Las Aventuras de la Bruja Carmesí Volumen Ii

EL CORAZON DEL FENIX

Cross y Romind escaparon de la residencia del Gobernador y se ocultaron en una zona del pantano, esperando una señal de sus compañeros.

—Finalmente nos deshicimos de ese tonto ignorante —comentó Bastion Romind.

—Pensó que si nos utilizaba obtendría lo que tanto deseaba. Si bien la Piedra Roja puede cumplir cualquier deseo, cada anhelo tiene sus consecuencias —respondió Graham Cross.

—Fue un imbécil; deseaba ser inmortal y vivir más que las montañas de piedra —se burló Romind.

—Una interpretación demasiado literal. Debemos tener cuidado con el artefacto que creamos —advirtió Cross.

—No se preocupen por eso, porque yo me encargaré personalmente de usar esa joya —interrumpió una voz desconocida.

—¿Quién eres? —preguntaron ambos con sorpresa.

—Permítanme presentarme: mi nombre es Ernest Raven —respondió el recién llegado.

—¡Imposible! —exclamó Graham Cross.

—Deberías estar muerto. ¿Cómo sobreviviste al autómata? —inquirió Bastion Romind.

—Debería estarlo, de no ser porque al autómata lo creé yo —reveló Ernest Raven con calma.

—¡¿QUÉ DIJISTE?! —exclamaron los dos alquimistas al unísono.

—Es imposible que seas su creador —se negaba a creer Graham Cross.

—Si eso es verdad, significa que tú... —balbuceó Bastion Romind, cayendo en cuenta.

—Lo adivinaron: soy un Portador de alto nivel y, además, el mismísimo Wacky el Juguetero —confesó Ernest Raven.

—¿Acaso es una broma? Porque no me hace gracia —espetó Graham Cross.

—Si eres Wacky, ¿por qué eres el líder de los Renegados? ¿Acaso pensabas engañarnos? —reclamó Bastion Romind.

—En absoluto. De hecho, soy el líder de la orden y los recluté para que me ayudaran a fabricar la mitad de la joya —explicó Ernest Raven.

—¿La mitad?

Ernest les enseñó la joya que portaba, la cual comenzó a entrar en resonancia con la mitad que poseían los alquimistas. Segundos después, ambas piezas se unieron, formando una sola gema con forma de corazón y de color carmesí.

—Presencien y admiren el arma que derrotará a los demonios: «El Corazón del Fénix» —sentenció Ernest Raven.

—No entiendo, ¿qué significa todo esto? —preguntó Graham Cross.

—Es obvio: nos utilizó. Pero la pregunta es: ¿por qué? —analizó Bastion Romind.

—Sabía que algunos Portadores se revelarían contra el Imperio para hacer sus ambiciones realidad, incluyéndolos a ustedes dos. Así que, por medio de mis contactos con agentes imperiales, accedí a los registros y revisé cada nombre. Luego, mediante engaños, los reuní a todos y creé la orden usando el alias de Wacky. Mi verdadero objetivo era reunir a los mejores alquimistas para que me ayudaran a forjar El Corazón del Fénix —explicó Raven sin filtros.

—Significa que todo lo que prometiste era una farsa —concluyó Bastion Romind con furia.

—No arriesgaría el bienestar de este mundo para complacer los caprichos de un montón de alquimistas fracasados con ambiciones egoístas —respondió Raven tajante.

—No deberías subestimarnos ni despreciarnos. Tenemos suficiente poder para hacerte sufrir... y para vengarnos por habernos usado —amenazó Graham Cross.

—Si fuera ustedes dos, protegería mi espalda —aconsejó Ernest Raven con una sonrisa burlona.

Detrás de ambos apareció de pronto el autómata con forma femenina, el cual, sin vacilar y con brutal frialdad, estrujó los cráneos de los dos alquimistas, dándoles una rápida y dolorosa muerte.

—Al fin me deshice de esos dos. Respecto a los demás alquimistas que quedan, están solos y pronto desertarán, abandonando la causa. Te agradezco, mi creación; fuiste de gran ayuda y te recompensaré otorgándote un alma —le dijo Raven al autómata.

La máquina con apariencia femenina fue expuesta al brillo de El Corazón del Fénix y se transformó por completo: perdió su aspecto robótico para adquirir uno humano, luciendo unas hermosas alas en los hombros, un sencillo traje de doncella, cabello dorado y un gorro que cubría su cabeza.

—¿En dónde estoy? —preguntó confusa.

—Mi nombre es Ernest Raven. En el pasado usaste los nombres de Doncella Guardián, Pirra, Christine y Dark Angel... ¿Lo recuerdas?

—Sí, lo recuerdo —respondió ella con lucidez.

—Te doy una nueva oportunidad de vivir y de redimirte. Tienes alma y eres una buena chica; lucharás por la justicia —le prometió Ernest Raven.

—Lo haré —aseguró ella.

—¿Deseas que te dé un nombre?

—De ahora en adelante, mi nombre será Ángel Guardián —decidió la joven.

—Bien, Ángel, tu primera tarea será ayudar a mis discípulos. Luchan contra Moa, el Amo del Pantano; ve en su auxilio —ordenó Raven.

—Lo haré —contestó Ángel Guardián.

Elevando su energía espiritual, voló en busca de los discípulos de Raven para socorrerlos, dejando a este último solo en el pantano.



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En el texto hay: magia, medieval, magia amor aventuras

Editado: 16.10.2026

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