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Hay días en que una puede estar en todas partes y, sin embargo, no encontrarse en ninguna.
Cumplir con lo pendiente, responder cuando la llaman, sonreír en el momento adecuado. Todo parece estar en su sitio, menos algo que no se ve y que tampoco encuentra la manera de explicarse.
A veces me pregunto cuántas Cecilias existen dentro de una misma. La que resuelve, la que conversa, la que hace bromas y parece estar bien. Y esa otra que, cuando nadie mira, se queda quieta, como si llevara demasiado tiempo sosteniendo un universo entero sin saber dónde descansar.
No siempre es tristeza lo que se siente. A veces es una especie de silencio interior, una distancia entre estar aquí y sentirse realmente aquí.
Y quizás no necesitamos encontrar grandes respuestas para todos esos días. Quizás basta con dejar de exigirnos tanto, reconocer que algo nos duele y permitirnos recibir un poco de cuidado.
Porque incluso los planetas atraviesan temporadas de oscuridad sin dejar de pertenecer al universo.
Y yo quisiera recordar, especialmente en esos días, que no nací solamente para cumplir, resistir y continuar. También tengo derecho a sentir, a detenerme, a pedir compañía y a volver a encontrarme.
Hay muchas Cecilias dentro de mí.
Ojalá ninguna tenga que quedarse sola.
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