¿quién soy?

Capítulo 6

Hellooooooo.

Antes que nada, una disculpa por subirlo hasta hoy (cuando se acaba la semana), pero tuve un problema con mi cuenta y no podía ingresar, ni publicar nada. Pero pues nada, les juro que la espera valió la pena, espero lo disfruten mucho y diganme si quieren que les ponga la traducción enseguida en parentesis o nadota. A mí se me hace raro por estetica, pero no sé, acepto sugerencias y comentarios.

Y nada, disfruten y buen fin de semana.

¡Saquen plan!, jajaja, no es cierto.

Ay, que old me sentí diciendo eso, gúacala. Olvidenlo, jajaja.

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El hostes me guió a través de un pasillo discreto, con paredes tapizadas en terciopelo oscuro y una luz tenue que prometía privacidad absoluta. Se detuvo frente a una puerta de madera maciza, dio dos toques suaves y la abrió para dejarme pasar.

El privado del L’Ami Jean era impresionante. Una mesa elegante montada para dos frente a un ventanal con una vista espectacular de las luces de Los Ángeles, una botella de champán helándose en una cubitera de plata y la música de un piano sonando muy suave al fondo.

Serge ya estaba ahí.

Estaba de pie junto a la ventana, sosteniendo una copa de cristal con whisky. Vestía un traje a medida sin corbata, con el primer botón de la camisa desabrochado, dándole un aire descaradamente atractivo pero peligroso. En cuanto me vio cruzar el umbral, sus ojos azules me recorrieron de pies a cabeza con una lentitud voraz, deteniéndose en la abertura de mi pierna y en la piel descubierta de mi cuello.

—Bozhe moy... —murmuró en ruso, dejando su copa en la mesa y caminando hacia mí con paso firme—. Sabía que te verías fabulosa, Nina, pero esto es casi una provocación personal.

—Dijiste que no eras un hombre paciente —sonreí con elegancia, quitándome el abrigo despacio para dejar al descubierto el corte de mi vestido—. Y a mí no me gusta hacer esperar a las personas que ofrecen buena conversación.

Serge se acercó hasta quedar a centímetros de mí. Tomó mi abrigo y se lo entregó al mesero, quien se retiró en silencio cerrando la puerta tras de sí. Nos quedamos completamente a solas.

—Me alegra que hayas decidido venir —dijo Serge, rodeándome la cintura con un brazo para guiarme hacia la mesa, asegurándose de que el calor de su mano atravesara la seda de mi vestido—. Aunque debo confesar que por un momento pensé que tu novio, el tal Josh, no te dejaría salir.

Tomé asiento mientras él me acercaba la silla con caballerosidad. Le dediqué una mirada felina a través de las pestañas.

—Josh sabe que no soy propiedad de nadie, Serge. Y además... los negocios importantes no se discuten con niños.

Serge soltó una risa baja y profunda que le iluminó la mirada. Se sentó frente a mí, tomó la botella de champán y sirvió dos copas, entregándome una.

—Me gusta tu actitud, Nina. Tienes fuego, y en esta ciudad la gente suele ser trágicamente aburrida —brindó conmigo, haciendo sonar el cristal—. Por los negocios importantes... y por las mujeres que saben jugarlos.

—Por eso —respondí, dándole un trago lento al champán sin quitarle la mirada de encima —. Aunque todavía no me queda claro qué tipo de juego juegas tú, Serge. Tina Corbell te trata con un afecto que casi parece el de una madre con su hijo favorito... pero con un nivel de confianza brutal. Serge apoyó los codos en la mesa, inclinándose hacia mí con una sonrisa intrigante y un toque de superioridad.

—Tina me aprecia porque sé cómo hacer ganar dinero a la gente que ya lo tiene todo —dijo, dándole un trago a su vaso de whisky—. Los Corbell están en la cima de este país, Nina. Tienen poder, influencia y más ceros en sus cuentas de los que podrías contar. Pero el verdadero poder no es solo tener dinero, es saber con quién moverlo en el tablero global. Y ahí es donde entro yo.

—Un socio estratégico que tiene el pase libre a la intimidad de la familia —comenté con soltura, pasando la yema del dedo por el borde de mi copa de cristal—. Debe ser fascinante estar tan cerca del núcleo de los Corbell. David parece adorarte, aunque Tina es quien realmente lleva las riendas de ese imperio, ¿no es así?

Serge soltó una risa baja, negando ligeramente con la cabeza.

—Tina es una mujer implacable, le gusta sentir que tiene el control de absolutamente todo lo que la rodea. Desde los negocios multimillonarios de la familia... hasta la vida de su hijo —hizo una pausa, mirándome fijamente a los ojos con un matiz mucho más oscuro—. Pero hasta las mujeres más controladoras tienen puntos ciegos, мисс Smith. Cosas que prefieren no ver, o secretos que pagan millones por mantener enterrados.

Me eché un poco hacia atrás en la silla, cruzando la pierna para dejar ver el corte de mi vestido de seda, manteniendo la calma absoluta de una cazadora que acaba de ver a la presa acercarse a la red.

—¿Secretos? —enarqué una ceja con una sonrisa tentadora—. Cuidado, Serge. Hablas como si tuvieras las llaves de la caja fuerte de los Corbell.

—Tengo más que las llaves, Nina —susurró el ruso, bajando el tono de voz mientras se estiraba sobre la mesa para tomar mi mano, acariciando el dorso con la yema de su pulgar—. Tengo la información que mueve sus decisiones. Y créeme... ser amigo íntimo de esa familia es como tener a tu peor enemigo como amigo. Aprecio mucho a David y sobre todo a Tina.




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