La incitadora de Arash (hytts #1)

Capítulo IX.

Un par de días después, Arash se encontraba en la cabina de un pequeño destructor en el hangar 2, con la tableta que le había dado Queen conectada a la computadora a bordo. Estaba ejecutando el programa de análisis reglamentario, ansioso por terminar su trabajo para correr al hangar 3. Un hecho por el que quiso quejarse. Con él, solo había siete técnicos en electrónica asentados en Marcella. Cualquier desperfecto en la estación y las naves, también debía ser atendido por uno de ellos.

Miraba el panel de control rumiando su molestia, sentado en el gran asiento del capitán, cuando una pequeña figura se asomó a su lado. Su cabello lleno de rizos castaños rebotó cuando alzó la mirada con una gran sonrisa.

—Hola —lo saludo Ipekt.

Arash caso dejó caer la tableta por la sorpresa.

—Hola... pequeño, ¿qué haces aquí? —le saludo titubeante.

Dio un vistazo a su alrededor para comprobar que el pequeño era el único "intruso", mientras dejaba la tableta sobre la consola y se ponía de pie.

—¿No puedo estar aquí? —le pregunto de vuelta, con fingida inocencia.

Sin creer ni por un segundo que el niño no sabía que era peligroso estar en un hangar sin supervisión, y por tanto, estaba implícitamente prohibido que estuviera ahí, Arash le indico con un gesto que lo siguiera. No intento tocarlo, de acuerdo a la cultura ghidkat.

—Me llamo Ipekt. Puedes decirme Pek, si quieres —le dijo mientras caminaban hacia la salida, lado a lado.

—¿Eso no sería grosero con tu linaje? —le preguntó el.

—No, no. Eso es anticuado —negó el pequeño, fingiendo que entendía las "nuevas maneras" impulsadas por la juventud ghidkat.

—¿Seguro de eso, joven Kotani? —inquirió Arash.

Pek frunció el ceño, un poco molesto de que el "luetzar bueno" ya supiera su linaje. Podría haberle insistido en que lo llamara por su nombre o diminutivo.

—Oftet —gimoteó, arrastrando los pies detrás de Arash.

El hombre se detuvo en medio del pasillo al notarlo, y volteo animándose a hacer algo que podía meterlo en problemas: le ofreció su mano. Aunque ambos llevaban guantes y no había ninguna intención perversa detrás, los ghidkat tenía arraigado el extremo respeto al espacio personal. Los abrazos, dar la mano o un mero beso en la mejilla estaba reservado para miembros de la familia inmediata y gente en que confían plenamente. Pek y Arash, por lo tanto, no debían tocarse.

Por un momento, el niño observó esa mano con sorpresa y confusión, sin comprender el gesto de inmediato, aunque se le había enseñado que era "común" estrechar manos cuando se conocía a alguien nuevo y como muestra de confianza hacia otras razas. Pero su breve rechazo dio paso a una alegría, que lo impulsó a extender su pequeña mano y sostener la de Arash. La sonrisa del niño alivió las preocupaciones del hombre, quien reanudó el camino y le dijo:

—Me llamo Arash.

—Es bueno saberlo —dijo Pek, y soltó una risita mientras bajaban la rampa.

—Por cierto —continuó Arash—, ¿no deberías estar en la escuela?

—Uh... —Pek titubeó.

—¿Hoy no hay clases o te las saltaste? —insistió.

—Yo fui... y luego vine a buscarte —confesó.

Se dirigían al taller 3, donde se encontraba Queen, sentada detrás del mesón con un plano de un motor extendido torpemente sobre él.

—En otras palabras, te escapaste de la escuela —concluyó Arash.

—Oftet —gimoteó Pek.

—Nen jizci ui ratrov, Ipekt [1] —lo regaño en ghidkera, sorprendiendo al pequeño.

—¿Sabes ghidkera? —chilló, y comenzó a hablar rápido, feliz y curioso, hasta que se detuvieron ante el taller y Arash le cubrió la boca suavemente.

—Jej, nai nirt iurts xilaim[2] —respondió y preguntó continuando con el ghidkera—: Nuap cirid, liak citseo eit?[3]

Para molestia de Queen, entendía la mitad de lo que decían aunque ya les tenía enfrente.

—Ixto...[4] —titubeó Pek, dándole un vistazo a Queen antes de responder cambiando a universal—. Tengo que ir a un lugar, ¿puedes acompañarme?

Miro a Arash con ojos suplicantes y su labio inferior sobresaliendo en un gesto un poco gracioso.

—Eso es... —Arash dirigió una mirada a Queen en busca de ayuda—. No puedo irme del trabajo sin...

—Oh, no. Ve, yo me encargo —le cortó ella con una sonrisa traviesa, disfrutando mucho la extraña situación que parecía incomodarlo.

Aunque él no soltó la mano de Pek.

—Pero la supervisión...

—No te preocupes —insistió ella, poniéndose de pie y sacudiendo sus manos restando importancia—, no es necesario ser tan estricto.

Arash no terminaba de acostumbrarse a su actitud tan relajada respecto a las normas, pero ya había aprendido que ella no cedería sin dar pelea. Y él no era tan paciente ni ingenioso como para intentarlo.

—Está bien —claudicó.

—Onfral! —exclamó Ipekt contento—. Gracias, tía Queen. Nos vemos.

Se despidió de ella agitando su mano libre mientras jalaba a Arash lejos, con prisa.

—Si, si. —Queen se despidió con una alegría que desapareció cuando se dio cuenta, al fin, hacia dónde se dirigían—. Por todos los Dioses.

Se dejó caer de vuelta en la silla con los ojos puestos en el lugar en que ellos habían estado de pie, sintiéndose un poco preocupada.

—Rea no estará contenta —murmuró al aire, y rio entre dientes mientras regresaba su atención al plano.

Pek guió a Arash hacia el gran pasillo que conecta el hangar 2 con el resto de Marcella, donde entraban y salían pequeños vehículos y personal a pie.

—Por aquí, por aquí —canturreo el niño, guiándolo hacia un lado del camino donde se hallaban estacionados algunos pequeños vehículos de transporte ligero.

En uno estaba sentada una mujer ghidkat, comiendo galletas con su atención puesta en la pequeña pantalla de la comp en su muñeca.

—¡Ya estoy de vuelta! —gritó Pek, deteniéndose frente a ella con tanta brusquedad que casi cae.




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