Las Aventuras de la Bruja Carmesí Volumen Ii

PREPARANDO LA INVASION

Mientras tanto, en el campamento de los Renegados, Ernest Raven le dio a Crimson y a los demás un aromatizante para que recuperaran el conocimiento.

—¿Qué me sucedió? —preguntó La Bruja Carmesí.

—Perdiste el conocimiento por culpa de Maná, que vició el aire acabando con el oxígeno —explicó Ernest Raven.

—¡Maná! Te refieres a... —balbuceó La Bruja Carmesí.

—Sí, era uno de los Hijos de Klesa, pero lo vencí. Ya no nos hará daño de nuevo —respondió Ernest Raven.

—Eso me alegra. Cambiando de tema, ¿cuál será nuestro próximo movimiento? —preguntó ella.

—Obviamente, preparar la invasión a la casa del gobernador; no podemos perder tiempo. Debemos mover nuestras fuerzas si queremos detener a esos alquimistas, así que levántate. Sé que estás débil, pero lo suficientemente fuerte como para resistir una caminata por los pantanos —instó Ernest Raven.

—Supongo que no tengo opción. De acuerdo, me prepararé, pero te advierto que lo hago por voluntad propia, no porque me lo ordenes. No eres mi jefe —sentenció La Bruja, quien de pronto tropezó fortuitamente con Hidrón.

—¡¿Qué te pasa, enana?! ¡¿Por qué te tropiezas conmigo?! —reclamó Hidrón, furiosa.

—Sabías que la última persona que me dijo «enana» ya no está viva. Si no deseas saber lo que le sucedió, te sugiero que me respetes, niña —advirtió La Bruja Carmesí.

—¡Te atreves a llamarme niña de nuevo y te rompo los dientes! —amenazó Hidrón.

—Intenta hacerlo aquí y ahora —desafió La Bruja Carmesí.

—¡Basta! Creo que ambas arreglaron sus diferencias cuando se enfrentaron, ¿no es así? Pero si quieren demostrar su valía, háganlo en el campo de batalla —intervino Ernest Raven—. Por lo tanto, he decidido que ambas participen en una misión especial y trabajarán juntas. Son mis órdenes.

—¡¿Juntas?! —gritaron las dos al unísono.

Mientras tanto, dentro de la fortaleza del Gobernador...

—He gastado una fortuna en su laboratorio y merezco algo a cambio —reclamó el Gobernador.

—Quienes se apresuran antes son los que se cansan rápido —respondió Bastion Romind.

—¿Qué significa eso? —inquirió el Gobernador.

—Que tengas paciencia, eso es todo. Estamos cerca de producir la llave que abrirá la puerta de todos los reinos —explicó Graham Cross.

—Y te sugiero que te calmes o él se enfadará —agregó Bastion Romind.

—¿Quién es «él»? —preguntó el Gobernador.

—Es el nuevo juguete que nos trajo Wacky para cuidarnos a nosotros y vigilarte a ti —contestó Bastion Romind.

—¿Eso qué significa? —insistió el Gobernador.

—Que si no te comportas, le ordenaremos a nuestro juguete que te lastime —advirtió Graham Cross.

Para darle una muestra, ambos alquimistas le ordenaron al autómata con forma femenina que de un golpe abriera un hueco en la pared, dejando asombrado y nervioso al Gobernador.

—De acuerdo, una noche más, y si no tienen lista la joya, los liquidaré, ¿entendido? —amenazó el Gobernador, y se fue azotando la puerta del laboratorio.

—¿Escuchaste la noticia? —preguntó Graham Cross.

—Sí, Apolo y Maná fueron asesinados —asintió Bastion Romind.

—Y según nuestro infiltrado, planean invadir este lugar —añadió Graham Cross.

—Tranquilo, no te preocupes, todo está preparado. Se llevarán una gran sorpresa; no por nada llaman a este lugar «La Zona Roja», y no solamente porque esta área esté llena de trampas mortales. El aire es tan tóxico que todo aquel que se acerca muere —aseguró Bastion Romind.

—Si no los matan las trampas, lo hará el veneno del pantano, y si tampoco los mata el veneno, lo hará el regalo que Wacky nos mandó —dijo Graham mientras reía en compañía de Romind.

FIN



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En el texto hay: magia, medieval, magia amor aventuras

Editado: 16.10.2026

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