Mi dulce y falsa esposa

Capítulo 5: Segunda oportunidad

Anabelle

El viaje camino a la casa es en completo silencio, mi hermano es quien conduce y Andrés va a su lado, a mí me tocó ir en el asiento trasero y el aire dentro es tenso, demasiado, siento que mi cabeza explotará en cualquier momento y sí, tengo ganas de llorar aunque no lo entiendo, pero claro, vi fotos, me cree una película en mi cabeza y pensé que tenía la vida perfecta y desde fuera así parece, un esposo guapo con el cual trabajo, dos pequeños hermosos y un trabajo que muchos desearían con fama y dinero de por medio, pero olvidaron decirme que mi esposo me detesta y quiere divorciarse de mí, así como también que mis hijos me tienen miedo y que al parecer yo era la peor persona del mundo, mis ojos se llenan de lágrimas y respiro hondo.

—Hemos llegado —dice mi hermano y Andrés rápidamente abre la puerta del auto.

—Gracias, amigo —farfulla y solo baja sin mirarme para ir hacia la casa. Mauricio se gira hacia mí y sonríe un poco, siento que puedo confiar en él aunque últimamente mi intuición anda fallando.

—Gracias —susurro sin saber que más decir y llevo mi mano a la puerta.

—Ana —me detengo y lo miro —te quiero mucho, hermana —añade y lo miro confundida.

—¿Por qué lo dices? —sonríe.

—Solo quiero que lo sepas —se encoge de hombros —ya que no lo recuerdas —asiento con lentitud.

—¿Sabías que Andrés y yo nos estamos divorciando? —lo miro, él se tensa por completo y eso es un sí —¿conoces las razones? ¿Es por mi causa? Soy muy mala y

—No eres mala —interrumpe mis palabras con tanta rapidez que parece verdad y mueve su mano hasta que toma una de las mías —hay respuestas que no puedo darte Ana —bufo dejando de mirarle y aprieta mi mano —pero hay algunas cosas que si sé —sonríe —sé que tú amas a Andrés —miro sus ojos y sigo su mirada que está fija en el anillo que tengo en mi mano, yo no me lo quité —y Andrés también te ama —lo miro rápido.

—Creo que no es así —sonrío un poco —pero gracias —abro la puerta y bajo del auto de forma rápida.

Me acerco a la cocina en donde solo encuentro a una señora y tomo asiento en la mesa, ella voltea y sonríe al verme, sonríe de verdad, no como las otras empleadas y rápidamente se mueve por la cocina.

—Debes de tener sed —dice y la miro sin entender —y un agua con limón es tu favorito —deja el vaso frente a mí y lo miro, tiene algunos hielos, se ve bueno y sonrío un poco tomando este en mis manos aunque no lo bebo, simplemente me quedo mirándolo recordando cada una de las palabras de Andrés aunque no solo las palabras duelen, su mirada lo hace aún más, su forma de hablarme.

—¿Hace mucho que trabajas en esta casa? —la miro y la señora sonríe.

—Siempre he trabajado para usted señora —mi ceño se frunce —lo hacía cuando vivía con sus padres y lo hago ahora —ella parece bien con eso y quizás es la única persona que conozco que no me odia.

—He hablado con otras empleadas y a todas Andrés las contrató hace poco así que supongo que eras la única que me soportaba —abre la boca, pero muevo mi mano —descuida, puedes hablar, ya sé que no era la mejor persona —dejo de mirarla y bebo un trago dando un suspiro.

—¿Habló con el señor Andrés? —suspiro y la miro.

—Nos estábamos divorciando —murmuro y ella toma asiento frente a mí, su lástima en sus ojos logra que deje de mirarla o comenzaré a llorar justo aquí.

—¿Seguirá adelante con el divorcio aunque no lo recuerdes? —pregunta y una parte de mí desea decir que si, la otra recuerda lo que mi hermano dijo, ¿y si Andrés no solo dejó de lado el divorcio por lástima? Después de todo, el accidente consiguió que volviera a la casa y fingiera que seguía todo igual, ¿y si fue por algo más?

—Quiero creer que la vida me regala una segunda oportunidad —la miro —y cuando miro a Andrés a los ojos siento muchas cosas —ella sonríe —quiero recuperar mi matrimonio, a mis hijos, a mi familia, ¿crees que pueda conseguirlo? —su sonrisa se agranda.

—La conozco desde niña y... y nunca se ha propuesto algo que no hayas conseguido —respiro hondo.

—El problema es que ya no soy esa persona, ni quiero serlo ni recordarlo —ella me mira confundida.

—Creo que deberías primero saber por qué te divorciabas —la miro rápido sin entender —no todo es por culpa tuya Ana —sus palabras me dejan sin habla.

—¿Hay otra razón? —la señora abre la boca, pero el ruido de pasos hace que la cierre sin decir nada y se pone de pie, a la cocina entran corriendo los gemelos y al verme se detienen como si hubieran visto a un fantasma, la empleada solo sale y los niños me mira con temor, un temor que llena mis ojos de lágrimas y es peor que el desprecio en los ojos de Andrés.

—No queríamos correr —explica uno de ellos —perdón mamá, estábamos

—No pasa nada —los interrumpo y me pongo de pie, pero ambos retroceden cuando me acerco —no, no sé si papá ha hablado con ustedes —me coloco a la altura de ambos mirando sus hermosos ojos —pero yo

—Dice que tienes amn —se calla y mira a su hermano haciéndome sonreír.

—Amnesia —susurro y asienten —así es —suspiro —no recuerdo nada del pasado y quizás no entiendan del todo eso, pero como no recuerdo nada, tampoco conozco a nadie y me gustaría conocerlos a ustedes —ellos siguen en silencio mirándome como si fuera un bicho raro, puede que a Andrés nunca lo recupere, pero quiero intentar primeramente ganarme a los pequeños, mis hijos. —Así que —sigo al ver que no hablan —podríamos comenzar de cero, como si no nos conociéramos, ¿qué dicen?

—¿Comenzar de cero? —fruncen el ceño y sonrío viéndolos idénticos.

—Si y para conocerse lo primero que debemos hacer es presentarnos —explico y siguen con desconfianza.

—Soy Ana —me presento sin dejar de sonreír —una nueva Ana —murmuro —¿y ustedes como se llaman? —se miran entre ellos.

—Soy Matías —dice uno de los pequeños, el que tiene un pequeño lunar en su mejilla y sonrío —pero me dicen Mat —asiento lentamente.

—Y yo Ben —habla el otro —pero queremos vivir con papá —agrega y un nudo enorme se fija en mi garganta.




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