La incitadora de Arash (hytts #1)

Capítulo V.

Arash soportó el dolor hasta dormirse, demasiado cansado como para importarle lo duro de la colchoneta de la litera. Los crujidos y sonidos de sus compañeros de celda, se mezclaban con el bajo zumbido de las instalaciones. Ni siquiera el hambre logró que se moviera.

El sephiro sentado en la cama sobre él, escuchó atentamente su irregular respiración. La orden era vigilarlo y analizarlo. Por lo que le habían informado, él había sido quien rescató y protegió al niño Kotani antes de que el equipo de rescate los encontrara. Algo más que inusual para un luetzar, por lo que el joven capitán sephiro, Pynon Motkicehl, supuso que debía tratarse de un intento de infiltración.

La seguridad en aquella conclusión se fue esfumando con el paso de los días.

El luetzar no pedía nada. Ni atención médica, la cual necesitaba, ni comida o más mantas. Cosa extraña, porque las celdas de ese lado de la estación son especialmente frías. Se limitaba a permanecer recostado, levantándose para usar el retrete en un rincón o beber agua. Si hubiesen olvidado traerles comida, era probable que no se hubiera quejado como otros reclusos.

Y no estaba lejos de la realidad. Arash no tenía la menor intención de pedir algo, tan solo esperaba el momento en que lo trasladaran a una prisión. Como el “rehén” que se suponía ser.

A medida que los cuerpos de los caídos fueron reconocidos y reunidos, se llevaron a cabo los rituales funerarios según sus creencias religiosas o la falta de estas. La mayoría tenían familias, pero aquellos que no, no estaban solos. Compañeros y amigos cercanos se hicieron cargo de cada detalle, pero tanto Rea como Pek se mantuvieron al margen de todos, excepto de Sahan.

No muchos conocían al enorme hombre, quien había sido rescatado por Rea años atrás. En aquella época ella patrullaba las rutas de transporte junto a su escuadrón, lejos de la zona de conflicto, e interceptaron un viejo carguero que llevaba contrabando. Sus agresivos ocupantes quedaban pequeños junto a Sahan. Era tan intimidante por su tamaño como su presencia, aún en medio de la destartalada zona de carga, y las múltiples cicatrices que cubrían su cuerpo casi desnudo hicieron a todos titubear.

Únicamente Greal Tikva dio un paso al frente, notando el collar de esclavo y las viejas esposas en sus tobillos antes que nadie. Y fue ella misma quien le brindó su amistad, dándole un sentido a su dañada vida.

Mientras preparaban su cuerpo maltratado, ella y Pek lloraron y agradecieron profundamente su amistad, su lealtad y sacrificio. Dado que era un devoto a Ghik, realizaron los ritos funerarios ghidkat. Limpiaron su rostro con agua, para luego secarlo con un pañuelo perfumado con “agua de zelea”, una hierba común de Hytts. Tras eso, ambos dibujaron con sus dedos sobre su fría piel con tinta extraída de las raíces de zelea, líneas y espirales simulando las fialket que nunca tuvo. Cada lugar visible y sin cubrir por la blanca ropa de lino. Para terminar, cubrieron todo su cuerpo con una sábana decorada con dibujos de flores. Flores pintadas por todos aquellos que lo recordaban y recordarían hasta el fin de sus días. Entonces unieron sus manos sosteniendo sus bikram, y oraron por la paz de su alma.

Con las lágrimas cayendo por sus rostros, dieron un paso atrás, se abrazaron y Rea presionó el botón que inició el proceso automático de promesión. La camilla se deslizó dentro del dispositivo y la puerta se selló con un silbido. Esperaron mientras se congelaba el cuerpo, para eventualmente ser pulverizado, secado y separado de cualquier metal. Todo el proceso tomó alrededor de una hora y ellos esperaron a un lado, sentados en silencio mientras se daban apoyo mutuo.

Cuando terminó, Rea se puso de pie y fue por la urna en que fueron depositadas las cenizas por Axe, la IA a cargo en ese momento. La pequeña puerta se hizo a un lado cuando la luz encima cambió de rojo a azul, y ella sostuvo entre sus manos la fría porcelana blanca. Entonces ambos salieron de la habitación y fueron hasta otra. Ahí estaba Elikt, y repitieron el proceso. El agua de zalea, las líneas y espirales, la sabana con las flores pintadas.

Aunque los pensamientos de Pek tomaron otro rumbo, muy distinto.

Creyó que había fallado como hermano, que su hermanita seguiría con ellos si hubiese sido lo suficientemente fuerte. Aunque sus manos fueron las que acabaron con la vida del monstruo que la marcó… no podía evitar sentirse culpable.

El proceso terminó en menos tiempo, aunque él lo sintió todavía más largo, más angustiante. Vio que la luz cambió a azul y dejó los cálidos brazos de su tía para sacar la pequeña urna de su hermana. Las flores que decoraban la blanca porcelana, eran tan coloridas y alegres, tan pequeñas. Que su pequeña hermana de siete años cupiera en ese recipiente, casi lo puso de rodillas. Sintió como si regresara a ese primer recuerdo de su vida, en que sostenía el pequeño cuerpo de una niña recién nacida con ayuda de su padre. Para sus pequeños brazos ella era enorme, tan grande y preciosa… No había sido la primera ceremonia fúnebre de la que había sido parte, pero él nunca creyó que la siguiente vez estaría despidiendo a su hermana. Apenas habían pasado dos meses desde que debió pasar por el mismo doloroso proceso con sus padres.

Abrazo la urna contra su pecho soltando un gimoteo, y juró a Ghik que viviría según el kancehel, que se convertiría en un hombre digno de su linaje y que protegería a sus seres queridos… incluyéndolo a él.

Rea lo abrazó y ambos abandonaron el recinto funerario, dirigiéndose hasta el salón en que se reunieron los demás dolientes. Las urnas de los demás muertos aquel día, iban siendo colocadas sobre un gran altar al que iban acercándose los habitantes y visitantes de la estación, para mostrar sus respetos y dejar flores de papel y cera. Pek, con Rea detrás, se acercó al altar y dejó las cenizas de su hermana entre los demás, justo a un lado de donde Rea colocó las cenizas de Sahan. Ahí permanecerían durante diez días antes de que fueran llevados a la bodega especial en que se resguardan los restos de todos los caídos, que eventualmente serían regresados a Hytts: La semilla negra.




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