De regreso a la residencia del Gobernador...
—Cross, ¿cuánto tiempo le tomará al autómata de Wacky eliminar a nuestros enemigos? —preguntó Bastion Romind.
—Ya debe haber terminado; no creo que le haya tomado tanto tiempo acabar con los invasores —respondió Graham Cross.
—De acuerdo con las indicaciones que Wacky nos envió, debemos esperar una señal del autómata y después reportarlo a los demás miembros de la orden —señaló Bastion Romind.
—Y después procederemos a deshacernos de nuestro anfitrión, porque ya no nos es de utilidad —añadió Graham Cross.
—¿Así que planeaban deshacerse de mí? —interrumpió una voz furiosa a sus espaldas.
—No tiene caso ocultarlo. Es verdad, planeamos deshacernos de ti, pero antes debíamos encargarnos de la plaga que invadía este territorio —admitió sin tapujos Bastion Romind.
—¡Me engañaron! ¡No son más que unos farsantes! Apuesto a que nunca crearon esa supuesta joya, y solo gastaron mis recursos y mi tiempo en banalidades —estalló el Gobernador.
—Te equivocas, sí hemos aprovechado el tiempo —replicó Bastion Romind.
—Con tus recursos hemos creado el arma más poderosa en todo el mundo Atom: la legendaria «Piedra Roja» —presumió Graham Cross.
—¿Usaron mis recursos para crear esa insignificante joya? ¡Se acabó, llamaré a los guardias! ¡Están bajo arresto! —amenazó el Gobernador.
—¿Piensa que esto es una simple joya? —inquirió Bastion Romind con una sonrisa cínica.
—No nos sorprende su ignorancia; después de todo, es un político. Si quiere, le hacemos una demostración gratuita del poder de esta joya que tanto desprecia —ofreció Graham Cross.
—No... Aléjense de mí... ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOO! —gritó el Gobernador aterrorizado.
Minutos después, los guardias escucharon los gritos y se dirigieron al laboratorio. Horrorizados, encontraron al Gobernador de Trigun petrificado, sin rastro alguno de los alquimistas que había contratado y alojado en su residencia.
FIN