Inspirado a cambiar por ella Vol. 2

Parte 7

Aún entre sus sábanas, Luca no evita agitarse por una pesadilla que se siente tan vívida y brutal, que le recuerda su pasado de pandillero al romperle el rostro a otro chico de manera sádica y sin restricción.

Se levanta abruptamente entre jadeos y el rostro transpirado a pesar de estar en pleno invierno. Se toma el rostro con una mano y mira al frente.

-¿Cuándo acabarán estas pesadillas de aquel día? -se pregunta sin conocer la respuesta.

Mira su celular la hora. Son casi las 7 de la mañana del sábado. No tiene nada que hacer, puesto que en su trabajo de medio tiempo están haciendo reformas por lo que tendrá dos semanas sin ir.

Decide quedarse acostado unos minutos más y luego da un salto para salir de la cama. Sigue siendo sábado y un día soleado pero fresco como ese no se debe desperdiciar estando recostado entre sábanas calientes.

Su teléfono suena y vibra a la vez. Se apresura a ver quién es mientras se prepara un café con leche y calienta un poco de pan tostado. Sonríe al ver que el mensaje es de Soledad deseándole buenos días y que está afuera. Inmediatamente su expresión se torna en pánico. Mira a su alrededor, ropa desparramadas y bolsas de basura aún sin tirar.

Empieza a imaginar diferentes escenarios donde ella lo regaña por ser tan descuidado.

Entonces, el timbre de su casa suena y corre hacia la puerta. Traga saliva y gira la perilla para abrir la puerta. Al hacerlo, Soledad lo mira y da un brinco hacia él para abrazarlo colgándosele. Lo besa y sigue abrazándolo.

Son de esos momentos en que Luca desea que el tiempo se detenga y no acaben nunca. Se siente tan feliz que siempre sonríe a pesar de que le cuesta abrirse y devolver el abrazo, pero Soledad se acostumbró a ello y comprende que llevará el tiempo necesario a que se abra a demostraciones de afecto.

-¿Cómo estás amor? -pregunta ella.

-Bien. Hace un rato acabo de despertar y me puse hacer el desayuno. ¿Quieres algo? No hay mucho, pero…-dice él con cierto tono de vergüenza por no poder ofrecer más.

Soledad toma del suelo una bolsa y sonríe.

-Ya me anticipé. Hoy pasaremos el día juntos ¿sí? -sonríe ella mientras sostiene una bolsa con galletas, jugo, gaseosa, fideos y salsa. Todo para desayunar y almorzar.

Luca devuelve la sonrisa, aunque también siente frustración al no tener mucho en su casa. Luego recuerda el desorden dentro de su casa por lo que se preocupa ante lo que vaya a decirle ella.

Sin embargo, Soledad entra como si nada y observa el desastre de su novio. Lo primero que hace es soltar una carcajada y luego le da un golpe leve en la cabeza.

-¿Quieres que te ayude a ordenar? Bueno, luego de desayunar. -pregunta Soledad.

Luca se siente agradecido así que asiente con su cabeza. Prepara un té para ella a petición, y él la acompaña con un café con leche y galletas.

Soledad lo ve aún agitado y no duda en preocuparse por su bienestar.

-¿Estás bien? -pregunta ella.

-Algo así. -responde él.

-¿Tuviste una pesadilla? ¿la misma que hace tiempo? -indaga Soledad.

-Si. -responde Luca y asienta con la cabeza.

-¿Quieres hablar al respecto? -pregunta ella.

-No hay mucho que decir. Es la misma maldita escena repitiéndose una y otra vez. Las formas son distintas, pero es la misma persona, misma lluvia cayéndose y mismo contexto. Es como un karma. -dice Luca.

-Nunca me dijiste quien era esa persona. Es decir, ¿Por qué tiene tanto peso en tu psiquis? -pregunta Sole.

Luca traga saliva. Sus manos sudan por el nerviosismo de si contarle o no. Una pequeña fracción lo sabe ella, pero en profundidad no. Hay detalles que desconoce.

-Solo es alguien que no…-dice Luca.

-No Luca, no empieces con eso. Si te afecta tanto es porque de seguro tuvo un peso enorme en tu vida de una manera u otra. Por favor, no seas necio. Confía en tu novia ¿sí? -interrumpe ella. Se aparta el cabello de su oído y muestra el aparato de audición. -Como te confié a pleno esto. -le recuerda aquel detalle que la hace tan vulnerable como increíblemente fuerte.

Luca suspira y mira al frente a los ojos de Sole.

-Esa persona fue mi mayor rival en mi época de pandillero. Jamás pudo vencerme, pero era el más cercano a mi nivel y el más peligroso de todos. Fue tan peligroso que usaba tácticas que rozaba la delincuencia adulta. Un día, en plena batalla por un territorio nos encontramos, y antes de empezar a pelear, arroja foto de familiares de Leo, Manuel, Pablo, Celeste incluso de mi abuelo. Me hirvió la sangre de tal manera que lo último que supe fue que estaba sobre él golpeándole el rostro con tal violencia que le dejé un ojo ciego y marcas de por vida. -se acaricia los puños aun recordando la textura del rostro de ese muchacho siendo impactado violentamente. -Es de las peores cosas que he hecho y me vive atormentando.

Soledad se levanta de su silla y avanza hasta Luca. Se siena en su regazo y abraza con fuerza. Le besa la frente y luego los labios mientras acaricia la cabeza.

-Y ya no eres esa persona. Recuérdalo por favor. Siempre que dudes, mira cómo han cambiado las cosas en la escuela. Chicos y chicas que antes agachaban la cabeza y eran violentados, ahora no dudan en alzar la voz y enfrentar a sus acosadores. Esto lo hiciste tú sin necesidad de usar la violencia. Es un logro enorme y ahora estamos cambiando las cosas. -lo consuela Soledad.




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