Necesitaba sopesar la información que la doctora Gurosh le acababa de dar. Ella lo dejó solo, con la oferta de ingresar su perfil genético en la base de datos para buscar coincidencias. Teniendo en cuenta que los ghidkat son una comunidad y raza matriarcal y matrilineal, el linaje de su madre era más importante, y debía ser más importante que el linaje de su padre. Para él, para los soldados ghidkat y para su futuro.
¿Puedo hacer esto?, se preguntó, desparramándose sobre el sofá.
Su cabeza daba vueltas alrededor de la situación, cuando el alegre timbre de la puerta resonó. Con un quejido, se puso de pie y abrió la puerta, encontrándose a Queen Hoover del otro lado. Una mujer de cabello magenta, complexión robusta, algunos centímetros más alta que él, quien le sonreía ampliamente.
—Hola, querido. Eres Arash, ¿verdad? —le saludo y pregunto.
—Eh, si… —balbuceó él, removiéndose incómodo.
—Soy Queen Hoover, me designaron como tu supervisora —le explicó escuetamente—. Y también seré tu jefa en mi taller del hangar 2. Me dijeron que tienes habilidades en electrónica.
—Si. No soy tan bueno, pero…
—Deja que yo juzgue eso —dijo ella, interrumpiéndolo—. ¿Puedes seguirme?
Él asintió, se colocó sus botas y salió, siguiéndola por el vacío pasillo hasta una calle en que transitaban vehículos individuales, de pasajeros y de carga. La mujer le hizo señas al conductor de una plataforma de carga, quien se orillo por un momento permitiéndoles subir. Aunque Arash se resistió un poco al principio, demasiado consciente del peligro que suponía tal acción, ella lo jalo de un brazo y al final ambos se sujetaron de la gran caja que coronaba las cosas que el hombre transportaba.
Fue una experiencia reveladora para él.
Ella le señaló la ubicación del bar, aunque muy pocos dentro de Marcella pueden beber, “es más un punto de reunión” le dijo. Saludó a las personas que iban pasando, algunas en vehículos, otras tantas caminando por pasarelas sobre ellos o esperando a un lado de la calle. Nadie se vio preocupado o molesto por verlos movilizándose de esa forma, lo que le preocupó todavía más. Cuando finalmente llegaron al hangar 2, y él pudo pisar el estable suelo de la estación, tenía dos cosas bien claras. Queen conocía los nombres de todos, miembros de la AIT, de la armada de Hytts, los fantasmas e incluso civiles. Y en segundo lugar, ella no parecía pertenecer a ninguno.
—Por aquí —le indico, tras que ambos agradecieron y se despidieron del conductor.
Fueron hasta el taller 3, donde un par de mecánicos estaban trabajando en el motor de un caza.
—¡Chicos! —les gritó Queen, llamando la atención de ambos—. ¡Les traje la solución a sus problemas!
—¿De qué demonios hablas? —la cuestionó uno.
Un akal que parecía especialmente molesto mientras dejaba su trabajo para enfrentarla. Sin darle importancia a su enfado, ella rodeo y jalo los hombros de Arash con un brazo, atrayéndolo más cerca, y declaró:
—Ya tenemos al técnico en electrónica por el que lloraban.
—Francis Pearson. —Se presentó el otro, extendiendo una mano a Arash mientras ignoraba a su compañero.
—Arash. —Correspondió él, estrechando su mano con una pequeña sonrisa.
—¿Este será nuestro técnico? ¿Nuestro? —inquirió el akal, con un tono despectivo que molestó a Arash.
—Él es Yerai Luantaxu —lo presentó Francis, ignorando la hostilidad de su compañero.
—Yo los llamo Gruñón y Estoico —acotó Queen.
—¿No éramos Carnívoro y Alérgico? —le preguntó Francis, sin cambiar de expresión.
—Depende de mi humor —respondió Queen, encogiéndose de hombros.
—¿Siquiera sabe qué es la electricidad? —preguntó Yerai, señalando a Arash mientras le hablaba a los otros dos.
Ignorándolo como Queen y Francis hacían con él.
—Eso es demasiado caprichoso —le dijo Francis a Queen—. La semana pasada fuimos Fideos y Salsa, y hace un mes pasabas de Tuerca y Cerradura, hasta Extintor y Cepillo de dientes sin decidir quién es quién.
—¿Quién es la jefa? —preguntó Queen, desentendiéndose de la queja mientras soltaba a Arash y se dirigía al interior del taller.
—¡No me ignoren! —gruñó Yerai.
Arash siguió a la mujer para no quedarse entre ellos, mientras Yerai comenzaba a gruñir en akalés, gesticulando con sus manos.
—Arash —le llamó Queen, alcanzando una caja de un estante superior—, esto servirá.
Dejó la caja sobre el maltratado mesón en medio del taller, y señalándola le pidió:
—Haz que esta vieja radio de onda corta vuelva a funcionar –le ordenó y preguntó a Francis y Yerai, quienes entraban al lugar en ese momento—: ¿Eso sería una prueba suficiente para ustedes?
—Por mi, está bien —respondió Francis, encogiéndose de hombros.
—¡Si no lo consigue, lo lanzaré por una esclusa! —gruñó Yerai, cruzándose de brazos.
—¿Estás bien con esto? —le preguntó ella a Arash, con esa sonrisa gentil que él no terminaba de comprender.
Y aunque no se sentía seguro de lograrlo, asintió y miró dentro de la caja.
—Puedes usar todas las herramientas y piezas dentro del taller —le señaló ella, y fue hasta la entrada—. Vamos, démosle espacio.
Empujo fuera a los mecánicos, uno de los cuales gruñó un “quiero mirar”, aunque no se resistió.
Ya solo, pese a que podía ver a Queen y los otros concentrándose en el motor del caza a través de la entrada, sacó el anticuado aparato y lo colocó sobre la mesa. No era una tarea sencilla. Algo considerado “obsoleto” en medio de las maravillas tecnológicas de una estación espacial como Marcella, ni siquiera podía considerarse como algo valioso, ni mucho menos útil. Dejando todo lo demás de lado, sus preocupaciones sobre el futuro, la posibilidad de tener una verdadera familia en algún lugar del universo, el miedo de que todos a su alrededor descubrieran que mató a una niña inocente… Se concentró en analizar el dispositivo a detalle, tomando nota de todo aquello que necesitaba reemplazar, o en su defecto, aquello que debía cambiar si quería que al menos encendiera. Acto seguido, revisó las estanterías y cajas de todo el taller, seleccionando las herramientas, materiales y piezas que necesitaba. Cuando creyó estar listo, comenzó a “reparar” el aparato.