Mi dulce y falsa esposa

Capítulo 2: Miedo

Anabelle

Recuerdo el momento exacto en el que desperté y mencionaron mi nombre, Ana, y me pareció realmente desconocido, es horrible que ni siquiera tu nombre te diga algo, o ver el rostro de tus padres y no tener ni idea de quienes son. Saber que tienes una familia y no tener recuerdos de ellos, pero una sola cosa pensé cuando Andrés entró a mi habitación de hospital, ya había visto fotos, pero verle en persona fue distinto, caminaba con seguridad, su perfume se sintió desde que entró y su voz, su voz consiguió por primera vez que sintiera alguna reacción que no fuera miedo o tristeza. Ya había visto muchos médicos, pero Andrés me pareció el hombre más hermoso que había visto y sencillamente lo único que pude pensar es que mi otra yo tenía un muy buen gusto. Un esposo demasiado guapo y dos hijos hermosos, eso tenía y pensé que tenía una familia perfecta, pero mis pensamientos cambiaron cuando llegué a casa y vi las maletas, luego a él con ella, la desconocida que estaba en la cocina de nuestra casa demasiado cerca y que tocaba su pecho y logré sentir algo más que miedo y desconcierto, sentí celos.

—No —espeto mirando esos ojos que un momento me parecieron azules, pero ahora mismo noto que tienen algo de verde y me es imposible dejar de mirarlos.

—¿No? —Andrés parece confundido con mi respuesta y logra sacarme del trance.

—No creo que seas un hombre infiel —suelto haciéndolo reír.

—No me conoces —él se acerca más a mí y me tenso —perdiste la memoria, ¿o acaso es que recuerdas algo? —mira bien mis ojos y solo puedo pensar en que ahora está demasiado cerca.

—Mi hermano me dijo que trabajamos en la misma empresa y esa mujer parece modelo —hablo bastante rápido sintiéndome muy nerviosa —no creo que te buscaras una amante justo donde trabaja tu esposa y el padre de esta —mi mirada baja hasta sus labios, mi corazón se acelera y subo la mirada nuevamente a sus ojos, no se nada de él aparte de su nombre, pero mi cuerpo logra reconocerlo y sí, parece una estupidez, pero es la única persona que en cuanto vi supe que ya la conocía aunque no tenía ningún recuerdo de él.

—Pues no, no tengo amantes —suelta alejándose un paso y logro respirar bien —te mostraré tu habitación, quizás te ayude a recordar algo —Andrés comienza a caminar y lo sigo, sonrío un poco mientras lo hago y aunque parezca tonta le creo. Cuando se detiene en una puerta enorme abre esta y entonces ambos entramos, la habitación es amplia, está pintada de blanco y tiene adornos por todos lados, además de fotos, muchas fotos, demasiadas para mi gusto aunque dios, seguramente yo la decoré, pero no hay una parte de la pared que no tenga una foto mía, luego miro la cama, es también de color blanco y suspiro.

—Te gusta el blanco —escucho su voz, pero no lo miro y es que la habitación no me dice nada o bueno, me dice demasiadas cosas —y también te gusta verte —añade observando también las fotos, fotos hermosas eso es cierto.

—¿Las maletas?

—Estaba viajando por trabajo —dice bastante rápido y quizás solo me estoy haciendo muchas ideas, llevo mis manos a mi cabeza sintiendo que explotará en cualquier momento. —¿Te duele la cabeza? —lo miro y asiento —el doctor te recetó algunos analgésicos, te los traeré y debes descansar —él sale de la habitación antes de que pueda mencionar algo y comienzo a caminar por esta, hay una pequeña estantería con muchos libros y paso mi mano por estos, la habitación está muy limpia y me detengo para mirarla desde una esquina, hay adornos que son horribles, cuadros con fotos mías, pero no hay ninguna foto en familia y cuando miro la puerta voy hacia esta queriendo escapar de aquí y eso hago. Solo que al salir me topo con el pasillo y aunque no sé a donde iré comienzo a caminar y sí, hay más fotos mías por la casa, casa que sigue estando pintada de blanco y me detengo frente a una puerta entreabierta al escuchar risas y entonces los veo, hay dos pequeños idénticos jugando con un tren de juguete en el suelo, mis ojos se llenan de lágrimas observando a estos que me parecen simples desconocidos aunque sé que son mis hijos y es realmente insoportable el vacío que siento ahora mismo en mi pecho. Abro un poco más la puerta y ellos al sentir el ruido miran hacia mí y se quedan quietos haciendo silencio mirando mis ojos sin ninguna reacción de sus partes. Tuve un accidente, pero los gemelos que veo frente a mí no se acercan, no hacen gestos y no me hablan como si para ellos yo también fuera una desconocida y aunque sé sus nombres no sabría cuál es quien.

—Hola pequeños —se tensan cuando hablo.

—Jugábamos —murmura uno de ellos y acabo de entrar a la habitación, es la habitación de dos niños, pero también está pintada de blanco aunque no hay ningún adorno en las paredes y dios, está bastante organizada, no hay nada fuera de lugar y ni siquiera las camas están regadas, los niños se apresuran, recogen el tren de juguetes y dejan este bien acomodado para luego sentarse aún mirándome

—Pueden seguir jugando —ambos se miran entre ellos y no entiendo nada —yo —doy un paso más, pero se tensan y me detengo.

—¿Papá ya vino por nosotros? —pregunta uno de ellos.

—Podemos vivir con él ¿verdad? —la pregunta del otro me descoloca un poco.

—Esta es su casa —susurro sin saber que más decir.

—Pero dijiste que podíamos ir con papá —expresa el pequeño y aunque tienen cuatro años puedo entenderlos muy bien. ¿Cómo les explico a ellos que perdí la memoria y que no recuerdo absolutamente nada de nuestras vidas?

—Me gustaría —comienzo diciendo —me gustaría que —doy un paso hacia ellos, pero acabo aplastando algo que chilla y levanto rápido mi pie para ver el juguete, al mirarlos ambos están tensos y casi pálidos.

—Perdón mamá —uno de ellos rápido se levanta —no nos castigues —pide recogiendo el juguete —se nos quedó fuera cuando sacamos los juguetes, pero no pasará de nuevo —me mira, sus ojos se llenan de lágrimas y frunzo el ceño sin entender nada.




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