Mi dulce y falsa esposa

Capítulo 11: Cambiada

Andrés

Volver a la casa luego de estar prácticamente en el paraíso hace que todos sintamos algo de nostalgia. Mis hijos bajan del auto sonriendo, pero sé que van a extrañar bastante a mis padres y Ana baja del auto sin siquiera mirarme aunque soy rápido y tomo su brazo deteniendo sus pasos, ella se tensa, hago que me mire y algo en ella ha cambiado desde que salimos de la casa de mis padres, pero no he podido saber qué, no ha hablado en todo el camino y eso me tiene mal.

—¿Todo bien? —la suelto cuando intenta evitar mi toque y ella solo asiente —hiciste el mismo gesto cuando pregunté en la finca, pero no pareces estar bien.

—Solo estoy cansada Andrés —mira mis ojos y algo me dice que miente.

—Ana —sonrío un poco —en cuanto a lo de anoche

—¿Podemos hablar luego de eso? —me interrumpe de forma brusca mirando mis ojos —de verdad estoy agotada Andrés —sigo mirándola, pero asiento sin decir más y ella entonces se da la vuelta y camina hacia la casa con prisa, no la entiendo, aunque, quizás si es cierto que solo está agotada. Respiro hondo y vuelvo a subir a mi auto, arranco este y me alejo de la casa teniendo en mente algo más, necesito desahogarme, sacarme de dentro todo lo que tengo, no voy a negar que el día de ayer fue maravilloso, pero al despertar noté la realidad al ver a Ana a mi lado dormida en la misma cama, me permití olvidarme de todo, pero no sé a donde puede llevarme eso. Ella podría recuperar la memoria mañana mismo y entonces todo acabaría. Bajo del auto y entro al club de mi amigo, a esta hora está totalmente vacío, pero él está aquí haciendo sus cuentas sobre la noche de ayer y al verme levanta una botella.

—Andrés estabas desaparecido —ríe y tomo asiento frente a él mientras observo el club en donde el color rojo predomina y eso hace que recuerde las dichosas rosas que me ponen mal aunque no deberían.

—Dominic sírveme un trago y deja de hablar tanto —alza una ceja

—¿A esta hora? —bufa, pero me sirve el trago que pedí aunque no lo bebo —¿qué te sucede? No, espera —me calla antes de que pueda hablar —Anabelle —musita el nombre sonriendo —sigues pensando que finge y ya no la soportas, la última vez que hablamos

—Ella está cambiada —interrumpo sus palabras mirando mi vaso —ya no es la misma de antes, juega con los gemelos, acepta estar cerca de animales por estos y me mira diferente, la llevé a casa de mis padres y pidió disculpas a todos aunque no recuerda nada —miro los ojos de Dom que ya no sonríe y está hasta algo tenso.

—Hablas como si creyeras que ella de verdad cambió y…

—No la has visto —sigue tenso —se ruboriza cuando mira mis ojos —sonrío como tonto —se estremece cuando la toco y sus besos

—¿Besos? —se acomoda en su silla incómodo.

—Nos besamos —Dominic se pone de pie —y fue

—Andrés te ibas a divorciar de ella —me mira al recordarme eso —ya no la amas, ¿olvidaste eso? Ella tampoco te ama —me señala —ella no ama a nadie en realidad —ríe al decir eso.

—Ella nunca se quitó la alianza —también me levanto —la contraseña de su teléfono es la fecha del nacimiento de nuestros hijos, ella es fría, pero creo que si nos amaba y —Dom se echa a reír y me tenso.

—Por dios te has vuelto loco —pasa las manos por su rostro.

—¿Y a ti por qué eso te molesta? —inquiero molesto y mira mis ojos.

—Soy tu amigo Andrés y no quiero que sufras —bufo con eso —Andrés —lo ignoro y camino hacia la puerta queriendo ya salir de aquí y no escuchar más sus palabras aunque quizás tenga razón, pero obviamente no quería escuchar nada de esto y la confusión no se va de mi mente.

Luego de estar más de una hora dando vueltas en mi auto me detengo frente a la empresa y bajo de este. Mis pies me llevan por el pasillo hasta la oficina de Jessica y entro en esta sin siquiera tocar olvidando los protocolos, pero esta conversación debo tenerla con ella porque se atrevió a ir a mi casa.

—¿Vienes a visitarme, pero entras a mi oficina sin llamar? —Jessica se pone de pie sonriendo —¿Tanta confianza hay Andrés?

—Quiero que dejes tus juegos lejos de Ana —me acerco a su escritorio —sabes bien que ella no recuerda nada así que pretendes hacerle creer cosas que no son —ríe volviendo a su silla mientras niega con su cabeza.

—No sé de que hablas —bufa y coloco mis manos sobre su escritorio.

—Fuiste a mi casa y le hiciste creer que tú y yo teníamos algo —mascullo y Jessica mira mis ojos, sin saber por qué su mirada me recuerda a la de Dom y ella suspira.

—Y déjame adivinar, ¿lloró? —sonríe —¿Se enfadó? ¿Te pidió el divorcio? —acerca más su rostro al mío —¿Acaso el divorcio no es lo que querías hace unos días apenas? —sus ojos se entrecierran.

—¿No te das cuenta de que solo logras que te desprecie más? —su sonrisa es borrada de su rostro —Una vez más intentas lo mismo, que Ana piense que le fui infiel contigo.

—Pues ella lo creyó antes y tú dejaste que lo creyera —me alejo de su mesa —¿me dices que cambió Andrés? —hago silencio sin poder responder —¿Ahora que quieres? —ella rodea su escritorio y se acerca a mí —¿que la nueva Ana te vea diferente porque si —sonríe —no fuiste infiel, pero eso no te hace una buena persona —me señala —sigues teniendo secretos con ella, secretos que yo sé y secretos que pretendo que ella sepa —tenso mi mandíbula.

—¿Por qué? —frunzo el ceño —¿Por qué tienes tanto odio?

—¿Odio? —alza una ceja y niega con su cabeza —Eres un idiota que nunca se dio cuenta, yo te conocí primero que ella Andrés —sus manos van a mi pecho —yo te di trabajo en esta empresa, yo te ayudé, gracias a mí eres quien eres hoy y gracias a mí aunque duela decirlo, te casaste con ella —masculla lo último con rabia alejándose de mí.

—Oh claro, lo había olvidado, gracias a ti cometí el peor error de mi vida —Jessica ríe.

—¿Hablas de la boda o de la razón por la que te casaste? —mira mis ojos.

—Solo te lo advierto Jessica —la señalo —deja de jugar, o te sacaré de la empresa, sabes que puedo hacerlo, sigo siendo el esposo de Ana y tu padre, tu padre escucha mucho mis consejos —sonríe.




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