus oídos haciendo que retrocediera con el temor invadiendo cada recóndito lugar de su cuerpo.
Se sintió impotente y completamente aterrada. Con el miedo carcomiendo sus entrañas, giró rápidamente sobre sí misma y gritó horrorizada cuando se impactó contra la anatomía de alguien.
Inmediatamente fue sostenida, así evitando que cayera sentada sobre su trasero. Subió la mirada cuando dos manos gruesas y morenas tomaron sus hombros apretándolos más de lo debido, llegando a lastimarla.
Sus orbes marrones se posaron en la cara del varón con sonrisa ladina, cuyos ojos estaban dilatados y quien acercó más su cuerpo al suyo, haciendo que ella hiciera un mohín con sus labios reteniendo el llanto que se construyó dentro de sí, mientras que cerró ambos ojos apretándolos fuertemente.
Sintió cómo algo detrás de sí se movía, enviando un escalofrío por su espina dorsal y haciendo que contuviera todo el aire dentro de sus pulmones.
El varón se movió, enterrando su cara en el hueco que une su cuello y hombros, aspirando profundamente, pegando su nariz en la zona en el trayecto. Sus ojos se llenaron de lágrimas, e infló sus mejillas cuando respiró profundamente en un intento fallido de calmar los acelerados latidos de su corazón.
El miedo la estaba dominando, y no sabía qué hacer. Ella no era así. Lo fue, pero no ahora. Actualmente es una mujer fuerte y valiente, alguien que no se deja intimidar por nadie. Sin embargo, cuando él levantó su mano, se encogió en su lugar y un sollozo se escapó de su boca.
—Por favor, no —suplicó sin poder detenerse, con los ojos cerrados.
De repente, una mano pequeña se posó sobre su hombro derecho y la hizo girar bruscamente, arrancándole un grito de horror cuando se topó frente a frente con sí misma. Solo que con el rostro desfigurado por los miles de golpes; la nariz y boca le sangraban y cuando habló, una gota de aquel líquido golpeó su rostro.
—Tú pudiste detener esto desde el día uno, por ti, por mí, por nosotras, pero has decidido callar. Y ahora estas son las consecuencias de tus propias acciones —la voz era vacía; incluso sus ojos marrones oscuros que alguna vez brillaron como un hermoso lucero eran carentes de vida, y los dientes estaban manchados de sangre. Lucía como ella, sin embargo, adentro no había nada. Estaba perdida... solo había oscuridad—. Tú pudiste detener esto desde el día uno, por ti, por mí, por nosotras, pero has decidido callar. Y ahora estas son las consecuencias de tus propias acciones —repetía una y otra vez sin detenerse, aún con la mano puesta sobre su hombro, la cual cada vez que pronunciaba la oración afincaba sus dedos en la zona, enterrándole las uñas causándole un ardiente dolor.
Antes de que pudiera preguntar a qué mierda se refería, fue tomada nuevamente de los hombros y girada bruscamente, haciendo que un largo y profundo rasguño recorriera todo su hombro. Quedó otra vez frente al hombre, pero no podía distinguirlo del todo debido a que tenía los ojos nublados por las lágrimas que estaban acumuladas en ellos.
Y antes de que pudiera procesar lo que estaba sucediendo, su cuerpo fue tirado abrupta y toscamente en el suelo, con el lado izquierdo de su rostro ardiendo por el fuerte puñetazo que fue propinado y el otro por el impacto contra el mármol pulido negro. Pequeñas gotas de sangre cayeron salpicando, el color contrastando con el del suelo.
Sus ojos se cerraron y abrieron repetidas veces antes de poder aclarar su mirada. La zona donde debería ir sus pulmones quemaba por el tiempo que había retenido su respiración. Su corazón golpeaba repetidas veces contra su caja torácica, haciéndola sentir acelerada.
El miedo la había paralizado por completo; todo lo que ha aprendido con el pasar de los años se fue a la maldita basura. Por más que su mente le gritaba de manera demandante que podía con él, que podría simplemente derribarlo y molerlo a golpes como muchas veces ha hecho con ineptos que quieren pasarse de listos con ella. Sin embargo, algo dentro de sí —su rostro, su asquerosa sonrisa de superioridad, el calor asfixiante que desprendía su cuerpo cuando se posó encima de ella, la manera tosca en la que pasaba sus manos por su cuerpo, y sin duda alguna, la forma en la que su respiración golpeaba su anatomía cuando acercaba su rostro para poder olerla— la paralizó por completo, con su mente en blanco, haciéndola sentir como aquella niña pequeña asustada que fue hace muchos años atrás.