Bueeeeenas noches, gente.
Una disculpa por actualizar hasta ahorita pero el día no me dio para todo, pero lo importante es que ya está aquí. Me di cuenta que vamos un poco diferidos en cuánto a caps, así que mañana subiré otro para que vayamos a la par con booknet.
Pues nada, disfruten el cap.
Los tqm.
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Esta misión me estaba dando más problemas de los que esperaba, y la paciencia se me estaba agotando. Pero aquí estaba, preparándome para esa maldita cena sin terminar de entender por qué demonios invitarían a la wedding planner. O sea, si yo fuera ellos, no la tendría metida en mi casa 24/7. Pero ¿quién era yo para juzgar? Si hacía exactamente lo que me pedían, terminaría más rápido... o al menos eso quería creer.
Llevaba un vestido corto color hueso, sin mangas de tirantes, solo con una caída elegante que colgaba sutilmente hasta mi muñeca. Lo combiné con tacones plateados y el cabello suelto peinado en ondas. Cuando estuve lista, me coloqué el reloj que incluía un láser integrado —costosísimo y cortesía de SIEDSA, claro que sí—. Tomé mi bolso y caminé hacia la salida de la habitación.
Mi primo estaba tirado en la sala, comiendo papas fritas y viendo alguna serie en la televisión.
—¿No había código de vestimenta para la reunión? —preguntó, enarcando una ceja al verme.
—Pero si voy perfecta —me quejé, impostando indignación.
—Si el objetivo es seducir a alguien, claro que sí —aseguró él con sorna.
—Eres un idiota, Leo —dije mientras caminaba hacia la puerta principal del departamento—. No me esperes despierto, no sé qué tan tarde vaya a terminar esto.
—Entendido, jefa. ¿Dormirás con el ruso o con el británico?
Lo fulminé con la mirada.
—Entiendo, me callo —murmuró, volviendo la atención a la pantalla.
Salí del departamento, bajé al auto y conduje directo hacia la mansión Corbell. ¿Estaba lista? No. Pero era lo que me tocaba hacer. Era mi misión, y si me daba prisa, la daría por concluida antes de lo pensado. En cuestión de minutos ya estaba frente a la propiedad; esa maldita mansión que me había arrastrado a esta situación, donde mi familia corría peligro por culpa de un exagente de inteligencia.
Tomé aire, sujeté con firmeza mi bolso y me dispuse a bajar del auto para enfrentar la dichosa cena y terminar con esto de una vez por todas.
—Hola, amor —saludó una voz a mis espaldas. Esa voz que ya conocía de sobra, acompañada del maldito apodo de siempre.
—Deja de llamarme así —dije, dándome la vuelta para quedar frente a él.
—Solo cumplo con mi papel —se encogió de hombros con descaro.
—Te lo estás tomando demasiado en serio, entonces.
—Tan en serio como sea necesario —respondió con simpleza.
—Nina… —escuché de pronto. Esa voz... de verdad que iba a volverme loca—. No sabía que vendrían.
Mentiroso. Su nota decía todo lo contrario.
—Es una cena para dialogar sobre la problemática que azota a Grupo Corbell en estos momentos —explicó mi falso novio mientras caminaba a mi lado.
—¿Y qué tiene que ver Nina con eso? —preguntó, mirándome con una ceja enarcada.
Él quería jugar, pero si íbamos a entrar en su juego, yo también me iba a divertir.
—Soy su novia y, por ende, su invitada —dije, dándole una sonrisa impecable mientras me enganchaba con naturalidad a su brazo—. Si él me necesita, siempre estaré aquí para apoyarlo.
—Y es por eso que es mi novia: hermosa e inteligente —respondió Brian con soltura—. Ahora, si nos disculpas, debemos entrar.
—Claro, adelante —asintió Serge, estirando la mano para presionar el timbre.
Una empleada nos abrió la puerta casi de inmediato y nos guió por los pasillos de la mansión hasta el comedor principal. La mesa ya estaba dispuesta con una elegancia impecable. Brian, haciendo alarde de sus modales ensayados, retiró la silla para que yo me sentara. Se acomodó a mi lado derecho y, para mi desgracia, Serge ocupó el lugar a mi izquierda.
Excelente. Justo en medio de los dos hombres más peligrosos y exasperantes de la sala.
En la cabecera se encontraba Tina Corbell, luciendo impecable pero con esa rigidez aristocrática que la caracterizaba; a su lado, su hija Kyra observaba todo con un poco de aburrimiento. David tomó su lugar frente a nosotros, y a su lado estaba Mandy, su prometida, obvio, ella mantenía una postura erguida pero visiblemente incómoda. Los demás socios presentes eran rostros viejos que en mi vida había visto, hombres de traje que me recordaban a las reuniones de mi padre .
Apenas las empleadas comenzaron a servir la entrada —un plato pretencioso con porciones microscópicas—, Tina aclaró la garganta y fijó su mirada llena de desaprobación en el extremo de la mesa.
—David, realmente no entiendo qué hace Mandy aquí —soltó Tina sin rodeos, con una voz cortante que congeló los movimientos de los empleados—. Esta es una cena de socios y accionistas para discutir la crisis del Grupo Corbell. No es una reunión familiar, y mucho menos un convivio para prometidas.
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Editado: 29.09.2026