¿quién soy?

Capítulo 7

Holiwis.

Les dejo el nuevo capítulito. Este capítulo es de revelaciones así que tomen nota y pongan atención. En otras noticias, amigas, me estoy obsesionando con los futbolistas, JAJAJAJA. En fin, vayan a leer con calma.

Besitos.

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El sol apenas comenzaba a filtrarse por las persianas de mi habitación cuando me rendí y dejé de intentar conciliar el sueño. Había regresado a casa pasadas las doce de la noche, agotada física y mentalmente, pero mi cerebro se había negado a darle tregua a mi cuerpo. Maldita sea, ¿por qué no podíamos estar de acuerdo por una sola vez en la vida?.

En la madrugada me había despertado de golpe, con las sábanas enredadas entre las piernas, la piel erizada y la respiración agitada por culpa de un sueño ridículo. Un sueño húmedo donde las manos de Serge no se detenían en mi muslo y su boca no se quedaba en mi cuello. Me estaba volviendo loca. No. Ya estaba loca. Serge me nublaba la cabeza, y cualquier cosa que tuviera que ver con él también. La misión estaba siendo más absurda, confusa y terrible de lo que había pensado. En fin, ese estupido sueño me tuvo dando vueltas en la cama hasta que salió el sol.

Con un dolor de cabeza punzante y arrastrando los pies, salí del cuarto vistiendo solo una camiseta gigante y pantalones de pijama. El aroma a café recién hecho y tocino cruzaba el pasillo.

Al llegar a la cocina, encontré a Leo de espaldas, frente a la estufa, volteando unos hot cakes en la sartén.

—Vaya, miren quién decidió regresar al mundo de los vivos —dijo Leo sin girarse, sirviendo una porción generosa en un plato y colocándolo sobre la barra de la encimera junto a una taza de café humeante—. Tienes una cara que ni el maquillaje podría salvar hoy. ¿A qué hora llegaste anoche? No te sentí llegar.

—Cállate y dame ese café antes de que cometa un delito —gruñí, sentándome en uno de los taburetes altos de la barra y tomando la taza con ambas manos.

Leo soltó una risita burlona, apoyando los puños en la encimera y mirándome como lo hacía mi hermano mayor.

—Esa sonrisa de trauma y las ojeras ocultan algo. ¿Me quieres contar qué pasó en esa fiesta?

—No pasó nada —mentí descaradamente, dando un sorbo largo al líquido negro para evitar su mirada.

Tomé mi celular de la barra para cambiar de tema y evitar las preguntas incómodas e invasivas de Leo. La pantalla se iluminó con varias notificaciones no leídas.

El primer mensaje era de un número desconocido:

De: Número Desconocido

"¡Hola, Nina! Soy Kyra. Guarda mi número, por favor. Nos veremos pronto. ¡Que tengas lindo día!"

Guardé el contacto de la hermana de David con una leve sonrisa, al menos alguien de esa familia resultaba ser una bocanada de aire fresco. Sin embargo, la sonrisa se me borró al abrir el siguiente mensaje, enviado a primera hora de la mañana por Mandy.

De: Mandy Wilson

"Buenos días, Nina. Lamento avisarte con tan poco tiempo, pero adelantamos la agenda. Te esperamos hoy a las 11:00 AM en la mansión Corbell para la prueba de pasteles y el menú definitivo. David estará aquí también. Por favor no llegues tarde."

Solté un suspiro pesado y largo, dejando caer el teléfono bocabajo sobre la barra de mármol.

—Definitivamente no me pagan lo suficiente en SIEDSA para esto —murmuré, apoyando la frente contra mis manos mientras Leo me miraba con una mezcla de compasión y burla.

Leo soltó una carcajada limpia y tomó un sorbo de su propia taza, disfrutando demasiado de mi miseria matutina.

—Podría ser peor… podría ser un interrogatorio de SIEDSA sobre por qué traes la cabeza en las nubes —comentó Leo, cruzándose de brazos y recargándose contra el mueble de la cocina—. Aunque, viéndote bien, yo creo que prefieres mil veces que te interroguen a tener que lidiar con… ¿cómo los llamabas?, —hizo un ademán de pensar un segundo — Ah sí, nido de víboras, a las once de la mañana.

—Es Mandy la que me preocupa —admití, levantando la cara de las manos y tomando un pedazo de hot cake con el tenedor—. Anoche parecía que estaba a punto de sufrir un colapso nervioso. Necesito terminar con esta misión lo antes posible. Oculta algo, pero estoy segura de que no es una infidelidad, aun así, necesito saber cuál es ese secreto.

—La defiendes mucho, podría ser que sí sea infiel y tú solo lo estás pasando por alto por ser de tu gremio —añadió Leo, perdiendo un poco ese tono bromista y adoptando ese tono más serio—. No bajes la guardia, Tony. Algo me dice que el entorno de los Corbell es un campo minado, un paso en falso y se te cae la fachada de Nina.

—Lo sé —murmuré, sintiendo un peso invisible sobre los hombros mientras recordaba la mirada de Serge en la glorieta y la intensidad del beso de Brian en medio del salón—. Lo sé perfectamente.

Miré el reloj de la cocina. Eran casi las nueve y media. Tenía el tiempo justo para darme una ducha con agua helada que me quitara la mala cara que aun tenía, cambiar el pijama por algo lindo y manejar hacia la mansión Corbell. Diooooooos, tragame Tierra y no me escupas nunca.




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