La incitadora de Arash (hytts #1)

Capítulo VIII.

El crujido de la estática llegó a los oídos de todo aquel cerca del taller 3. Queen y Francis lucían satisfechos, ambos de pie en la entrada del taller. Mientras que Yerai, con el ceño fruncido y los brazos cruzados, se inclinaba sobre el mesón analizando el aparato con excesiva atención.

—¿Esto es suficiente? —les pregunto Arash, removiéndose nervioso junto al mesón.

—Bienvenido al taller 3 —asintió Queen, con una cálida sonrisa que aplastó los gruñidos de Yerai en akalés—. Y ya que terminamos con el caza, es un buen momento para celebrar.

Alcanzó su abrigo que cubría una pila de viejos engranajes y cables.

—¿Celebrar? —preguntó Arash, desconcertado.

—Una fiesta de bienvenida —le aclaró Francis, antes de salir primero.

Queen jalo a Arash hacia ella, rodeando su cuello mientras lo arrastraba fuera del taller canturreando “vamos a beber”, con un tono desafinado que atrajo miradas y provocó risas.

Los cuatro se dirigieron al bar, caminando sin prisa. Queen saludaba a todos, ya fuera con gritos que cortaban su canto, o con gestos algo confusos. Cuando llegaron al lugar, que estaba lleno pese a lo temprano que era, Arash se apartó tan sutilmente como pudo de Queen, quien fue hasta la barra con una sonrisa mientras Francis guiaba a Arash y Yerai a una mesa apartada. El murmullo de las voces se mezclaba con una suave música instrumental, que parecía provenir de las estrellas que se veían a través de un gran ventanal. Arash tomó asiento un poco a regañadientes, demasiado consciente de que estaba rodeado por soldados “enemigos”. Los Fantasmas con sus uniformes gris oscuro y negro, destacaban entre el negro, azul y verde de la AIT, y el negro, rojo y azul de los soldados de Hytts. Aunque los primeros eran conocidos por cubrir sus rostros con pintura roja y pañuelos, ninguno de los presentes lo hacía. Todos estaban con sus rostros al descubierto, conviviendo con los otros en una armonía que lo desconcertaba. Cuando luchaban contra las fuerzas luetzar, todos vestían trajes con cascos en gris y marrón, que les convertían en un mar uniforme.

Ya no soy un soldado, se decía a sí mismo, intentando disminuir su nerviosismo. No somos enemigos.

—¡La mejor bebida del universo! —anunció Queen, mientras balanceaba cuatro vasos de cristal sobre una bandeja y dejaba una gran botella en medio de la mesa.

Una botella de cristal oscuro, con una etiqueta roja en la cual destacaban caracteres de un idioma que Arash no pudo reconocer, pero que sin duda advertían la alta graduación alcohólica del contenido.

Por primera vez, Yerai sonrió ampliamente mientras alcanzaba la botella para abrirla. Entre tanto, Queen dejó la bandeja con cuidado y acercó los vasos a Yerai. Francis se inclinó hacia Arash y le advirtió en un susurro: será mejor que no vacíes tu vaso, si es que quieres conservar tu hígado. Yerai les acercó sus respectivos vasos con un brillo en los ojos que incomodó a Arash.

—Bienvenido a Marcella, Arash —dijo Queen, alzando su vaso frente a los tres hombres—. Que los días venideros no nos traigan trabajo.

—¡Doythrab! —gritó Yerai, alzando su vaso.

Todos en el bar respondieron con un “¡Salud!”, y procedieron a beber de sus respectivos vasos.

Arash titubeo, sosteniendo su vaso a medio camino del brindis. En realidad, nunca había bebido alcohol, por lo que no estaba seguro de que fuera buena idea… aunque al ver que sus nuevos compañeros y jefa daban sorbos sin reaccionar con toses o arcadas, decidió dar un sorbo.

Supo que fue una decisión estúpida cuando el amargo líquido dorado tocó su lengua, deslizándose hacia su garganta como una llamarada que quemó su tráquea y le hizo soltar lágrimas entre toses. Todos a su alrededor se rieron, pensando que era una reacción divertida.

—¿Acaso nunca habías bebido? —le preguntó Yerai, cuando logró calmar su risa.

—Sí —asintió Arash, aclarando su garganta mientras su estómago se agitaba y calentaba—. Es la primera vez.

Fijó su atención en el líquido restante en su vaso, respirando profundo para calmar las reacciones de su cuerpo antes de atreverse a dar otro sorbo. Pero el repentino silencio de sus compañeros y jefa, lo hizo alzar la mirada para descubrir que los tres lucían sorprendidos.

—No bromees, ¿cuántos años tienes? —le preguntó Queen, dándose cuenta de que el aire juvenil de Arash, podía deberse a algo más que una genética favorecedora.

Sintiendo un nuevo nivel de incomodidad, soltó un “24” entre dientes.

—Mierda —gruñó Queen, y alcanzó el vaso de Arash con una mueca—. Tienes que tener veinticinco para beber esto… o eso creo que dice la botella.

Acto seguido, se bebió de golpe el contenido restante de ese vaso.

—¿Segura que no advierte los veinticinco órganos que daña? —le preguntó Francis, para luego dar otro sorbo a su propio vaso.

Ella dejó el vaso sobre la mesa con fuerza, frunciendo el ceño y abriendo la boca para negarlo, pero se detuvo un momento para pensarlo mejor mientras miraba la etiqueta con duda.

—Uh… ya no estoy tan segura. El seveg es confuso.

—Sheuverg —la corrigió Yerai, arrastrando las consonantes.

—Eso dije —asintió ella.

—Entonces no importa, Arash también debe sufri-digo, compartir con todos —dijo Francis, empujando su propio vaso hacia Arash.

Antes de que pudiera tocar el cristal, Queen alcanzó ese vaso también.

—No, no. Hay que seguir las reglas.

—Tu nunca sigues las reglas —refutó él, quitándoselo.

—Calumnias —gruñó ella, recuperando el vaso—. Si las sigo… cuando tienen sentido.

—Si, claro —bufó él, intentando alcanzar el vaso una vez más.

Queen alejó ese vaso también, bebiéndolo de igual forma. Comenzaron una absurda discusión sobre el sheuverg, mientras Francis insistía en darle aquel brebaje casi toxico a Arash, y Yerai bebía entre resoplidos y gruñidos en akalés. De alguna forma la discusión derivó en Queen contándoles sobre aquella vez en que, junto a un antiguo equipo de Fantasmas, transportaban medicinas hacia una “zona en conflicto”, y fueron interceptados por piratas.




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