Mariposa en Cautiverio

CAP III.III ¿TE CONOZCO?

En cuanto se abrió el gran portón frente a mí, miles de flashes iluminaron mi rostro.

No podía ver nada; las cámaras no me dejaban avanzar y las preguntas llegaron sin cesar.

—Layl, cuéntenos más sobre su relación con Esyor.

—¿Cuándo empezó su romance?

—Su boda fue la boda del siglo, ¿tiene algún comentario que ofrecer?

Me recompuse lo más rápido que pude. Intenté responder.

—Bueno, nuestro…

—¿Cómo describirías tu primer día de casados?

—Ah, sí, es…

—¿Ya saben a dónde irán de luna de miel?

—Lo estamos viendo, planeamos que…

—¿Harán algún video de su vida diaria?

—¿Un qué?

—Es un Star por parte de su madre, ¿también puede quedar embarazado?

—¿Disculpa?

—¿Nos podrían dar algunas palabras, por favor, Layl?

—Sí, yo…

—¿Dónde se encuentra Esyor?

No podía. Decían pura estupidez y ni siquiera podía hablar. ¿Qué mierda de entrevistas eran estas?

—Bueno, si me dejan hablar…

—Sabemos que usted se fue antes que Esyor de la fiesta, ¿sucedió algo?

—Eso es…

—¿Darán alguna exclusiva?

—Sí, mi querido esposo no tiene la oportunidad de responder, ¿cómo quieren que les dé información?

Esyor salió detrás de mí, posicionándose enfrente y cubriéndome de los micrófonos pegados a mi cara.

—No responderemos preguntas por el momento. Sé que esperan con ansias esto, pero la verdad es que apenas estamos casados y quisiera poder disfrutar un poco más con mi marido.

Todos se miraron entre sí antes de bajar las cámaras y retroceder.

—Oh, lo entendemos, señor Flosborth. Disculpe las molestias.

Como si sus palabras fueran un hechizo, todos los reporteros se dispersaron.

《¿En serio?》

—Esto es increíble. Ni siquiera puedo hablar. Me lleva el demonio.

—Layl…

—Bueno, ya que el camino está libre, me largo.

—Tu compañero de cuarto.

Me detuve ante esas palabras.

—¿Ciro?

—Sé dónde está.

—Pues ¿qué esperas? Dilo.

—Un amigo lo llevó a un hotel cercano. Viene en camino.

—¿Qué?

—Un amigo...

—Sí, sí, escuché eso, pero ¿cómo que alguien se llevó a Ciro? ¿Por qué se lo llevó?

—No sé todos los detalles, pero puedo decir que mi amigo fue el secuestrado.

—Ciro, qué rayos…

—Creo que sería mejor que lo esperaras —sus manos temblaron mientras buscaban las mías—. Podríamos continuar la conversación mientras llegan… si te parece.

—Pues no me parece. Ya escuché lo suficiente de ti.

—Layl, solo… te diré todo, lo prometo —suspiró—. Sé que la mayor parte del tiempo soy un idiota, pero no quiero serlo en esto. No quiero que me veas y creas que esto es lo que soy para ti.

—¿Por qué no me pudiste decir todo hace unos minutos? Con tus malditos secretos ya estoy pensando que eres algún tipo de asesino o algo por el estilo.

—No lo soy, lo juro.

Su mano se apoyó sobre su pecho y sus ojos se agrandaron, expectantes ante mi decisión.

Ciro siempre me advertía lo mismo: no des segundas oportunidades a quienes no las merecen.

Pero soy débil con los perros de la calle, y él toca mi corazón.

Realmente me planteé si era bipolar o algo así. ¿Cómo podía cambiar tan rápido de emociones?

Hace unos momentos tenía mi dignidad intacta y ahora estaba aquí, a un paso de salir de esta casa y tal vez respirar la libertad efímera de mi vida, pero sin poder seguir por el peso de alguien que no debería importarme.

Al parecer, mis decisiones eran un tablero de serpientes y escaleras. Tiraba el dado y subía sin parar para luego encontrar unos ojos de cachorro y caer hasta el último lugar.

Caminé hacia la mansión, escuchando cómo se cerraba el portón, cómo se cerraba el candado de mi jaula.

No pude ver, por mi prisa de no pensar en mis errores, cómo una sonrisa se ensanchaba en el rostro de la persona que venía detrás de mí al escuchar cerrarse mi última oportunidad de escapar.




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