Mariposa en Cautiverio

CAP III.I ¿TE CONOZCO?

—Dios mío, me largo de aquí —sentencié, apartándome.

—No —habló Esyor rápidamente, sujetando mi brazo—. Tenemos que hablar.

—No tenemos nada de qué hablar. Me largaré de aquí, buscaré a Ciro. Mientras tanto, tú puedes tener una mañana muy cómoda con tu amante de cuarta.

Su mano no se movió y su fuerza se incrementó, sacándome un ligero quejido.

—Apártate, Esyor, o lo haré yo.

—No… no puedes irte. Tenemos que hablar, tengo que poner todo en orden —su voz no vacilaba—. No puedes alejarme, no otra vez.

—Okey, estoy perdido.

En serio, ¿qué le pasa a este tipo?

La paciencia se me había agotado. Golpeé lo más fuerte que pude la cadera de Esyor con mi rodilla. Su quejido fue peor que el mío.

—¡Esyor! —una voz chillona interrumpió mi otro golpe—. ¿Qué demonios te pasa, Layl? —la rata se apresuró, tirando el café al suelo y manchando mi pantalón—. ¿Estás bien? ¿Te dolió mucho?

—Apártate, Diam.

—Esyor…

—Vete. Lárgate de aquí.

—Vaya, ¿problemas en su luna de miel? —pregunté en un tono sarcástico.

Podía notarlo. Esyor estaba furioso. Seguía encorvado por el golpe, pero sus ojos no se apartaron de mí en ningún momento, temiendo que me fuera.

《Patético.》

—Diam, no me hagas repetirlo otra vez. No quiero ver tu cara en mucho tiempo. Y deja esa maldita llave.

—Esyor, ¿por qué me dices eso? —lágrimas empezaron a caer.

Sus manos apretaron el pedazo de metal.

—Sabes perfectamente por qué. Ahora, lárgate. No vuelvas a aparecer enfrente de Layl.

La verdad, esperaba de todo menos esto.

¿Desde cuándo el esposo importa más que el amante?

Esto era para estudiarlo.

Pero, aun así, no iba a admitirlo abiertamente, pero, Dios, se sintió muy bien que me eligiera a mí.

Hacía mucho que no sentía eso: ser lo primero en el mundo de alguien.

—Bien… esperaré tu llamada.

—No esperarás nada. Vete ahora.

Dio pasos lentos hacia la salida.

—Alto.

Diam volteó rápidamente, con la esperanza teñida en sus ojos.

—La llave —Esyor habló con un tono alto, pero calmado. Imponente.

No diré nada sobre lo que eso despertó en mí.

—Esyor, no me hagas esto —su llanto ya se escuchaba por todo el espacio.

No respondió, solo lo observó secamente durante unos segundos.

Diam se fue poco después de ser humillado de esa manera, soltando el tan preciado objeto al suelo.

La verdad, me daba un poco de pena. Qué dolor sería ver a tu amado tratarte de esa manera, pero no fue suficiente como para quitar la sonrisa de suficiencia de mi cara.

—Merecido, totalmente merecido —susurré para mí mismo.

—Layl…

Su voz apagada me hizo dar un respingo. Volteé ligeramente y lo vi casi en el suelo.

El golpe debió de ser muy fuerte.

《Ni modo.》

—Esyor. Debería decir gracias por no ponerte de su parte y echarlo, pero no lo haré porque sigues siendo un imbécil que no se merece mis agradecimientos.

—No los merezco —sus piernas cedieron.

—Sí, bueno…

No pude continuar porque la escena enfrente de mí era cómica. Ni eso, ¡graciosísima!

Esyor, como un experto, empezó a caminar hacia mí, pero con las rodillas. Nunca había visto a alguien hacerlo con tanta naturalidad, como si no estuviera en el piso, caminando tan sereno.

—Esyor, ¿qué haces? —Intenté contener mi risa, pero era imposible.

—Layl —se detuvo estando a centímetros de mí—. Hablemos… por favor, solo hablemos.

Sus manos se alzaron y abrazaron mis piernas.

Podía sentir el calor de su cuerpo de mi cintura para abajo. Su cara oculta en mis muslos, como si estuviera escondiendo su tristeza.

—Yo…

Debería mandarlo al demonio por lo que hizo ayer, pero sus dedos haciendo pequeños círculos sobre mis piernas y el temblor contenido de sus lágrimas…

No pude.

—Bien, hablemos.




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