AHORA
Sonríe. Sonríe más. Alza la barbilla o se te hará papada. Tú ángulo derecho es el bueno, no te gires. Mete el estómago.
La voz de mi madre se repite en bucle en mi mente tal como me ocurre cada que tengo una cámara enfrente. Ni siquiera el día de mi boda puedo descansar de sus hirientes juicios.
—Te ves preciosa, el blanco es tu color —dice la fotógrafa mientras el aparato en sus manos hace clic una y otra vez.
—Te agradezco —respondo con mucho cuidado de no perder la pose.
—Y qué decir del maquillaje, ¿a que no? —interviene Marlene con la brocha del rubor aún en la mano.
La fotógrafa alza la vista para analizarme sin el lente de la cámara de por medio.
—Sí, muy lindo. Sutil y elegante. —Echa un vistazo sobre su hombro a la rolliza mujer en la esquina de la habitación y luego vuelve a enfocar la cámara.
—Cuando Jessica me dijo que se casaba, supe que yo tenía que encargarme del maquillaje. No iba a permitir que otra se llevara su gran día —añade con la barbilla redonda en alto y sus rebeldes rizos cayendo sobre su cara.
—Ah, así que se conocen de antes —deduce la fotógrafa y me da la impresión de que más que curiosidad, está siguiendo la charla por educación.
—Así es. La conocí al tomar una de sus clases y ahora somos grandes amigas —responde Marlene, rebosante de felicidad.
Estiro mi sonrisa un poco más. No sé si grandes amigas es el término adecuado para describirnos, conocidas sería más atinado. Yo no tengo amigas.
—¿Clases? No sabía que eras maestra, Jessica —dice la fotógrafa y me hace un ademán con la mano para que dé un paso al costado, donde la luz es mejor—. ¿Maestra de qué? ¿Matemáticas? ¿Historia?
—No son ese tipo de clases, soy coach…
—Jessica tiene un estudio de Pilates en Market Street —interrumpe Marlene.
—Ah, vaya, eso explica que estés en tan buena forma —dice la fotógrafa y hace otro clic—. Cuando te conocí, hasta pensé que podías ser modelo.
Rechino los dientes.
—Te agradezco, eres muy amable —me obligo a responder, puesto que, debo recordar, ella pretende hacerme un cumplido y no tiene la menor idea de la vieja herida que acaba de remover en mí.
—Pero eso no es todo —interviene Marlene—. Además de ser la mejor coach, Jessica es toda una influencer del mundo fitness. Tiene miles y miles de seguidores en redes sociales. ¡Búscala! La encuentras como @JessyNic_Pilates.
La sonrisa de la mujer delante de mí se borra de golpe. Baja la cámara a su regazo y endereza la espalda hasta quedar recta como una tabla.
—Cuando me contrataste te comenté que no hago colaboraciones con influencers, mi trabajo no es para contenido en redes —dice en un tono serio, que casi suena a reprimenda—. He tenido muchos problemas con influencers en el pasado. Tantos que fue necesario establecer una política para evitarlos. No deseo que la historia se repita.
Los labios de Marlene forman una enorme O indignada.
Cierra la boca, no eres un pez, diría mi madre con inconfundible saña.
—Sí, estoy al tanto… —Su nombre ha desaparecido por completo de los registros de mi memoria. Recurro al truco de repasar el abecedario que usaba cuando iba a castings y no lograba recordar el nombre de algún director. A… no; B… no; C… no; D… ¡Denise! De Denise Fotografías—. Estoy al tanto, Denise. No es mi intención verte la cara, ni usar tu material para mi página. De hecho, no pienso subir fotografías de mi boda a redes. Jeremy, mi novio, es una persona muy privada. Él prefiere que estos momentos sean solo para amigos y familia, y yo acordé mantenerlo así. —A mi explicación le hace falta la de discusiones que Jeremy y yo tuvimos al respecto. Una novia influencer que no puede compartir su día más importante, ¡vaya atropello! Pero al final mi prometido acabó imponiéndose o, más bien, yo cedí con tal de llevar la fiesta en paz. No iba a desgastar mi relación por una cosa así… aunque en el fondo esté inconforme.
La expresión de Denise se suaviza.
—Ah, qué alivio… Lo siento, no quise ponerme pesada. Es solo que, como te digo, he tenido problemas en el pasado por estos temas. Gente que pretende pagarme con menciones o que piensa que debo conformarme con la oportunidad de trabajar para un “famoso”. Ahora evito por completo todo ese ámbito.
No me pasa por alto el desdén que imprime en la palabra famoso, pero no tomo ofensa, Denise no es la primera ni la última persona en mirar hacia abajo a las personas que hacemos contenido en redes. De hecho, alguien bastante cercano a Jeremy opina igual…
—¿No había un vestido más ajustado? Es una boda, no una noche en el club.
Las tres nos giramos hacia la voz en la puerta.
Margaret Montgomery me repasa de arriba abajo con expresión petulante. Lleva un vestido negro de manga larga a lo Morticia, muy apropiado para dejarle saber a todo California lo que piensa de que su único hijo, el prestigioso abogado Jeremy Montgomery, se case con una instructora de pilates/influencer.
Ignoro la maliciosa observación y me fuerzo a esbozar una sonrisa conciliatoria. Esta mujer está a menos de una hora de convertirse en mi suegra, al menos debo intentar llevar la fiesta en paz con ella.
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Editado: 03.10.2026