Mientras esperaban en el pasillo, Amanda le dijo a Jessie: —Oye, Jessie, voy al baño. Espérame aquí, no te muevas. —Está bien, aquí te espero —respondió Jessie. En cuanto Amanda se alejó por el pasillo, Jessie se aseguró de que no la estuviera mirando y regresó con cautela al cuarto. Se acercó a la cama de Alejandra, quien seguía profundamente dormida por el sedante. Jessie, con la voz temblorosa por los nervios, se inclinó ligeramente y confesó en un susurro: —Alejandra, me gustas... pero no quiero que nuestra amiga Amanda se entere. No quiero que tú lo sepas tampoco. Eres muy linda, eres muy preciosa... me encantas. Lo que Jessie no sabía era que Amanda no se había ido al baño; se había quedado oculta tras el marco de la puerta y escuchó cada una de las palabras. Se quedó en completo shock, sintiendo cómo la sorpresa la invadía, y decidió dar un paso atrás y guardar silencio con el alma agitada.
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