Crimson, Hidrón y Sobrevoltaje continuaron su travesía a través del pantano venenoso sin saber el tipo de peligro que los acechaba.
—Es difícil caminar con este traje, y el suelo lodoso del pantano lo empeora aún más —se quejó La Bruja Carmesí.
—Veo que la Bruja no es tan ruda como aparenta —burló Hidrón.
—Si no quieres que te dé una paliza, ¡cierra la boca! —respondió La Bruja Carmesí.
—¡Basta las dos! Estamos aquí por petición de nuestro maestro, así que les ruego a ambas que se calmen, ¿entendido? —intervino Sobrevoltaje.
—Está bien, de acuerdo —asintió Hidrón.
—Yo igual —agregó La Bruja Carmesí.
—Pero si se cruza en mi camino, prometo que le daré un golpe tal que la dejaré más enana de lo que está —murmuró Hidrón.
—Inténtalo si quieres, grandulona, y te juro que, con solo chasquear los dedos, te haré arder. ¿Entendido? —amenazó La Bruja Carmesí.
—¡Vaya, vaya! ¿Es mi imaginación o tienen problemas en el paraíso? —resonó una misteriosa voz procedente de las profundidades del pantano.
De regreso con Raven y los demás discípulos...
—Disculpe, maestro, ¿a qué amigo se refiere? —preguntó uno de los seguidores.
Sin previo aviso, el discípulo que hizo el comentario fue azotado a gran velocidad por un atacante invisible que corría velozmente. Nadie supo a dónde fue a parar su compañero, y mientras lo buscaban, notaron que caían gotas de lluvia. No obstante, no eran normales: eran gotas de color rojo, como la sangre.
—Pero ¿de dónde viene esta sangre? —preguntó horrorizado uno de ellos.
—¡NO! ¡NO PUEDO CREERLO! —se escuchó un grito desgarrador.
¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!
El cadáver del seguidor que preguntaba por su compañero colgaba de unas ramas en lo más alto de un árbol. De su cuerpo brotaban gotas de sangre que caían como lluvia al suelo ante la mirada atónita de los presentes, quienes observaban la mirada de tristeza dibujada en el rostro del caído.
—¿QUIÉN LO MATÓ? —alcanzó a exclamar otro.
Apenas pronunció esas palabras, fue presa del asesino, quien sin contemplaciones lo ejecutó antes de proceder a hacer lo mismo con los demás. Uno a uno, los seguidores de Raven fueron eliminados de las formas más inimaginables.
A continuación, Raven salió de la maleza y se colocó a espaldas del atacante. El asesino se volteó y lo miró fijamente: se trataba del autómata con forma de mujer enviado por los alquimistas Cross y Romind para eliminar a los intrusos. Su siguiente víctima parecía ser Raven, hasta que este le dirigió las siguientes palabras al autómata:
—Buen trabajo.LLUV
FIN