Luego de caminar por horas a través del sendero, Razor y Marshall Quentin finalmente llegaron a su destino.
—¿Es esa la fortaleza? —preguntó Razor, observando el imponente recinto.
—Te darás cuenta de que no es como otras fortalezas: su estructura es de metal, usan alambre de púas —y si lo tocas, sentirás un cosquilleo insoportable—, además hay varias armas de fuego colocadas en las esquinas que disparan solas, y los «ojos de metal» vigilan cada movimiento sospechoso fuera del perímetro —explicó Marshall Quentin.
—Estoy seguro de que es alguna clase de magia —comentó Razor.
—Eso no importa, entremos.
—Me temo que eso no es posible, amigo mío —interrumpió una voz desconocida.
—Pero... ¿quién o qué eres tú? —exclamó Razor, girando desconcertado.
—Mi nombre es Basilisco, y si piensas entrar a este lugar, tendré que matarte —sentenció el extraño, quien llevaba una máscara y un traje tribal.
—¡Ya te ayudo, Razor! —gritó Marshall Quentin, intentando intervenir.
Sin embargo, antes de poder moverse, alguien lo rodeó por el cuello con un lazo de pescar.
—Me estoy asfixiando... ¿Quién me estrangula? —balbuceó Marshall Quentin, perdiendo el aire.
—Soy su compañero, El Pescador... y te he pescado —susurró una voz a su espalda.
Desde la distancia, observando cada detalle a través de visores ocultos, alguien evaluaba la situación. ¿Quién sería?
—Excelente trabajo, muchachos; no podemos permitir que cualquiera descubra nuestros secretos. Acábenlos —ordenó Enigma.
FIN