—No entiendo, ¿qué significa todo esto? —preguntó Graham Cross.
—Es obvio: nos utilizó. Pero la pregunta es: ¿por qué? —analizó Bastion Romind.
—Sabía que algunos Portadores se revelaron contra el Imperio para hacer sus ambiciones realidad, incluyéndolos a ustedes dos. Así que, por medio de mis contactos con agentes del Imperio, accedí a los registros y revisé cada nombre. Luego, mediante engaños, los reuní a todos y creé la orden usando el alias de Wacky. Mi verdadero objetivo era reunir a los mejores alquimistas para que me ayudaran a crear El Corazón del Fénix —explicó Ernest Raven.
—Significa que todo lo que prometiste era una farsa —concluyó Bastion Romind con furia.
—No arriesgaría el bienestar de este mundo para complacer los caprichos de un montón de alquimistas fracasados con ambiciones egoístas —respondió Raven tajante.
—No deberías subestimarnos ni despreciarnos. Tenemos suficiente poder para hacerte sufrir... —advirtió Graham Cross.
—Y para vengarnos por usarnos —agregó Bastion Romind.
—Si fuera ustedes dos, protegería mi espalda —aconsejó Ernest Raven con una sonrisa burlona.
Detrás de ambos apareció de pronto el autómata, el cual, sin dudarlo y sin piedad alguna, estrujó los cráneos de ambos dándoles una rápida y dolorosa muerte.
—Al fin me deshice de esos dos. Respecto a los demás alquimistas que quedan, están solos y pronto desertarán, abandonando la causa. Te agradezco, mi creación; fuiste de gran ayuda y te recompensaré otorgándote un alma —le dijo Raven al autómata.
La máquina con forma femenina fue expuesta al brillo de El Corazón del Fénix y se transformó: dejó atrás su apariencia robótica para adquirir una humana, luciendo unas hermosas alas en los hombros, un sencillo traje de doncella, cabello dorado y un gorro que cubría su cabeza.
—¿En dónde estoy? —preguntó la joven, desorientada.
—Mi nombre es Ernest Raven. En el pasado usaste los nombres de Doncella Guardián, Pirra, Christine y Dark Angel... ¿Lo recuerdas?
—Sí, lo recuerdo —respondió ella con lucidez.
—Te doy una nueva oportunidad de vivir y de redimirte; tienes alma y eres una buena chica. Lucharás por la justicia —le prometió Ernest Raven.
—Lo haré —aseguró ella.
—¿Deseas que te dé un nombre?
—De ahora en adelante, mi nombre será Ángel Guardián —decidió la joven.
—Bien, Ángel, tu primera tarea será ayudar a mis discípulos. Luchan contra Moa, el Amo del Pantano; ve en su auxilio —ordenó Raven.
—Lo haré —contestó Ángel Guardián.
Elevando su energía espiritual, la joven fue en busca de los discípulos de Raven para socorrerlos, dejando a este último solo en el lugar.
FIN