1
Juraría recordar esta sensación.
Un vació absoluto.
Nada por ver.
Nadie a mi llamado.
Una gran laguna mental por la que debía escabullirme, aunque encontrara el silencio.
¿Eh?
¿Qué?
¿Dónde...?
Me pesan los párpados.
Una oscuridad eterna me rodeaba.
No, solamente no puedo abrir los ojos. Debería ser normal.
...
¿En serio lo es?
Pero... Tampoco siento nada.
No había señales de vida, ni una pizca de luz.
Todo estaba completamente vacío.
Es como si fuera una recámara sin fondo, un salón profundo.
Aunque camine no avanzo un paso. Sigue siendo lo mismo.
Debo hacer memoria.
Recordar.
En retrospectiva...
Estuve por caer de algún lado, diría que de una torre.
Pero mucho antes algo en el cielo destrozó la realidad como la conozco, aunque no pude interpretar qué era.
Si viera más atrás, desperté en la misma cosa que aquella tormenta se llevó.
¿Y... no hay más?
Me resulta imposible reconstruir los hechos. Es como si la cinta de mi cabeza fuese cortada a media película.
Solo veo fragmentos inentendibles.
¿Acaso, estoy muerto?
No, tal vez fue un terrible sueño.
Por donde lo mire, esos recuerdos no fueron reales, parecen más una fantasía.
Es una pena pensar que mi mente pudo imaginar a mucha gente siendo devorada por un fenómeno extraño.
No creo que haya importado lo que ocurra después, sin embargo, hay algo de culpa que no puedo quitarme de la cabeza.
La única opción que me tiene vigente es tener paciencia y esperar a que ocurra algo en este lugar tan extraño; no puedo despertar, algo más tendrá que hacerlo.
...
¿O tal vez... este es el segundo paso antes de la muerte?
Creí que allí había acabado.
Es cierto que no oía nada, pero eso no significaba que mi audición mantuviera por siempre la misma percepción.
A una distancia inestimable, latidos moderados hacían su eco.
Un corazón sereno y sin exaltación.
Se trataba de un bum.
Se estaba acercando, mis párpados también comenzaban a perder peso.
Una vez más, veía la luz.
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Bum. Bum. Bum.
—......
¿Ahora, donde estoy?
Solo dormía.
Estaba en una oscura pesadilla, o probablemente esta sea la misma, pero a color.
Esto no pudo acabar aún. No.
No siento las piernas... ni los brazos.
Tampoco puedo hablar, o mover siquiera el cuello.
Bum. Bum.
El sonido persiste, viene de arriba, por sobre mi cabeza.
Estaba en alguna clase de entumecimiento.
Mis ojos podían moverse, no tardé por analizar el sitio en el que me encontraba.
Nada más veía madera tallada por el techo. Era demasiado elegante.
Tengo una mala espina.
Lo último que recuerdo fue esa torre y mi cuerpo sacudiéndose
Habiendo caído de tan alto, salir con vida solo significaba una cosa.
No quiero pensar en las secuelas que serían devastadoras.
Quedar paralizado por un accidente como ese... es algo difícil de imaginar.
El Bum solo aumentaba. Sentía la desesperación de no poder hacer nada.
—Al fin despertaste.
Alguien habló.
Una voz femenina provenía de la derecha.
Tenía mi atención, pero también me resultaba imposible ver su rostro.
Mis pupilas temblaban un poco. Traté de controlarlas, pero estas no respondían a lo que hacía.
Los latidos se intensificaron, podía oír ese bum incontables veces.
—Oye, oye. —Esa mujer acortó nuestra distancia—. Oye, calmado.
¿Un uniforme blanco?
Vestía un conjunto del mismo tono incoloro. Podía notar una gorra sobre su cabeza que traía una cruz de color rubí, junto a un símbolo negro en su interior.
Podía saber que se trataba de una mujer joven, pero mi visión estaba tan borrosa como para distinguir su cara.
Ella traía entre sus brazos una tabla de madera junto a un sujetador que agrupaba muchos documentos, además, un lápiz colgaba de la cuerda que esta tenía atada.
—No te alteres, por favor. Te explicaré lo que ocurre, pero antes debes responder.
¿Responder?
Ni siquiera puedo mover los labios.
...
No, espera.
—¿...qué...?
Ya puedo hacerlo, pero aún tenía dificultades para comunicarme.
—Recuperación inmediata del habla, anotado...
Tomó el colgante en la tabla y empezó a escribir sobre el papel con una prisa notoria.
—Ajá... ¿aún no sientes tus brazos? ¿Ni las piernas?
Analizaba mi estado actual; me examinaba.
Sin decirle nada, pudo ver que apenas podía observarla.
—Sin ningún efecto motriz, anotado igual...
Escribía más de lo que hablaba, no intentaba ocultar su interés por mí.
Me pregunto si negarme bastará para romper esos ánimos.
—¿Te... duele algo?
—...Si.
—Veámoslo.
Alzó uno de sus dedos para clavar su uña en mi pierna.
Aunque abriera una herida no podía sentir dolor, ni siquiera la sangre desbordarse por mi rodilla.
—Racionamiento regular. Confusión.
Anotaba todo, incluso mi mentira.
Quisiera saber realmente que escribe en ese papel.
Bum. Bum.
El ritmo desaceleró.
Quizás sus preguntas tengan relación con lo que me estaba pasando.
—Y... Listo. Agradezco tu humilde aporte.
No puedes decir eso, apenas nos conocemos.
Luego de anotar sus observaciones, ella vuelve a juntar los papeles con su pecho como si protegiera información clasificada.
—Es mi turno de echarte una mano, puedo responder algunas dudas, si es que las tienes.
¿Algunas? Tengo muchas.