La Excepción a su Reglas

1. La noche que debía olvidar

El amanecer se filtraba por las cortinas cuando Alessia abrió los ojos y, por un instante, no recordó dónde estaba. Luego lo sintió, el peso de un brazo ajeno sobre su cintura, el aroma a madera y whisky en las sábanas, el latido tranquilo de un hombre dormido a su lado.

Y todo volvió de golpe...

La fiesta de gala. El vestido azul medianoche que le había prestado una compañera. Ella, una invitada de último momento, sosteniendo una copa que no podía pagar en un salón donde nadie la miraba.

Nadie, excepto él.

—Pareces la única persona aquí que quiere irse —le había dicho junto a la terraza, con una media sonrisa.

—Y tú pareces el único que lo notó —respondió ella, sorprendida de su propio atrevimiento.

No le preguntó el apellido, ella tampoco dio el suyo. Él la escuchó hablar de sus sueños truncados, de las cuentas pendientes, de lo cansada que estaba de ser invisible, y la miraba como si cada palabra importara. Por primera vez en años, Alessia se sintió vista, completamente vista.

Después hubo música, una mano tendida, un baile que se alargó más de lo debido y una decisión impulsiva que no se permitió analizar.

—Dime que me detenga —susurró él en el ascensor, a un suspiro de sus labios.

—No quiero que te detengas —admitió ella.

Ahora, a la luz fría de la mañana, la magia de esa noche se le escurría entre los dedos.

Se deslizó fuera de la cama sin hacer ruido. Recogió el vestido del suelo, los zapatos junto a la puerta, el bolso olvidado sobre el sillón. Se vistió con las manos temblorosas, sin atreverse a mirarlo.

Pero al llegar a la puerta, no pudo evitarlo. Volvió la vista.

Dormía con el ceño relajado y el cabello revuelto, un hombre que parecía suave en sueños y peligroso despierto. Alessia apretó los labios. No sabía quién era. No sabía si tenía una vida, una esposa, un imperio. Solo sabía que, si se quedaba, empezaría a creer en algo que la vida nunca le había regalado.

«Fue solo una noche se repitió. Una noche que debo olvidar.»

No dejó una nota. No dejó su número. Solo una almohada aún tibia y el hueco de su ausencia.

Recorrió el pasillo en silencio, con los zapatos en la mano y el corazón desbocado. Cuando el ascensor llegó, entró sin mirar atrás. Mientras las puertas se cerraban, se prometió que jamás volvería a pensar en él.

Qué ingenua era.

Porque semanas después, una prueba con dos líneas rosadas le demostraría que aquella noche no solo no se olvidaría, sino que le cambiaría la vida para siempre.

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Nota de la autora 💌

¡Bienvenidos, queridos lectores! 🥰 Gracias por darle una oportunidad a esta historia. Alessia empieza con un error que no se puede borrar, y les prometo que lo que viene tendrá secretos, mucho drama y un amor que nadie vio venir. 🔥

Si te gustó el primer capítulo, regálame un comentario con tu opinión y tus estrellitas ⭐⭐⭐⭐⭐ que me ayudan muchísimo a seguir escribiendo. 🙏

Ahora cuéntame ¿crees que Alessia hizo bien en irse sin dejar rastro, o se arrepentirá de no haberse quedado? 👀




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