Al día siguiente, tras haber obtenido un 10 rotundo en su proyecto, las tres amigas se sentaron en su banca habitual bajo el árbol, sintiéndose triunfadoras. Alejandra, con una sonrisa radiante, preguntó:
—Oigan, ¿al final qué pasó con el trabajo? ¿La profe qué dijo? ¿Sacamos un 10, un 9, un 8 o qué?
Jessie y Amanda se miraron y soltaron una carcajada de satisfacción.
—¡Sacamos un 10! —anunció Amanda—. La profe quedó encantada con el esquema y el diseño.
Jessie asintió, mirando a Alejandra con una calidez que no pudo contener. Se inclinó un poco más hacia ella, rompiendo la distancia física de forma deliberada:
—Y la verdad, Alejandra, te lo agradecemos mucho a ti. Si no te hubieras unido al equipo, quién sabe si habríamos logrado este resultado —dijo Jessie, dándole un toque suave y prolongado en el brazo a Alejandra mientras le sonreía de forma envolvente, con un brillo en los ojos que rozaba claramente la coquetería.
Amanda, sentada frente a ellas, observaba cada detalle con una precisión casi clínica. Había notado perfectamente cómo la postura de Jessie cambiaba cuando Alejandra estaba cerca, cómo buscaba cualquier pretexto para tocarla. Amanda apretó los labios, conteniéndose. La incomodidad crecía en su pecho, pero decidió esperar. En cuanto Alejandra se levantó para ir al baño, Amanda no pudo más:
—Jessie, dime la verdad. ¿Qué pasó ayer cuando se quitó la blusa? Te la quedaste viendo como si no existiera nadie más. ¿Qué es lo que realmente sientes por ella? ¡Dime de una vez!
Jessie sintió que el aire se le escapaba, pero volvió a disimular:
—¡Ay, Amanda, no inventes! Solo estaba pensando en la profe y en que no nos pusiera cero. ¡No busques cosas donde no las hay!