Cenizas.
Todo es cenizas.
Nix se ve obligada a volver a casa después de estar un año concentrada en su autoexilio. Vuelve para defender su hogar de las Nebulosas —cosas asquerosas del infierno—, mientras un golpe de estado y una exhaustiva investigación tocan a las puertas de la mansión Anglus, ella trata, incluso si eso significa sacrificar a quien sea, de esconder su propio secreto.
Porque la más mínima exposición logrará que lleguen de una vez por todas a ella.
Ser quiénes son —ella y su gemela—, en un mundo donde la mezcla de raza está prohibida, es difícil y lo es mucho más si como ella no solo estás a la mira de los altos mandos, sino qué el gen que se supone que heredaste te causa descontrol y desunión con tu manada, con la naturaleza.
Obsesionada con estar limpia, oler bien, enseñar a su hermana a matar sin que parezca que estaba revolcándose en el suelo, quejarse con el guardia al que le dice Antonio y más importante las dagas, Nix descubrirá que todos, sin excepción, tienen algo en común y que ese es el estado más puro del ser.
Porque sin importar quién o qué, no somos más que...
Deboradores.
Incluso él.