El Tuerca
El Tuerca era el perro del Chiquito, un plomero amigo de Mario que vivía cerca de su taller. La Yaya, nuestra perra, y el Tuerca eran grandes compinches.
El verdadero dilema empezó cuando ella entró en celo por primera vez. El Tuerca se enamoró perdidamente de ella. Para proteger a la Yaya de sus insistentes galanteos, Mario no tuvo mejor idea que dejarla encerrada adentro de su auto.
Pero el Tuerca no se daba por vencido tan fácilmente: se subía de un salto al techo del vehículo y, asomando la cabeza por el parabrisas, miraba desesperado hacia el interior, seguramente preguntándose: «¡¿Pero cómo corno se entra a este huevo?!».
Cuando Mario terminaba su jornada al mediodía o de tardecita y salía con el auto, manejaba bien despacio a propósito durante varias cuadras. El Tuerca, fiel a su amor, lo perseguía al trote con la lengua afuera. Recién después de un buen trecho, Mario aceleraba a fondo y dejaba atrás al pobre bicho, que pegaba la vuelta, resignado, y se sentaba en la puerta del taller a esperar mejor suerte la próxima vez.
Aquel juego diario decía muchísimo acerca del carácter de ambos.