Andrés
Recojo las cosas que necesito de mi escritorio con rapidez, odio la idea de tenerla que dejar por tanto tiempo con los niños y solo deseo llegar lo más pronto posible a casa pero tenía que cumplir con un compromiso en la empresa. Suspiro dejando todo listo, pero la puerta de mi oficina se abre y aprieto mis dientes al ver quien entra, ella sonríe y camina con suma elegancia hacia mí, se nota que acaba de llegar de su viaje por Europa y se detiene en el borde de mi mesa para con calma retirar sus gafas.
—Hola Andrés —saluda como si nada.
—Hola Jess —sonríe.
—Supe lo que sucedió con mi hermana —respira hondo —y es una gran pena que la pobre haya perdido la memoria —suspira —bueno —ríe —una pena para ella al menos ¿verdad? Porque para ti —ríe con ganas.
—No sé de que hablas —tomo mis cosas y paso por su lado.
—De que ella ahora no recuerda nada —sus palabras me detienen —y gracias a eso continúas viviendo de los lujos de los Cox.
—Hace mucho que no vivo de esos lujos Jessica —la miro con rabia y ella alza una ceja —tus insinuaciones no me agradan —se acerca a mí.
—Estuve lejos un par de semanas y todo ha cambiado mucho, tú ibas a divorciarte y ahora —sonríe con pesar —ahora sigues viviendo con ella, ¿qué cambió Andrés?
—¿Ya hablaste con tu familia? —niega con la cabeza —deberías hacerlo, tu hermana no necesita saber todo sobre el pasado, son recomendaciones médicas —sus cejas se elevan.
—Eso es conveniente para ti —bufo —Andrés le haré la visita a mi hermana pronto así que
—Escúchame bien Jessica —la señalo sintiendo rabia y es que en esta familia, el único que sirve es Mauricio. —Deja tu veneno lejos de Anabelle, ella no está bien y tú, tú solo tienes veneno.
—No lo entiendo —susurra y me mira confundida —¿la estás defendiendo? —me tenso un poco pensando en mis palabras —me fui de aquí y la odiabas Andrés y ella a ti luego de
—Sabes que la mayor parte de ese odio hacia mí fue por tu culpa, tus juegos, tus trampas —sonríe sin arrepentimiento alguno —mantente lejos de ella Jessica.
—Respecto a eso hay un problema cariño, trabajamos en la misma empresa —su sonrisa se agranda y es quien pasa por mi lado —y por cierto —se detiene al abrir la puerta —Ana no merece que la protejas de nada ni de nadie, como tú, ella también tenía sus secretos —sale de la oficina dejándome solo y bufo negando con la cabeza mientras paso las manos por mi rostro, ella es como Lina, la única diferencia es que tiene el poder y el dinero para jugar sucio y además, la inteligencia.
Al llegar a la casa camino rápido por esta y me dirijo hacia la habitación de mis hijos, sin siquiera llamar entro y al verme detienen su juego y corren hacia mí sonriendo, para abrazarlos mejor me coloco a la altura de ambos, de todo, ellos son lo único bueno que me sucedió luego de conocer a Anabelle.
—¿Qué tal el día? —cuestiono mirándolos con atención —¿la han pasado bien? ¿Ya cenaron? —niegan con la cabeza y frunzo el ceño, es tarde.
—Te esperábamos —habla Mat —mamá quiere que cenemos todos juntos —me tenso.
—¿Y ustedes quieren eso? —niegan, pero también se encogen de hombros.
—Hicimos un trato —Ben habla rápido —quiere conocernos y lo hará solo en las cenas, si al final, seguimos sin quererla nos dejará y se irá papá, ¡podremos vivir contigo! —abre sus brazos encantado con la idea y me pierdo en esos ojos hermosos idénticos a los de su madre.
—Eso es... interesante —murmuro viendo las sonrisas de ambos.
Entro a la habitación sin tocar y justo cuando lo hago ella sale del baño envuelta en una toalla, al verme se detiene por completo y me acerco.
—Andrés —susurra retrocediendo un paso.
—No me gusta lo que haces —la señalo con rabia —hablaste con los gemelos, hiciste un trato con ellos —me acerco más a ella —Escúchame bien Ana —sigo señalándola —a la primera lágrimas que derramen por tu causa, te destruiré —me doy la vuelta sin querer seguir viendo sus ojos.
—¿Tan mala crees que soy? —su pregunta me detiene.
—Tú te olvidaste de mí —la miro —pero yo te conozco bien —sus ojos están algo rojos y muerde su labio —no quiero que dañes a mis hijos.
—Solo deseo conocerlos —musita y rio.
—Ya te dije la verdad, te dije que nos estábamos divorciando, te dije que no estábamos bien y te dije como eras, ya sabes que tus hijos no te aman —vuelvo a acercarme —y sabes que creo que finges todo esto de la amnesia —bufo —¿por qué no te rindes Ana? Admite que estoy en lo cierto y deja de fingir, deja de jugar —las lágrimas en sus ojos me resulta insoportables.
—No estoy fingiendo nada Andrés —expresa mirando mis ojos —y si tanto me odias —da un paso hacia mi acortando prácticamente toda la distancia —¿por qué no te has ido ya y acabas lo que comenzaste con el divorcio? —me pierdo en su mirada sin poder decirle que acepté pasar tres meses más con ella solo por mi amistad con su hermano.
—Te espero abajo para cenar —es lo único que digo y me alejo de ella, Ana solo asiente sin mirarme y salgo de la habitación sintiendo mi corazón demasiado acelerado.
El sonido de los cubiertos es el único sonido que rompe el silencio en el comedor, los gemelos cenan intentando no hacer ningún desorden y sé que están con miedo y odio ver eso, mi mirada va hacia ella cuando deja sus cubiertos, sonríe y los mira.
—¿Les gustó la cena? —cuestiona, los niños me miran y luego a ella, entonces asienten y Ana sonríe —me gustaría saber más sobre sus gustos —añade sin dejar de sonreír —los platos que les gustan, los postres.
—Nos gusta el helado —habla Ben rápido —de chocolate es mi preferido.
—Papá nos lleva a una heladería que queda cerca —expresa Mat —y es la mejor.
—Pues podríamos ir mañana los cuatro —propone Ana y niego rápido.
—Nunca te ha gustado el helado —me mira alzando una ceja —y menos salir con los niños —noto la mirada triste de los gemelos.
—Pero ahora no sé si me gusta o no y quiero probarlo —ella sigue sonriendo —¿les parece bien si vamos mañana? —los pequeños asienten y respiro hondo.