Dos días antes de mi siguiente cita con Bia, había tenido una de esas crisis en las que sentía que estaba muy cerca de un abismo por lo que, pedí salir temprano del trabajo y me dirigí a mi casa. Al llegar, me di un baño con agua caliente para relajarme un poco y dejar de pensar en todo, sin embargo, al salir super que no era suficiente, necesitaba salir de ahí. Fue entonces cuando recordé que una chica pelirroja me había dicho que cuando me sintiera así, la llamara.
Bia contestó luego de unos segundos.
- ¿Hola? Contestó curiosa.
-Hola Bia, espero que estes bien, mira, iba a salir a dar una vuelta y me preguntaba si querías ir conmigo.
- ¿En cuánto pasas por mí? Dijo mientras sentía que sonreía.
-Dame quince minutos y estoy frente a tu puerta.
-Bien, me avisas cuando estes abajo. Dijo mientras escuchaba como se alistaba para luego colgar.
A los quince minutos, estaba parado frente al umbral de su residencia, le había mandado un mensaje minutos antes, al que respondió que ya bajaba. Bia nunca dejó de dejarme estupefacto por lo que, cuando la vi salir, me quedé embobado viéndola.
-Te ves hermosa. Dije con los ojos abiertos. Bia llevaba un jeans negro con una blusa vino y unas tenis de vestir. Ese atuendo a cualquier chica le parecería básico y sin gracia solo que, Bia no era cualquier chica, ella era única.
-Gracias Matt, tú tampoco te ves mal. Dijo mientras se le encendían sus mejillas.
Caminamos hasta el auto para luego enrumbarnos a un nuevo destino desconocido, mientras escuchábamos música, vi un letrero cuyas letras se habían borrado un poco por el pasar del tiempo.
-Ahí, debe ser un buen lugar. Le dije a Bia mientras doblaba en dirección al camino.
Al llegar, nos encontramos con un bosque profundo en donde había un espacio para hacer actividades como picnis e incluso pasar la noche. Bia y yo salimos del auto para luego acomodarnos en una de las mesas que disponía el lugar.
-Muy bien Matt, dime, ¿cuál ha sido tu razón para escapar del mundo el día de hoy? Pregunto Bia mientras abría un paquete de papas fritas que compramos en el camino.
-No lo sé, no ha sido una buena semana, el trabajo ha estado bien, pero la situación en mi casa me preocupa.
- ¿Pero estas bien? Sabes que puedes hablar conmigo y no s que sea entrometida, es solo que te veo preocupado. Dijo Bia mientras se acercaba a mí. En un principio pensé muy bien el contarle lo de mi madre a Bia ya que solo Dante y sus padres lo sabían, pero, sabía que, si quería que la confianza entre Bia y yo fuera sólida, debía de compartirle mis secretos y dolencias, además, necesitaba sacar todo lo que venía cargando.
-Es mi madre -contesté después de un largo silencio- tiene cáncer terminal y está en la etapa de cuidados paliativos ya que no quería sufrir más con el tratamiento. Dije con la mirada clavada en el piso.
Hubo un silencio por parte de Bia.
-Lo siento mucho Matt, de verdad, no me imagino por el dolor que estas pasando en estos momento, más si estas lejos de ella. Dijo Bia mientras me abrazaba.
Me aferré al abrazo de Bia como nunca lo había hecho y lloré, lloré todo lo que no había llorado desde que diagnosticaron a mi madre, desde que empezó todo el proceso y desde que había decidido vivir sus últimos meses de vida en paz.
Nos quedamos así hasta que mi alma y cuerpo se sintió vacío, estaba desecho por dentro, solo que sabia ocultarlo muy bien detrás de la máscara de chico tranquilo que trabajaba en la biblioteca para pagar su habitación y que luego de eso, solo era uno más en la universidad.
-No sabes lo que me duele el no estar con ella, sé que la está pasando mal, pero se hace valiente -dije entre las lágrimas que aún se resbalaban por mis mejillas- y lo peor es que no se si en algún momento voy a recibir esa llamada que temo y estar aquí tan lejos.
- ¿Y porque no vas a visitarla? Preguntó Bia con cautela.
-Estoy ahorrando para la gasolina y la comida, ellos no viven tan lejos pero el auto necesita varios tanques para llegar hasta allá. Contesté mientras veía como las ramas de los árboles se entremezclaban con los rayos del sol.
-Yo sé que te puede parecer un poco extraño, pero ¿y si te acompaño? Podríamos ir en el auto que me dieron mis padres hace unos días, es un poco más económico y no tendrías que pensar tanto en dinero porque nos lo dividiríamos los gastos. Dijo Bia mientras su mirada se clavaba en la mía.
-No lo sé, tu estas en tus vacaciones y no quisiera interferir en planes que puedas tener.
-No interferirías en nada porque no hay nada que hacer y te aseguro que mis amigos lo entenderían -Bia hizo una pausa- Solo piénsalo y me escribes cuando decidas algo ¿sí?
Lo pensé por un momento, apenas conocía a Bia, era claro que ambos nos atraíamos, pero aun así no dejaba de pensar en que el paso que daríamos si ella me acompañara donde mis padres, sería un paso muy grande.
Sin embargo, lo analicé y acepté que en esos momentos y con tanto que pensar, seria incluso peligroso que fuera solo, por eso le dije a Bia que estaba bien.
-Pensándolo bien, me encantaría tener un poco de compañía en el viaje. Dije mientras veía que a Bia se le iluminaban los ojos agarraba mi mano entre la suya.